Elena Cortés Vicente
Neuróloga Adjunta de la Unidad de Enfermedades Neuromusculares. Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Barcelona
Usted forma parte del comité científico del registro nacional de Miastenia Gravis (MG) dentro del dentro del Registro de Enfermedades Genéticas y de baja prevalencia (GENRARE) de CIBERER. ¿Cuál es la situación actual del registro y cuáles son sus principales objetivos a corto y medio plazo?
EC: El registro nacional de miastenia gravis se fundó en 2010. Fue la profesora Isabel Illa quien lo creó. En aquel momento formaba parte del registro nacional de enfermedades neuromusculares y se trataba de un registro específico de la enfermedad, con variables importantes para su estudio.
En 2019, debido sobre todo a cuestiones de financiación necesarias para poder mantener los datos y seguir utilizando el registro de forma útil, transferimos los datos al registro GENRARE de CIBERER. Esto aporta ventajas: es un proyecto mucho más amplio, un paraguas que agrupa varios registros que utilizan la misma metodología, y que ofrece beneficios importantes a la hora de mantener y continuar utilizando el registro.
En la actualidad, desde que se realizó esta transferencia de datos, estamos actualizando la información de los pacientes que ya estaban incluidos. También estamos incorporando nuevos pacientes con datos recientes, aunque el concepto sigue siendo el mismo. Es un registro cumplimentado por neurólogos, con datos clínicos de altísimo interés para la enfermedad, y que se encuentra en continua actualización. Siempre que aparece información relevante nueva, puede incorporarse al registro. Este trabajo está permitiendo desarrollar numerosos proyectos, que es lo que necesitamos a corto y medio plazo: utilizar todos estos datos para poder realizar investigación clínica.
¿Cómo se asegura la calidad y homogeneidad de los datos en un registro multicéntrico como el de MG? ¿Qué estándares considera clave para que esta información sea útil en análisis clínicos, económicos y comparativos?
EC: El diseño del registro de miastenia gravis fue realizado por neurólogos expertos en enfermedades neuromusculares, destacando las variables que eran fundamentales para el estudio de esta enfermedad desde los puntos de vista demográfico, clínico, electrofisiológico, inmunológico y terapéutico. Son variables cuya recogida se ha intentado que sea sencilla, que quite el menor tiempo posible al neurólogo, pero que, a la vez, contengan la información fundamental que necesitamos para poder realizar una buena investigación clínica.
Son los propios neurólogos quienes rellenan este registro y, por tanto, la calidad de los datos suele ser, en general, muy buena. Además, contamos con ciertas alertas que pueden avisarnos si se introduce algún dato erróneo y disponemos también de personal gestor de datos (data entries) que trabaja revisando y depurando la información, planteando consultas (queries) cuando aparece algún dato incongruente, con el fin de contar con datos de la mejor calidad posible para poder realizar cualquier tipo de análisis.
¿Qué impacto está teniendo el registro en la investigación y en el conocimiento de la MG en España? ¿Podría compartir algunos resultados o hallazgos relevantes obtenidos hasta ahora?
EC: Hasta la fecha, el registro de MG se ha utilizado en cuatro proyectos de investigación. El primero se publicó en 2015, realizado por la doctora Ramos-Fransi, y estudiaba las situaciones de riesgo vital que pueden presentar los pacientes con miastenia gravis: cuáles eran sus causas, cómo evolucionaban y cuál era la respuesta al tratamiento. Fue un artículo publicado en European Journal of Neurology y supuso una primera repercusión y utilización de estos datos.
Más tarde, los datos se utilizaron también para estudiar a los pacientes que presentan una miastenia asociada a timoma, un grupo de pacientes específico. Este proyecto fue liderado por el doctor Rodrigo Álvarez.
Yo he tenido el placer de utilizar también estos datos para estudiar dos grupos de pacientes importantes. Uno son los pacientes refractarios al tratamiento: cómo son, cómo responden y si finalmente logran los resultados (outcomes) clínicos esperados o no.
Y probablemente el estudio que más relevancia ha tenido hasta la fecha es aquel en el que describimos cómo son los pacientes con un debut de miastenia muy tardío. La miastenia siempre se ha considerado una enfermedad de mujeres jóvenes, entre los 20 y los 40 años, pero en las últimas décadas cada vez vemos más pacientes mayores de 65 años. Gracias al registro pudimos observar que presentan características clínicas diferentes y que merece la pena diagnosticar y tratar, porque, en general, suelen evolucionar muy bien.
¿Existen análisis comparativos entre el registro español y otros registros europeos o globales? ¿Qué aprendizajes o sinergias están surgiendo de esa colaboración internacional?
EC: Desafortunadamente, no hay estudios comparativos hasta la fecha, pero sí existen sinergias a nivel, sobre todo, europeo. El año pasado se realizó un workshop del European Neuromuscular Center, que consiste en pequeñas reuniones con expertos de todos los países europeos que, durante un fin de semana, se reúnen para poder estandarizar ciertos aspectos de algunas enfermedades neuromusculares.
El año pasado se celebró uno de estos encuentros con el objetivo de armonizar todas las variables que incluimos en los registros a nivel europeo y poder realizar estudios comparativos entre diferentes países. Es decir, todavía no se ha llevado a cabo este tipo de análisis, pero es una iniciativa que está en marcha y en la que llevamos aproximadamente un año trabajando. Esperamos tener próximamente la oportunidad de realizar este tipo de estudios.
¿Cómo pueden los datos del registro ayudar a estimar el coste real de la enfermedad y el impacto presupuestario de las nuevas terapias?
EC: El registro, como os comentaba, es un registro clínico. Lo que tenemos son datos relevantes desde el punto de vista clínico-asistencial y sirve, sobre todo, para eso: para hacer investigación clínica. Sin embargo, es cierto que contamos con datos importantes sobre el número de visitas que realiza el paciente, el número de ingresos o de hospitalizaciones, las pruebas complementarias que se llevan a cabo y también los tratamientos utilizados, sus dosis, frecuencia y posología. Es decir, podemos disponer de datos estimados de los costes de ciertos grupos de pacientes. Aunque no sea el objetivo fundamental del registro, toda esta información puede estimarse.
Dado el creciente arsenal terapéutico en MG, ¿cómo se puede acelerar la incorporación de datos de pacientes tratados para evaluar su impacto en salud y costes en un corto período de tiempo?
Cuando un nuevo fármaco sale al mercado, es muy importante disponer de estudios observacionales en vida real. No es lo mismo un ensayo clínico que lo que luego vemos en la consulta, y para este tipo de proyectos los registros clínicos son de gran utilidad. Es muy importante introducir los datos, aunque es cierto que esto lo realizan los neurólogos en su tiempo libre y necesitamos un poco de ayuda en este sentido.
En cualquier caso, en enfermedades neuromusculares siempre hemos sido compañeros muy colaborativos y, poco a poco, los datos se van introduciendo para poder llevar a cabo estudios específicos sobre los resultados en vida real y los costes de los nuevos fármacos.
¿Qué pasos considera prioritarios para consolidar el registro y maximizar su impacto científico, clínico y social?
EC: El registro lleva 15 años en funcionamiento y, la verdad, seguimos teniendo muchos pacientes por analizar. Hay más de 30 hospitales en España que participan en la introducción de datos, por lo que creo que es un registro vivo y que todavía tiene mucho que aportar. Es fundamental concienciar de que cualquier profesional puede introducir datos en este registro. No hace falta que sea un hospital muy grande, muy puntero o con muchos pacientes. Todo suma, y lo que buscamos es una representación real de lo que ocurre en España, en cualquier hospital, tenga las características que tenga.
Hay que seguir introduciendo pacientes y, por supuesto, queda muchísimo por analizar. Esta es la segunda parte: todos estos datos no están allí simplemente para coleccionarlos, sino para poder realizar estudios de investigación, publicar resultados y, sobre todo, ayudar a nuestros pacientes a tener una mejor calidad de vida.






















