lunes, junio 22, 2026
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    UN NUEVO IMPULSO GLOBAL PARA LAS ENFERMEDADES RARAS: RARE DISEASES MOONSHOT

    EUROPA

    UN NUEVO IMPULSO GLOBAL PARA LAS ENFERMEDADES RARAS: RARE DISEASES MOONSHOT

    La industria farmacéutica europea participa en una nueva alianza internacional denominada Rare Diseases Moonshot para acelerar la investigación de patologías poco frecuentes.

    La iniciativa agrupa a siete entidades, entre ellas la Federación Europea de la Industria Farmacéutica (Efpia), la Infraestructura Europea de Medicina Traslacional (Eatris), la Red Europea de Infraestructuras de Investigación Clínica (Ecrin), la Confederación Europea de Empresarios Farmacéuticos (Eucope), EuropaBio, la Organización Europea de Enfermedades Raras (Eurordis) y el Critical Path Institute (C-Path).

    El plan busca aunar conocimiento, mejorar la colaboración público-privada y reducir la fragmentación de la investigación en este campo, donde el 95% de las más de 7.000 enfermedades raras aún no tiene tratamiento. La alianza pretende impulsar la investigación traslacional, optimizar ensayos clínicos y desarrollar infraestructuras que aceleren el camino entre diagnóstico y tratamiento para estos pacientes.

    Más información: Farmaindustria.es

     

    BRUSELAS AVANZA HACIA UNA DECLARACIÓN EUROPEA PARA TRANSFORMAR EL ABORDAJE DE LAS ENFERMEDADES RARAS

    EUROPA

    BRUSELAS AVANZA HACIA UNA DECLARACIÓN EUROPEA PARA TRANSFORMAR EL ABORDAJE DE LAS ENFERMEDADES RARAS

    Del 9 al 11 de diciembre de 2025 se celebró en Bruselas HLM Rare 2025, un encuentro de alto nivel que reunió a responsables políticos, líderes de las Redes Europeas de Referencia (ERN), asociaciones de pacientes, investigadores y representantes de la industria.

    El objetivo central del evento fue impulsar los trabajos hacia una Declaración Europea para la innovación y la atención en enfermedades raras y complejas, un marco común para mejorar el diagnóstico, el acceso y la investigación en todo el continente.

    Entre las prioridades destacadas se encuentran:

    • La interoperabilidad de datos clínicos y genómicos.
    • El fortalecimiento operativo de las ERN.
    • La sostenibilidad del acceso a terapias innovadoras.
    • La armonización de rutas asistenciales entre países.

    Este impulso político a nivel europeo se considera un paso decisivo para reducir desigualdades y acelerar el acceso al diagnóstico y tratamiento en las más de 6.000 enfermedades raras identificadas.

    Más información: fhef.org/news/hlm-rare-2025/

    ITVISMA: TERAPIA GÉNICA DE REEMPLAZO AMPLIADA PARA ATROFIA MUSCULAR ESPINAL (AME) RECIENTEMENTE AUTORIZADA POR LA FDA

    INTERNACIONAL

    ITVISMA: TERAPIA GÉNICA DE REEMPLAZO AMPLIADA PARA LA ATROFIA MUSCULAR ESPINAL (AME) RECIENTEMENTE AUTORIZADA POR LA FDA

    La FDA aprobó recientemente Itvisma (onasemnogén abeparvovec), una terapia génica intratecal de Novartis para la AME en pacientes mayores de 2 años, expandiendo el acceso a terapias génicas de reemplazo más allá de Zolgensma (intravenoso) y abriendo nuevas opciones para poblaciones de edad más avanzada, basándose en ensayos que muestran mejoras motoras y deteniendo la progresión de la enfermedad al restaurar la producción de la proteína SMN.Itvisma es una terapia de reemplazo génico que administra una copia funcional del gen SMN1. Se administra mediante una única dosis intratecal (punción lumbar), a diferencia de Zolgensma, que es intravenoso; este método facilita la entrega del tratamiento a las neuronas motoras y, en teoría, tiene menos efectos secundarios que la vía intravenosa.Está indicado para pacientes con AME (atrofia muscular espinal) de 2 años o más, con mutación confirmada en el gen SMN1, lo cual amplía significativamente el rango de edad para las terapias génicas de reemplazo. Actúa restaurando la producción de la proteína SMN, esencial para la función de las neuronas motoras. Detiene la progresión de la enfermedad y mejora la función motora.

    La aprobación se basa en los ensayos clínicos STEER (pacientes nuevos) y STRENGTH (pacientes que ya recibían tratamiento). Mostró mejoras estadísticamente significativas en la función motora y la estabilidad de las capacidades motoras en pacientes de 2 a 18 años.

    Representa un avance crucial, ofreciendo una tercera vía terapéutica (junto con tratamientos modificadores como Spinraza y Evrysdi) para abordar la AME desde diferentes enfoques. Permite estrategias más personalizadas y el acceso a terapias génicas transformadoras para personas que antes no calificaban para ellas.

    En resumen, Itvisma es una innovación importante que extiende los beneficios de la terapia génica a una población más amplia de pacientes con AME, ofreciendo una única dosis con entrega dirigida a las neuronas motoras.

    Más información: Fundame.net

     

    DESARROLLAN LA PRIMERA INTELIGENCIA ARTIFICIAL CAPAZ DE DIAGNOSTICAR ENFERMEDADES ULTRA-RARAS SIN NECESIDAD DE INFORMACIÓN FAMILIAR

    INTERNACIONAL

    DESARROLLAN LA PRIMERA INTELIGENCIA ARTIFICIAL CAPAZ DE DIAGNOSTICAR ENFERMEDADES ULTRA-RARAS SIN NECESIDAD DE INFORMACIÓN FAMILIAR

    Científicos españoles y estadounidenses han desarrollado en colaboración popEVE, un modelo computacional basado en todo el proteoma humano, capaz de predecir el impacto funcional de variantes genéticas en enfermedades humanas.

    Este enfoque pionero permite interpretar de manera más precisa cómo las alteraciones en la secuencia de proteínas pueden contribuir a la patogénesis de múltiples trastornos, especialmente en el contexto de enfermedades raras y ultra raras, donde la ausencia de grandes cohortes familiares ha limitado históricamente la identificación de genes causales.

    Al mapear las variantes genéticas a cambios concretos en la estructura y función de las proteínas, popEVE mejora la precisión diagnóstica, facilita la detección de nuevos genes implicados en enfermedad y abre nuevas vías para el desarrollo de terapias personalizadas.

    Más información en: Nature Articles

    Juan Fernando Muñoz Montalvo – INNOVACIÓN Y SALUD DIGITAL

    JUAN FERNANDO MUÑOZ MONTALVO
    Secretario General de Salud Digital, Información e Innovación del Sistema Nacional de Salud


    ¿En qué punto está el Espacio Nacional de Datos de Salud (ENDS) y cómo se está desplegando en España?

    JFM: El ENDS avanza como una plataforma con capacidades de almacenamiento y procesamiento seguro de datos para uso secundario en este momento centrado en los datos del SNS. A cierre de 2025, el proyecto ha desarrollado tres líneas claras: i) adquisición de infraestructura y conectividad con las CCAA, que se lleva a cabo con la Secretaría de Estado de digitalización e inteligencia artificial, ii) preparación de datos y calidad de los mismos, desarrollada en el marco del CISNS con las Consejerías de Sanidad, y iii) casos de uso dos en marcha (antimicrobianos y descompensación en EPOC) y 14 más en diferentes fases de desarrollo, todo ello coordinado desde la oficina del dato sanitario y con el apoyo de la DG de Salud Digital del Ministerio de Sanidad.

    Se ha realizado el reparto de inversiones (28M€ a las CCAA) y el seguimiento de proyectos autonómicos (conectividad, normalización, trazabilidad del dato) y se ha ampliado el plazo del hito asociado en el PRTR hasta junio de 2026 para consolidar integraciones. Todo ello alineado con el Reglamento europeo del EHDS ya publicado desde marzo de 2025.

    En la Estrategia de Salud Digital el ENDS es uno de los pilares, con objetivos de interoperabilidad, calidad y analítica avanzada (IA/ML/PLN), y prevé una arquitectura federada: espacios segmentados por CCAA, con un nodo central preparado para interoperar con HealthData@EU (uso secundario) y un entorno de procesamiento seguro.

    ¿Qué puede aportar el ENDS a la investigación, el diagnóstico y la atención en enfermedades raras?

    JFM: Las enfermedades raras plantean un reto adicional en cuanto a la dispersión y escasez de información, que se traduce en dificultades para los enfermos y sus familias; el ENDS permitirá consolidar y analizar datos clínicos, genómicos, de imagen y trayectoria asistencial en un entorno controlado para:

    • Mejor diagnóstico y tiempos de sospecha mediante patrones y modelos predictivos (IA), especialmente cuando la casuística local es baja.
    • Investigación multicéntrica con datos anonimizados/pseudonimizados y trazables, compatibles con el EHDS (conexión con HealthData@EU), y con las ERN europeas—redes virtuales que concentran la experiencia y usan el CPMS para revisión de casos.
    • Mejor continuidad asistencial al alimentar iniciativas como Red ÚNICAS (“que viajen los datos, no los niños”), que ya estandariza intercambio FHIR y federación de nodos autonómicos.

    Interoperabilidad y gobernanza ética: ¿qué mecanismos se están estableciendo?

    JFM: España articula la interoperabilidad sobre estándares abiertos (HL7/FHIR, terminologías SNOMED, LOINC, ORPHA, CIE, etc.) y un Servidor de Terminologías del SNS que sincroniza recursos entre CCAA. En 2025 se registró un uso efectivo por la mayoría de las comunidades, con nuevas incorporaciones para genómica (HPO, MONDO) y vigilancia.

    En gobernanza y ética de datos:

    • Marco legal: RGPD, LOPDGDD y Ley 41/2002; la Estrategia contempla anonimización/seudonimización, trazabilidad, auditoría, Oficina técnica del dato y evaluación continua.
    • EHDS: establece las autoridades nacionales de salud digital y obliga a que los sistemas de historia clínica cumplan especificaciones europeas, habilitando el uso secundario con garantías en entornos seguros y sin descarga de datos.
    • Ciberseguridad del SNS: estrategia específica para el SNS (2024–2026) aprobada por el CISNS y alineada con el CCN y Europa Digital, con 8 objetivos y 12 ejes (gestión de crisis, cadena de suministro, capacitación, etc.).

    La futura ley de salud digital, cuya consulta pública previa tuvo lugar del 22 de septiembre al 20 de octubre de 2025, incluye la perspectiva ética en el uso de los datos y en la aplicación de las tecnologías digitales a la asistencia sanitaria.

    ¿Cómo se coordina Red ÚNICAS con la estrategia nacional de datos? ¿Qué sinergias futuras?

    JFM: ÚNICAS es una red nacional de cooperación en enfermedades raras (inicialmente pediátricas) basada en HL7 FHIR R5, con arquitectura federada de nodo central + nodos autonómicos y módulos de profesional y paciente (ÚNICAS 360 y Canal ÚNICAS). No almacena datos asistenciales en el nodo central; indexa y orquesta búsquedas y comunicaciones, integrándose con los sistemas de asistenciales autonómicos.

    En los nuevos programas aprobados por el CISNS para 2024–2029, se incluye ÚNICAS+, un programa que busca ampliar a nuevas patologías y grupos etarios, integrar IA y analítica avanzada, incorporar imagen y genómica, y conectar con uso secundario (ENDS) para investigación y evaluación. Varios nodos autonómicos están adjudicados y en despliegue; la fase de integración hospitalaria se extiende hasta junio 2026.

    La coordinación con CSUR y con las ERN europeas potenciará la capacidad de hacer derivaciones, teleinterconsultas y revisión de casos complejos sin desplazamiento, mejorando la equidad territorial, acelerando y facilitando el diagnóstico y apoyando a las familias en su día a día.

    ¿Cómo contribuirá el Big Data a la evaluación económica de tratamientos y tecnologías, sobre todo en patologías minoritarias?

    JFM: El Big Data permitirá pasar de ensayos y series pequeñas a evidencia en vida real (RWD/RWE) con cohortes multicéntricas:

    • Resultados en salud y costes: vincular uso de recursos (farmacia, estancia, pruebas) con desenlaces (calidad de vida, eventos, supervivencia), mejorando los Análisis de coste utilidad y de coste efectividad, así como los análisis multicriterio.
    • Modelos predictivos y estratificación: anticipar descompensaciones y optimizar itinerarios, reduciendo pruebas redundantes y tiempos diagnósticos. (El ENDS ya pilota el caso de EPOC y antibióticos).
    • Integración con EHDS y ERN: armonización europea para usos secundarios, guías, registros y diseños de ensayos adaptados a poblaciones muy pequeñas.

    Competencias digitales y sostenibilidad: ¿qué impulsa el Ministerio?

    JFM: El Ministerio articula una Estrategia de Salud Digital (2021–2026) con seis planes y financiación que incluyen:

    • Plan de Servicios Digitales del SNS (interoperabilidad HCDSNS/receta, TSI/TSV (tarjeta sanitaria interoperable y virtual), MyHealth@EU).
    • Plan de Transformación Digital de Atención Primaria (230 M€), con telemonitorización, soporte a decisión clínica, canal del ciudadano y formación.
    • Plan de Sostenibilidad y Analítica (220 M€) y genómica SiGenES para integrar información de variantes y comités expertos.

    Todos ellos incorporan nuevos sistemas y tecnologías digitales que exigen que las CCAA diseñen itinerarios formativos de carácter permanente para sus profesionales sanitarios. El ministerio de Sanidad trabaja en plataformas que faciliten la compartición de esas actividades y mejores su difusión entre los propios profesionales. Además, la nueva Estrategia de IA para el SNS (IASNS) crea un modelo de gobernanza federado, Marketplace de algoritmos con Sello SNS, compra centralizada y contempla de manera expresa itinerarios de capacitación para profesionales (incluida orientación sobre IA generativa), con pilotos ya realizados (agentes de transcripción, cribado imagen, triaje).

    Visión a medio plazo: ecosistema plenamente interoperable en España y Europa; impacto en medicina personalizada y equidad en raras

    A 2027–2029, el calendario europeo prevé la implementación de:

    • MyHealth@EU (uso primario) maduro para acceso transfronterizo a historia, receta, informes de laboratorio e imagen.
    • HealthData@EU (uso secundario) operativo con autoridades de acceso nacionales, espacios seguros, datos (seudo)anonimizados y no descarga, permitiendo investigación, evaluación de tecnologías y entrenamiento de algoritmos.

    En España, con HCDSNS + TSI/TSV + RIIMSNS (red de imagen), ÚNICAS+, SiGenES y ENDS integrados, veremos:

    • Medicina personalizada: integración clínica–genómica–imagen–entorno con soporte avanzado de IA y guías computables.
    • Equidad territorial: pacientes de enfermedades raras accediendo a experiencia nacional y europea (CSUR + ERN) sin desplazamientos, gracias a teleinterconsultas y casos virtuales (CPMS Sistema europeo de gestión clínica de pacientes).
    • Innovación responsable: evaluación continua, seguridad, ciberresiliencia y participación de pacientes, reduciendo brecha digital y mejorando tiempos de diagnóstico y acceso a terapias.

    Referencias utilizadas

     

    José Portolés – Hacia una nefrología de precisión: retos y oportunidades del Big Data

    José Portolés
    Jefe de Nefrología del Hospital Puerta de Hierro. Miembro del grupo BIGSEN de la Sociedad Española de Nefrología


    Desde su experiencia en el grupo BIGSEN, ¿cómo cree que el uso de Big Data está transformando la investigación y la práctica clínica en las enfermedades renales minoritarias?
    JP: La está transformando radicalmente. Debemos tener en cuenta que la enfermedad minoritaria antes se denominaba enfermedad rara. Ahora se denomina minoritaria y se define por tener menos de 5 casos por cada 10.000 habitantes. Son enfermedades que comparten un origen genético y, en más del 80 % de los casos, presentan un curso crónico grave, un diagnóstico complejo y un tratamiento difícil.
    En nefrología tenemos muchas enfermedades que entran en esta categoría, desde las propiamente hereditarias, como determinadas tubulopatías, la enfermedad de Fabry o las magnesemias hereditarias, hasta otras patologías en las que lo que se hereda es una predisposición genética y se necesita un desencadenante para activar la enfermedad, como ocurre en las glomerulopatías o el síndrome hemolítico urémico.
    La Sociedad Española de Nefrología (SEN) cuenta con varios grupos de trabajo que interactúan en este ámbito. Tenemos BIGSEN, el grupo al que yo pertenezco, que es un grupo transversal que intenta apoyar a los demás en el desarrollo del análisis masivo de datos. Contamos también con el grupo de enfermedades hereditarias, que trabaja en asociación con instituciones europeas, y con la parte clínica, que es GLOSEN. En este grupo se incluyen todas estas enfermedades que, por estadística, son minoritarias y presentan un componente genético predisponente, como las glomerulonefritis. Disponemos asimismo de registros de enfermedades renales minoritarias, como el síndrome de Alport o el de poliquistosis hepatorenal. La SEN, en general, aporta un importante trabajo cooperativo basado en la integración y el análisis de datos.
    Lo que permite el Big Data es reunir en un único espacio la información procedente de muchos centros. Es imposible que un solo centro adquiera el conocimiento, la investigación y el desarrollo suficientes sobre enfermedades tan poco frecuentes. Al reunir todos estos datos en grandes data lakes, se facilita una integración que, junto con la inteligencia artificial, permite detectar patrones ocultos, predecir respuestas o identificar posibles tratamientos. En suma, se trata de reducir el tiempo necesario para llegar al diagnóstico y al tratamiento adecuados para cada paciente.
    La Red Únicas y otros espacios federados de datos proponen compartir información entre centros para generar conocimiento colaborativo. ¿Qué oportunidades y desafíos identifica en su aplicación en Nefrología y, en concreto, en las enfermedades raras renales?
    JP: Hay muchas oportunidades y desafíos por igual. La primera oportunidad, como hemos comentado, es compartir los datos entre hospitales para aumentar el conocimiento y el tamaño muestral sobre el que trabajar. Esto facilita el diagnóstico, porque se dispondrá de muchos más elementos de comparación. Cada vez que una enfermedad minoritaria se incorpora a este lago de datos, es más fácil encontrar a qué se parece, ya que contamos con mucha más información. Además, permite generar modelos predictivos más robustos.
    En cuanto a los desafíos, a lo largo de la entrevista hablaremos de la dificultad de la interoperabilidad de estos sistemas. Otro gran desafío es la protección de los datos sensibles.
    Me gustaría mencionar algunas iniciativas que ya están funcionando, especialmente para quienes nos escuchan y puedan ser pacientes con enfermedades minoritarias o familiares. Hay proyectos encabezados por el Centro de Regulación Genómica de Barcelona, que trabaja con la Harvard Medical School, orientados a interpretar mutaciones responsables de enfermedades raras, como el proyecto popEVE. Este proyecto ha reunido datos de 31.000 familias de pacientes con enfermedades graves y ha sido capaz de identificar 123 nuevos genes patogénicos.
    También existe un proyecto muy interesante del Centro de Supercomputación de Barcelona, orientado a integrar datos genéticos, clínicos y experimentales. Y, a nivel europeo, está el proyecto ERDERA, dotado con 380 millones de financiación para los próximos diez años. Su objetivo es desarrollar inteligencia artificial basada en macrodatos para aplicar medicina de precisión en terapias avanzadas. En él participan 37 países, incluido España, y varios centros de referencia nacionales.
    Asimismo, contamos con el Espacio Europeo de Datos en Salud, que funciona bajo unas reglas de colaboración muy estrictas basadas en los principios FAIR data, que garantizan la interoperabilidad para la investigación. Y disponemos de dos redes europeas, ERKNet y ERKReg, que son registros europeos de enfermedades raras.
    Todos estos data lakes, que se están creando a nivel de distintas comunidades autónomas españolas, luego a nivel del Ministerio y finalmente a nivel europeo, están trabajando para integrarse entre sí, crecer y compartir información. Esto, por supuesto, genera retos científicos, técnicos y éticos.
    Unos de los retos del Big Data sanitario es garantizar la calidad, interoperabilidad y protección de los datos. ¿Qué estrategias considera prioritarias para asegurar que los datos generados en los hospitales puedan integrarse de forma útil?
    JP: Tenemos varios retos. Existen retos técnicos de calidad, de interoperabilidad y de protección de datos, y también retos éticos relacionados con la seguridad y la propiedad de esos datos. Los pacientes cuyos datos compartimos deben estar informados de esta integración. En general, suelen colaborar: cuando a un paciente con una enfermedad minoritaria, o incluso a un paciente renal con cualquier enfermedad, se le solicita el consentimiento informado para este tipo de estudios, lo concede en la práctica totalidad de los casos. Pero es un paso que debe cumplirse siempre.
    Hay que garantizar la seguridad de esos datos, asegurarse de que no salgan de la red que los custodia y dejar bien establecido quién es el propietario y quién el responsable de su custodia. Otro reto ético importante es evitar los sesgos poblacionales. En general, los lugares con menor desarrollo económico y sanitario estarán infrarrepresentados, y debemos trabajar, especialmente en el ámbito europeo, que es donde se desarrolla todo esto, para garantizar la equidad en el acceso. No puede ser que vivir en una u otra región de España determine tener más o menos acceso.
    El tercer reto importante es la formación de los profesionales. No solo quienes trabajan directamente con estas herramientas y plataformas, sino todos los profesionales de la red sanitaria pública deben recibir periódicamente información sobre qué pueden esperar de estos sistemas interconectados. Interoperabilidad es una palabra que a todos se nos atraganta, pero significa simplemente intercambio de datos en un lenguaje que las máquinas puedan entender.
    Cuando hablamos de Big Data, hablamos de las cinco “V”: la primera V es el volumen; la segunda, la velocidad de computación; la tercera, la variedad en la procedencia de los datos; la cuarta, la veracidad, es decir, que sean datos contrastados y fiables; y la quinta es el valor, porque deben ser datos relevantes. Hoy en día todos llevamos relojes inteligentes que recogen multitud de datos, cámaras, analizadores de laboratorio… miles de fuentes. Pero lo importante es que los datos aporten valor para mejorar la asistencia.
    Si la pregunta es cómo garantizar la interoperabilidad de los sistemas. Esto se basa fundamentalmente en tres pilares: estándares comunes de comunicación, anonimización y cifrado de datos. El estándar más conocido desde hace años es HL7, que permite la comunicación entre distintos lenguajes y fuentes de datos para que se entiendan entre sí. Para texto libre, por ejemplo, tenemos el sistema de codificación SNOMED. Necesitamos estos estándares comunes de identificación; necesitamos anonimizar los datos para poder trabajar de forma segura; y necesitamos cifrarlos, manteniendo la posibilidad de reidentificarlos cuando sea imprescindible realizar una intervención. Todo ello debe estar sometido a estrictas auditorías de calidad para garantizar la seguridad de estos data lakes, que siempre deben operar bajo el marco regulatorio de redes públicas o consorcios público-privados que aseguren la protección del dato. Y deben depurarse periódicamente para garantizar su calidad.
    Como siempre, me gusta poner ejemplos de lo que ya está en marcha. Tenemos un espacio nacional de datos interoperable con el espacio europeo, que funciona en fase piloto desde 2023 y aspira a disponer de la información clave de todos nosotros, usuarios de la sanidad pública, para dos fines: permitirnos ser atendidos en cualquier lugar de la Unión Europea con información básica compartida; y posibilitar la investigación y la detección de enfermedades poco frecuentes en el futuro. También existe un Registro Estatal de Enfermedades Minoritarias, gestionado por el Instituto de Salud Carlos III, y una red específica de patologías pediátricas llamada Red Únicas.
    Por último, quiero mencionar la Red Europea de Enfermedades Raras, que utiliza la terminología inglesa y donde se habla de rare diseases. Es la ERKNet, una red que incluye a muchos países, y en la que España participa a través de los centros CSUR. Un CSUR es un centro público de referencia nacional que, por sus características, ha obtenido esta acreditación y debe ser el lugar de derivación para estas enfermedades poco frecuentes. Podemos mencionar, por ejemplo, el Hospital 12 de Octubre, el Hospital La Paz, el Clínic de Barcelona, Sant Joan de Déu o la Fundación Puigvert. Todos ellos cuentan con un CSUR, es decir, un centro de referencia unificado a nivel nacional.
    En definitiva, hablamos de espacios de datos compartidos que presentan un reto técnico de gestión de grandes volúmenes de información, un reto ético y de seguridad que debe resolverse, y un reto de interoperabilidad, es decir, de comunicación entre sistemas, imprescindible para que todo este esfuerzo resulte realmente útil.
    ¿De qué manera las herramientas de análisis de grandes volúmenes de datos pueden contribuir a mejorar las evaluaciones económicas de los tratamientos en enfermedades raras, especialmente en patologías renales con baja prevalencia?
    JP: Cuando hablamos de economía en salud, a algunos nos cuesta porque parece que la salud de nuestros pacientes merecería cualquier esfuerzo sin tener en cuenta el coste. Sin embargo, el sistema sanitario público debe sostenerse sobre la eficiencia. Hay grandes avances, pero es necesario ser muy precisos a la hora de decidir a quién se le administra una determinada terapia avanzada, y la sostenibilidad del sistema depende de ello. No es malo hablar de economía en salud, al contrario: es necesario. Y aquí el Big Data puede ayudar mucho. Cuando hablamos de Big Data, estamos combinando, por un lado, los grandes data lakes que reúnen datos procedentes de múltiples fuentes y, por otro, tecnologías de análisis muy rápido basadas en inteligencia artificial.
    En economía de la salud debemos considerar tres elementos básicos: evaluación, eficiencia e investigación. En cuanto a evaluación, el Big Data nos permite construir modelos para estimar los costes reales y realizar análisis de coste-efectividad de estas nuevas terapias, especialmente las dirigidas a personas con enfermedades minoritarias. Podemos hacer modelos que simulen el impacto presupuestario de una nueva medida terapéutica a partir de datos reales. Cuando evaluamos un tratamiento, si queremos hacerlo bien, debemos analizar muchos elementos secundarios. No se trata solo de cuánto cuesta un nuevo fármaco o una nueva terapia y cuánto invertimos en ellos, sino de cuánto estamos ganando en años de vida, en calidad de vida, en ingresos hospitalarios evitados, en desplazamientos no realizados, en jornadas laborales recuperadas. Toda esta evaluación compleja requiere integrar datos de múltiples fuentes, y aquí el Big Data es fundamental.
    Respecto a la eficiencia del sistema, si somos capaces de utilizar el Big Data para llegar antes a un diagnóstico de una enfermedad minoritaria mediante estos data lakes y herramientas de comparación, podremos reducir pruebas innecesarias o tratamientos costosos.
    La tercera pata, donde el Big Data puede ayudar en farmacoeconomía, es la investigación. Hoy en día se puede realizar, junto con la investigación clínica convencional, una investigación basada en los datos ya disponibles. Si tengo cientos de miles de pacientes en un lago de datos, con información sobre qué les ha sucedido y qué tratamientos han recibido, puedo realizar investigación simulada: puedo buscar gemelos digitales, es decir, pacientes que se parezcan al caso clínico que estoy analizando, y observar su evolución. Por comparación, puedo identificar cuáles podrían ser los mejores tratamientos para un paciente concreto. Además, el Big Data y la inteligencia artificial nos ayudan a investigar en dos campos fundamentales: el diseño de nuevos compuestos y la simulación de proteínas y procesos genéticos. Podemos poner a las máquinas a trabajar para buscar secuencias químicas con potencial valor terapéutico.
    En definitiva, se trata de utilizar toda esta información para lograr un sistema más coste-eficiente y, por tanto, más sostenible. Es importante entender que lo que buscamos no es ahorrar dinero, sino garantizar la sostenibilidad del sistema, basándonos en el análisis que permite el Big Data. El reto ético aquí es evitar que los algoritmos acaben priorizando criterios exclusivamente económicos y comprometan el acceso equitativo a terapias innovadoras. Por ello, siempre que estos análisis estén tutelados por instituciones científicas, como sociedades médicas o los sistemas nacionales de salud, tendremos una garantía sólida de que las cosas van por el buen camino.
    ¿Hasta qué punto cree que la inteligencia artificial y los modelos predictivos basados en Big Data pueden ayudar a anticipar la progresión o complicaciones en pacientes con enfermedades renales raras?

    JP: Nos pueden ayudar mucho. Hablemos de forma conceptual. ¿Qué estamos haciendo con la inteligencia artificial y con el Big Data? Estamos introduciendo una cantidad enorme de información sobre cosas que ya han ocurrido: datos de muchos países, de muchos escenarios y de múltiples situaciones clínicas. Cuando tengo un paciente con una enfermedad muy poco frecuente, mi problema como médico en la práctica diaria es que no dispongo de suficiente experiencia para comparar ese caso con otros similares. Sin embargo, gracias a esos data lakes que ya hemos mencionado, respaldados por sistemas sanitarios públicos y por regulaciones europeas, y potenciados por una capacidad de análisis extraordinaria, puedo tomar a mi paciente y compararlo con otros pacientes similares. En mi experiencia cotidiana, en los últimos cinco años quizá no haya visto suficientes casos que se parezcan; pero en una fuente que acumula información de muchos países y miles de pacientes, sí voy a encontrar un número mucho mayor de casos comparables. Esto nos permite prever cómo puede evolucionar nuestro paciente en función de cómo han evolucionado pacientes parecidos. El objetivo es anticiparnos a la progresión de la enfermedad y evitar complicaciones.
    Aunque no es exactamente una enfermedad minoritaria, me gustaría comentar dos ejemplos. El primero procede del ámbito del trasplante renal. Existe una herramienta de inteligencia artificial ya registrada como herramienta terapéutica, aunque no sea un fármaco, llamada iBox. iBox es una herramienta desarrollada durante muchos años en Francia, que integra datos genéticos, datos de biopsias, datos clínicos y datos de evolución del paciente. Cuando tengo un paciente problema, lo enfrento a esa “caja” de inteligencia artificial y el sistema busca, por comparación, a qué situaciones previas se parece. Me ayuda a identificar qué le está ocurriendo realmente al paciente y cuál es el mejor manejo posible. Pensemos que en trasplante renal el reto es lograr una inmunosupresión equilibrada: suficiente para evitar el rechazo, pero sin excedernos, porque ello incrementaría el riesgo de infecciones o tumores. Ese equilibrio delicado, anticipar un rechazo o identificar sus fases iniciales sin recurrir a una dosis excesiva de inmunosupresión, es precisamente lo que permite afinar iBox. En España ya se está trabajando con biopsias de protocolo programadas, datos genéticos, datos del donante y del receptor, y el historial clínico completo del paciente. Toda esa información se integra en el sistema, que, a partir de decenas de miles de casos comparables, predice con un grado de acierto notable qué es lo que puede suceder.
    El segundo ejemplo procede del propio grupo BIGSEN, donde se están desarrollando algoritmos para identificar qué pacientes con enfermedad renal crónica van a progresar más con rapidez, especialmente en aquellos que disponen de datos genéticos.
    En definitiva, la inteligencia artificial, gracias a su enorme volumen de información y a su capacidad de análisis, nos permite predecir qué puede ocurrirle a un paciente en función de lo que ya les ha ocurrido a muchos otros pacientes muy similares.

    La construcción de ecosistemas de datos requiere la implicación de clínicos, economistas, informáticos y gestores. ¿Cómo se está abordando esta colaboración en el ámbito nefrológico y qué papel deberían jugar las sociedades científicas?

    JP: Esto solo se concibe como un esfuerzo multidisciplinar. No se trata de un nefrólogo con curiosidad por la genética o de un genetista al que le gusta la informática y programa: se trata de equipos multidisciplinares con clínicos, genetistas, investigadores e ingenieros de datos. Desde hace algunos años existen titulaciones específicas en bioinformática, profesionales cuyo objetivo es precisamente unir estas dos disciplinas, la informática y el análisis de datos, con conocimientos básicos de biología y clínica. Por tanto, este trabajo solo puede entenderse como un esfuerzo multidisciplinar.
    El papel de las sociedades científicas es fundamental. Son garantes e integradoras del trabajo. Existen convocatorias específicas de investigación y financiación de instituciones como el Instituto de Salud Carlos III, que lidera la investigación sanitaria pública en este país. Hay convocatorias especializadas en medicina personalizada y en transformación digital, y las propias sociedades científicas también cuentan con fuentes de financiación, aunque más modestas. Pero su papel como garantes e integradoras del trabajo es clave.
    Aquí me gustaría ampliar un poco el foco más allá de las enfermedades minoritarias hacia algo que afecta a toda la población. Hay dos grandes retos hoy en día. Uno es estudiar las enfermedades minoritarias poco conocidas siguiendo un enfoque “de abajo arriba”: llega un caso de un paciente con una enfermedad que no se parece a nada, que tiene un componente genético y que debemos investigar para identificar qué hay detrás y cómo tratarlo. Todo lo que estamos comentando sobre Big Data nos ayuda a buscar casos similares.
    Pero hay un abordaje global aún más relevante. No sé si sabe que, entre los pacientes que inician hemodiálisis en este país cada año, aproximadamente un 20 % tiene una enfermedad renal crónica no filiada. ¿Por qué? Porque llegan al diagnóstico en fases finales, cuando ya no es posible identificar qué ha dañado sus riñones. En ese 20 % de pacientes, se estima que hasta un 30 % tiene un componente genético. Uno de los grandes retos que se han marcado las sociedades científicas hoy es utilizar el Big Data y la inteligencia artificial para reducir esa incertidumbre. Se trata de identificar a estos pacientes que han llegado a diálisis sin diagnóstico, muchas veces porque su enfermedad ha sido silente, con pocas manifestaciones clínicas, para tratarlos de forma más adecuada.
    La Sociedad Europea de Nefrología ha publicado recientemente una iniciativa cuyo objetivo es reducir el número de pacientes con enfermedad renal crónica no filiada. Lo que están haciendo es crear un espacio compartido de datos con un informe estándar en el que se registra toda la información renal disponible en el momento en que un paciente accede al nefrólogo: la biopsia, si existe, aunque a veces no aporta información porque llega tarde y solo muestra cambios avanzados; el estudio genético, si se ha realizado; y todos los datos de laboratorio asociados. Este caso se incorpora a un conjunto de casos no definidos, que se revisan periódicamente para evaluar si los nuevos avances permiten asignar un diagnóstico más preciso.
    Algunos pacientes con enfermedades minoritarias, como el síndrome hemolítico urémico, pueden haber pasado desapercibidos o haber sido mal clasificados como otra patología que terminó destruyendo el riñón y llevando al paciente a diálisis. Si no sabemos que ese paciente padece un síndrome hemolítico urémico, estará en grave riesgo de perder un trasplante renal. No voy a poder recuperar su riñón, pero sí podré trasplantarlo con mayor seguridad si lo identifico correctamente.
    En otras patologías, como la enfermedad de Fabry, las alteraciones enzimáticas comienzan en fases muy precoces, incluso en la infancia, y pueden pasar inadvertidas, provocando después una progresión renal y cardiovascular acelerada. El paciente llega a diálisis sin diagnóstico. No podremos sacarlo de diálisis, pero sí podremos proteger su corazón y evitar que fallezca por un problema cardiovascular.
    En España están trabajando en esta línea el grupo BIGSEN, el grupo de enfermedades hereditarias y el grupo europeo. Y quiero destacar que, actualmente, la Sociedad Europea de Enfermedad Renal (ERA, por sus siglas en inglés, European Renal Association) está presidida por una española, la doctora Roser, experta en enfermedades hereditarias. Es la primera mujer en ocupar el cargo, y lo más relevante: es una especialista española que lideró el grupo de nefropatías hereditarias de la SEN. Por tanto, creo que vienen buenos tiempos para avanzar simultáneamente en dos líneas: reducir la incertidumbre diagnóstica en los pacientes renales no filiados y desarrollar el conocimiento y la colaboración en las enfermedades minoritarias. Estoy seguro de que ella, como presidenta, impulsará durante su mandato estas líneas de investigación.

    Finalmente, ¿qué pasos considera esenciales para consolidar el uso de Big Data en la investigación y evaluación económica de las enfermedades renales raras en España, garantizando su sostenibilidad a largo plazo?

    JP: Lo primero es la infraestructura. Hay que consolidar redes, y esto ya está avanzando y es una realidad hoy en día. Es necesario fortalecer redes de investigación como la que hemos mencionado en pediatría, la Red Únicas, o conectar los registros nacionales con los registros europeos para crear plataformas de repositorios federados que operen entre sí.
    En segundo lugar, la financiación. Hay que invertir dinero, y hay que hacerlo con visión, con proyección a muchos años, sabiendo que la inversión que realizamos ahora la recuperaremos en forma de reducción de enfermedad, mejora de calidad de vida, incremento de supervivencia y, en última instancia, en un sistema más coste-eficiente y sostenible. La financiación tiene múltiples vías, pero es esencial que la sanidad pública disponga de modelos de continuidad que garanticen la sostenibilidad en el tiempo.
    El tercer paso es la gobernanza ética. Hay que regular todo este proceso. Pensemos que estamos hablando de integrar y analizar todos los datos en conjunto, algo que puede generar recelos sobre la pérdida de libertad o el uso indebido de la información. Lo que hay que hacer no es dejar de compartir datos, sino compartirlos bajo una regulación adecuada y con una gobernanza ética sólida: marcos claros sobre el consentimiento del paciente, la posibilidad de retirar ese consentimiento, límites para el uso secundario de los datos y revisión constante de los algoritmos que los manejan. En este punto, Europa es mucho más reguladora que Estados Unidos o China. Esto nos hace avanzar más despacio, pero también de forma más segura. En las manos equivocadas, los datos de salud pueden ser peligrosos para la población. Imagine que la empresa a la que pido una hipoteca o un seguro conoce que tengo una alteración genética que acortará mi vida: podría elevarme los intereses o directamente negarme el seguro. Por eso son necesarios infraestructura sólida, financiación estable, gobernanza ética y liderazgo intelectual de los mejores. Ahí es donde entran los centros de referencia en España, los CSUR, y, a nivel europeo, las redes de referencia.
    Todo esto describe cómo funciona la maquinaria. Hay que considerar además a quienes van a utilizarla: los profesionales. Cualquier médico, no solo quienes trabajan en centros altamente tecnológicos, necesita formación continua y herramientas sencillas que le permitan saber cómo actuar con un paciente complejo. Lo comentábamos antes: las enfermedades minoritarias contactan muchas veces con atención primaria o con especialistas en hospitales no de referencia. Es difícil que un profesional pueda resolver solo situaciones tan complejas. Debe saber a qué recursos recurrir, qué centros CSUR pueden atender al paciente, cuándo pedir una segunda opinión y qué opciones puede ofrecer.
    Y el último elemento, fundamental, es la participación del paciente. Todo esto se hace por el paciente; todos acabaremos siendo pacientes en algún momento. Yo mismo ya he estado al otro lado. La participación del paciente da sentido a toda esta estrategia y es imprescindible incorporar a las asociaciones de pacientes de enfermedades minoritarias o renales, muy potentes en España, a la toma de decisiones y a la revisión de la gobernanza, para garantizar transparencia y confianza.
    En resumen, los pilares esenciales son: infraestructura, financiación estable, gobernanza ética, formación continuada para todos los sanitarios y participación del paciente.
    Sin estos pilares, la innovación tecnológica no se traducirá en mejoras reales para los pacientes.
    Es un tema apasionante, con muchas facetas. Podríamos hablar horas de esto. Pero debemos tener claro mi mensaje final: el ser humano se enfrenta a una nueva revolución tecnológica, que es el Big Data y la inteligencia artificial. Tenemos que tomar las riendas para mejorar nuestro sistema sanitario y dar más oportunidades a nuestros pacientes. No hay marcha atrás: no podemos caer en el “terraplanismo” tecnológico. Debemos guiar esta evolución para que sea provechosa, ética y segura.

    Javier Turumbay – La orquesta de la medicina personalizada: armonizando tecnología y salud

    Javier Turumbay
    Sociedad española de informática de la salud (SEIS)


    Desde la SEIS se promueve la digitalización del sistema sanitario español. ¿Cómo valora el papel actual de la informática de la salud en el impulso de los espacios de datos y la investigación en enfermedades raras?

    JT: El papel actual de la informática de la salud y de las TIC es estratégico y es, además, paradigmático del principio de que las tecnologías son el sustrato de lo que hemos venido llamando la transformación digital. De hecho, se dice que la transformación sanitaria o será digital o no lo será. Es importante citar, en todo lo relacionado con enfermedades raras, el punto de inflexión que supuso la llegada de fondos europeos después de la pandemia. Ha llegado mucha financiación, con muchos proyectos y, sobre todo, el principal: se ha establecido con el Ministerio de Sanidad y con las comunidades autónomas un nuevo modelo de gobernanza que va demostrando sus éxitos.

    Estos proyectos surgieron inicialmente del Plan de Sostenibilidad y Mejora de la Eficiencia; luego llegó el Plan de Transformación Digital de Atención Primaria, con siete grupos de trabajo. El Grupo 6 es el que ha dado lugar, con financiación adicional, al Programa de Atención Digital Personalizada, con el objetivo de mejorar la accesibilidad y la operatividad de los servicios asistenciales, involucrando al paciente en su propio cuidado y complementando la atención presencial con herramientas digitales.

    Dentro de este programa de Atención Digital Personalizada se incluye el Programa Únicas. Además, Únicas se va a nutrir, de otros proyectos y programas también financiados, como el de Interoperabilidad de imagen médica, el de Inteligencia artificial o el de Medicina genómica. Además, va a tener más sinergias y más potencia al estar relacionado directamente con el Espacio Nacional de Datos de Salud y con otros proyectos que ya estaban en marcha, pero que se quieren potenciar, como es toda la extensión de las escalas de valoración del paciente: PREMs, PROMs, etc.

    No hay que olvidar que ya tenemos experiencia en programas colaborativos entre las comunidades autónomas y el Ministerio, como la Historia Clínica Digital del Sistema Nacional de Salud y las Receta Electrónica, que llevan más de una década en producción y son un modelo a seguir en otros países.

    También quiero decir que, como representante de la Sociedad Española de Informática de la Salud, la SEIS supone un foro privilegiado de colaboración entre entidades sanitarias públicas (incluyendo el Ministerio de Sanidad), privadas, proveedores tecnológicos, sociedades científicas, universidades y centros de investigación.

    Uno de los grandes retos en el ámbito del Big Data sanitario es la interoperabilidad. ¿Qué avances y desafíos identifica en España para lograr espacios de datos federados que permitan compartir información entre hospitales y redes como la Red Únicas?

    JT: Siempre que hablo de interoperabilidad, me gusta hacer el símil con la música y las orquestas. Sabíamos, desde hace tiempo, que cada comunidad “tocaba” en una tonalidad diferente, y sabíamos que si tocábamos todos juntos aquello no iba a sonar bien: no estábamos afinados.

    Por desgracia, esta disonancia y falta de afinación entre comunidades (e incluso dentro de una misma comunidad) se puso de manifiesto en la pandemia. Ahí escuchamos como nunca ese “ruido” de la diversidad y fragmentación de los sistemas, que tantos problemas nos dio para interoperar entre diferentes comunidades.

    Únicas, desde el principio, nace con la solución (o con los proyectos de solución) a este problema. Tiene plenamente en cuenta la realidad de los diferentes entornos tecnológicos entre comunidades y entre hospitales, y está trabajando directamente en la interoperabilidad. Únicas, además, supone una palanca de transformación tecnológica: se ha creado una guía FHIR basada en el estándar de interoperabilidad HL7, que define la mensajería de información clínica. El avance es enorme.

    No hay que olvidar que estos estándares deben basarse en la calidad de los datos. Necesitamos sistemas con datos de alta calidad. El principal desafío no es tanto tecnológico, sino de interoperabilidad semántica. En este sentido, en Únicas se han desarrollado repositorios y portales de activos. Dispone además de una plataforma Únicas 360 para profesionales y de otra para pacientes y familiares. Es un reto enorme, pero que merece muchísimo la pena, porque el objetivo es poner al paciente en el centro: que el paciente no se mueva, que se muevan los datos. Especialmente en pacientes infantiles, que no deben ir de un especialista a otro; debe ser el sistema sanitario el que gire alrededor de ellos. Este es el primer escenario colaborativo, y estoy seguro de que será un éxito en lo que llamamos medicina personalizada.

    También quiero destacar la innovación técnica y organizativa: por primera vez será una comunidad autónoma, Cataluña, la que desarrolle la tecnología para el resto. Esto supone un salto respecto al modelo previo de proyectos colaborativos impulsados con fondos europeos. Además, hay que integrar proyectos como imagen médica, espacio de datos sanitarios, fármacos, genómica, etc. Y no olvidar que sin interoperabilidad no hay seguridad, como advierte la Agencia Española de Protección de Datos.

    El uso secundario de los datos de salud plantea cuestiones sobre privacidad y confianza. ¿Qué marcos o estrategias considera necesarios para garantizar un uso ético y seguro de los datos clínicos en investigación?

    JT: En cuanto a los marcos normativos, ya están hechos. Podemos citar el Reglamento General de Protección de Datos, el Reglamento del Espacio Europeo de Datos, el Reglamento de Inteligencia Artificial y el de Productos Sanitarios. Por lo tanto, los marcos están; lo que queda ahora es el reto de desarrollarlos. En cuanto a las estrategias, por resumir, empezaría diciendo que el primer tema es reducir el riesgo de reidentificación de los pacientes. Para ello tenemos que garantizar la normalización de los datos o, en su caso, la seudonimización o anonimización.

    También tenemos que innovar mucho, en este caso en las bases alternativas legales que tenemos al consentimiento informado. Hablamos de consentimientos informados dinámicos, en los cuales el paciente puede, en un momento dado, revocar todas sus decisiones conforme a su voluntad sobre el tratamiento que quiere que se haga con sus datos. No hay que olvidar que dentro del Reglamento del Espacio Europeo de Datos una de las ideas troncales es el empoderamiento del paciente: el paciente va a ser soberano para hacer lo que quiera con sus datos y va a tener el derecho a que las administraciones le proporcionen las herramientas necesarias para que esa decisión pueda tomarla de manera rápida y cuando él quiera.

    También hay que avanzar en el consentimiento informado por representación. Y todo esto bajo un paraguas que es clave: la confianza. Hay que generar confianza en la ciudadanía y en los pacientes para que estos proyectos sigan adelante.

    Quiero poner un ejemplo que escuché en uno de los últimos foros que hemos tenido en la SEIS. Se hablaba de este tema y representantes (pacientes e incluso personas que habían trabajado con pacientes y familias con enfermedades raras) comentaban que están tan concienciados de que los datos no solo salvan vidas, sino que pueden mejorar la salud y la vida de estas familias y darles esperanza, que prácticamente de forma unánime afirmaban que “regalarían” sus datos en favor de la investigación y de estos proyectos que abren vías de esperanza para pacientes y familias.

    Relacionado con la concienciación está la gobernanza, que tiene que ser transparente, con un registro público de quién accede a los datos y con qué fin. Directivas ya tenemos, vienen de Europa y marcan esta gobernanza. Tenemos que definir la autoridad nacional central (en este caso, el Ministerio de Sanidad) y cómo se gobierna todo el sistema, junto con las oficinas de datos de las diferentes comunidades autónomas. Algunas ya las tienen formadas; otras están en vías de formación.

    Nunca nos cansaremos de insistir en la importancia de la formación y de la información en todo el proceso relacionado con la gestión de datos en cómo formar a estos gestores de la información. Desde que se solicita hasta todos los pasos administrativos y técnicos necesarios para que esos datos puedan convertirse en conocimiento. Es necesaria la formación continuada en protección de datos de todos los administradores clínicos.

    Y, por finalizar, es necesario realizar evaluaciones de impacto y establecer, como en el caso de Únicas, modelos federados de datos: que los datos se queden en los sitios, que no viajen los datos, que solo viaje el conocimiento.

    El uso de la inteligencia artificial y los algoritmos predictivos están revolucionando la atención médica. ¿Cómo pueden aplicarse estas herramientas en enfermedades raras tanto para el diagnóstico temprano como para la evaluación del impacto de nuevas terapias?

    JT: No debemos olvidar que, cuando hablamos de Únicas, no hablamos solamente de enfermedades raras, sino también de pacientes con sospecha de padecer una enfermedad rara. Estamos hablando de una cantidad muy grande de pacientes y ciudadanos, a pesar de que cada una de estas enfermedades tenga pocos casos; aunque hablamos de más de 7.000 enfermedades raras en España, se calcula que hay más de 3.000.000 de pacientes. Si a eso sumamos los pacientes que se encuentran en sospecha de tener una enfermedad rara, estamos hablando de una cantidad muy considerable.

    Cuando hablamos de inteligencia artificial, ahora mismo, con Únicas y en este escenario, nos encontramos en una situación privilegiada para el desarrollo de futuras herramientas basadas en inteligencia artificial y en las nuevas tecnologías. Es privilegiada porque está estratégicamente alineada; no podría estar mejor posicionada, ya que el proyecto Únicas es un proyecto que ya ni siquiera depende únicamente del Ministerio de Sanidad, sino del propio Consejo Interterritorial de Salud. Están identificadas las necesidades específicas, está definido el valor de la solución en el escenario concreto, y está determinado el alcance desde el inicio. Esto, creo, es un gran acierto. Se ha comenzado no con todas las enfermedades raras, sino con cuatro casos de uso, cuatro enfermedades, con sus modelos de datos y todo lo necesario establecido para empezar, aprender de esos cuatro casos y posteriormente poder escalar al resto. Hacer las cosas poco a poco es, normalmente, lo que hace que estos proyectos tengan éxito.

    La tecnología es la adecuada y se dispone de talento y de implicación por parte de los profesionales. Tenemos el escenario ideal para contar con una cantidad suficiente de datos que permita disponer de una base sólida para el desarrollo de inteligencia artificial. Una vez que tenemos esos datos, contamos con muchísimas herramientas a nuestra disposición, cada vez más avanzadas, como puede ser el procesamiento masivo de datos clínicos y ómicos, no solo genómicos, sino también transcriptómicos, proteómicos, etc. También disponemos de todos los sistemas de procesamiento del lenguaje natural, sistemas basados en modelos de deep learning y transformers, como el conocido GPT y otros similares. Aquí conviene destacar, en relación con la IA generativa, las experiencias que aún se encuentran en fase experimental. Estas comenzaron en la Comunidad de Madrid y, actualmente, ya se han extendido a otras comunidades, como Aragón, para utilizar estos asistentes para los médicos de atención primaria, a la hora de identificar y ayudar en el diagnóstico de enfermedades raras. Nos va a permitir disponer de bases de datos con una n suficiente. Este es el gran problema de la investigación en enfermedades raras: no contamos con un número suficiente de casos, y los que existen están muy disgregados. Esto lo vamos a poder tener a nuestra disposición: sistemas que congreguen y agrupen a todos estos pacientes.

    En cuanto a la evaluación del impacto de las nuevas terapias, contamos con modelos predictivos para resultados clínicos, como la estimación de la posible respuesta a un tratamiento o de los efectos secundarios. Hablamos de ámbitos tan amplios como la farmacogenómica, entre otros. Podemos disponer de entornos de simulación de cohortes pequeñas en ensayos clínicos, cohortes adaptadas específicamente a las enfermedades raras, así como de la identificación de nuevas indicaciones para fármacos ya existentes o incluso posibles acortamientos de los plazos necesarios para validar nuevos tratamientos.

    Por tanto, vamos a tener a nuestro alcance herramientas muy potentes. Pero, como comentábamos, y como decía un ponente, creo, en las últimas jornadas celebradas en Málaga, la clave de toda esta medicina personalizada y de Únicas, que es ahora mismo el buque insignia de todos estos proyectos colaborativos, no va a estar tanto en la parte técnica que se da por supuesta y que, entre comillas, podemos considerar relativamente sencilla, sino en la gobernanza de toda esta complejidad.

    En este número queremos analizar cómo el Big Data puede apoyar la evaluación económica y la toma de decisiones. ¿Qué papel cree que pueden jugar los grandes conjuntos de datos en la estimación del coste, la efectividad, el impacto presupuestario o el valor social de las intervenciones?

    JT: En cuanto a la estimación de la coste-efectividad, estamos hablando de que el mundo del Big Data nos va a permitir ir más allá de los modelos basados en ensayos clínicos y enriquecer todos los modelos económicos con datos adicionales, como los procedentes de dispositivos médicos wearables, sistemas de sensores, redes sociales, etc. Se podrán estimar con mucha mayor precisión los costes y los beneficios de los distintos subgrupos de pacientes. En el caso de las enfermedades raras y de Únicas, se trata de un ejemplo paradigmático, ya que también permitirá reducir de forma significativa la incertidumbre y mejorar en gran medida los análisis de sensibilidad.

    En cuanto al impacto presupuestario, las proyecciones podrán ser mucho más precisas porque la prevalencia será mucho más real. Podremos conocer en tiempo real la adopción de nuevas tecnologías y el uso de los recursos sanitarios. Asimismo, será posible segmentar poblaciones y determinar qué grupos consumen más o menos recursos. Con este tipo de sistemas, también estamos en disposición de crear modelos que simulen diferentes escenarios financieros, con distintas políticas de acceso o de cobertura.

    Finalmente, en lo que respecta al valor social de las intervenciones, podremos capturar resultados centrados en el paciente, como la calidad de vida, la productividad laboral o la carga de cuidados. Es decir, incorporamos al propio paciente directamente en las decisiones que se tomen. Hablamos, por ejemplo, de sistemas de minería de datos en redes sociales que permiten incorporar la voz de los pacientes, complementando las escalas normalizadas que ya existen (PREMs, PROMs, etc.). De este modo, también será posible realizar análisis de equidad que permitan estudiar cómo las intervenciones afectan a distintos grupos socioeconómicos, geográficos o étnicos.

    El desarrollo de infraestructuras de datos compartidas requiere colaboración entre administraciones, centros sanitarios, universidades y empresas tecnológicas.  ¿Cómo puede fomentarse esta cooperación y qué papel debería desempeñar la industria en ella?

    JT: Toda esta colaboración ya está prevista en el propio Espacio Nacional de Datos de Salud. Si observamos el esquema que muestra cómo se estructura este espacio, la verdad es que abruma, porque la complejidad y la amplitud de los objetivos son enormes. El propio Reglamento del Espacio Europeo de Datos aboga por un desarrollo gradual de todos los proyectos. Estos engloban todo tipo de datos, no solo los de salud; se calcula que los datos sanitarios suponen el 30 % del total, y vamos camino de llegar, más pronto que tarde, al 40 %.

    Lo primero que hay que hacer es un reconocimiento de la situación actual. Esto nos llevará a realizar un análisis de riesgo muy preciso antes de poder iniciar cualquier proyecto de este tipo. El reconocimiento de la situación actual pasa por asumir que no hemos sabido llevar estos proyectos a la práctica, salvo iniciativas muy locales y de alcance muy limitado (en las que sí ha habido y hay experiencias de éxito). En general, los grandes proyectos colaborativos y transversales no han tenido éxito por múltiples causas, que pueden resumirse en que, muchas veces, las estrategias no están alineadas, existe fragmentación de los sistemas, hay numerosos actores implicados y falta de políticas coherentes.

    En cuanto a la normativa, disponemos de marcos para espacios de datos, de dispositivos médicos, de inteligencia artificial y otros que regulan la gobernanza, como la Autoridad de Salud, las oficinas de datos o los organismos de acceso a datos, cada uno con diferentes roles. Ahora lo que queda es ponerlo en marcha. Necesitamos incentivos: incentivar a las personas y a las organizaciones que lo hacen bien, a aquellas instituciones que generan datos de calidad. Tenemos que innovar en el reconocimiento y en el incentivo de este tipo de iniciativas.

    Necesitamos plataformas colaborativas, tanto a nivel internacional como nacional. Un ejemplo es la plataforma EDHEN, que está permitiendo que las diferentes comunidades nos vayamos sumando a la codificación OMOP para el uso secundario de datos a nivel europeo.
    Hay que promover plataformas y estructuras federadas que nos permitan compartir datos sin moverlos físicamente. En esto, como hemos comentado, Únicas es un buen ejemplo.

    Necesitamos también itinerarios formativos conjuntos. Por ejemplo, es muy complicado trasladar proyectos o trabajos que nacen en las universidades o centros tecnológicos a la aplicabilidad clínica diaria. Hay que promover una cultura de datos abiertos y reutilizables, de compartir y replicar las experiencias de éxito.

    En cuanto al papel que desempeña la industria tecnológica, me gusta citar (por su trayectoria y por el tiempo que llevan trabajando) a las empresas que proveen dispositivos para pacientes diabéticos. Llevan mucho tiempo y nos han dado un ejemplo de cómo las tecnológicas pueden llegar a todo, incluso a la formación de los profesionales y de los propios pacientes. Su papel es también crítico a nivel técnico. Por supuesto, deben ofrecer soluciones tecnológicas de integración con los sistemas, así como sistemas de análisis y visualización de datos. Estas soluciones deben ser seguras, escalables, con trazabilidad, y constituirse en un socio estratégico para las organizaciones sanitarias. Deben proveer sistemas de innovación, inteligencia artificial, modelos predictivos e infraestructuras sostenibles. Y, para finalizar, deben estar con nosotros en este sistema, que debe ser un sistema comprometido con la ética y en el que participen activamente todos los comités éticos y de gobernanza de datos.

    Desde su experiencia en la SEIS, ¿cómo imagina el futuro de los datos en salud? ¿Qué pasos deberían darse para que España aproveche todo el potencial del Big Data y la analítica avanzada en beneficio de las personas con enfermedades raras?

    JT: Aquí retrotraería un poco la mirada a diez años atrás: cómo estábamos y cómo estamos ahora. Estamos muchísimo mejor que hace diez años, pero sí es cierto que aquellas grandes expectativas que teníamos entonces no se han cumplido en muchos casos por distintas razones.

    Creo que aquí debemos tener un cierto punto de humildad y, sobre todo, asumir el reto de no repetir errores. Tenemos que aprender de los fallos que hemos cometido, especialmente en lo que tiene que ver con la falta de transformación digital. Hemos digitalizado la asistencia, hemos digitalizado los registros que teníamos, pero no hemos transformado los procesos clínicos y asistenciales, y esto es algo que debemos haber aprendido para no repetirlo.

    La primera previsión, para mí, es sencilla, porque basta con trasladar lo que han dicho quienes ahora mismo ostentan la responsabilidad del proyecto Únicas: el primer objetivo es que, a finales del año 2025, todas las comunidades estén conectadas al nodo central de Únicas y que, en junio de 2026, todas estén operativas. Esto es simplemente recoger lo que nos transmiten nuestros compañeros y líderes del proyecto.

    Los avances van a ser enormes. Habrá sinergias en ámbitos muy potentes, como la ciencia de datos y la inteligencia artificial, la neurobiología o la nanotecnología, que nos brindarán posibilidades que hasta ahora eran bastante inimaginables. Pero tenemos varios talones de Aquiles que debemos identificar y controlar: la formación de los profesionales, la gestión del cambio y la gobernanza. Como he comentado, resulta paradigmático, y contradictorio a la vez, que todos los fondos europeos que han llegado obviasen la formación y la necesidad de personas para llevar a cabo todos esos proyectos tecnológicos.

    Necesitamos seguir trabajando conjuntamente todas las comunidades autónomas, bajo el liderazgo del Ministerio de Sanidad. Necesitamos un modelo que perdure más allá de las futuras financiaciones que pueda o no haber, y que en algún momento dejarán de proceder de Europa. Hay que seguir manteniendo y potenciando las sinergias con todas las entidades colaboradoras, públicas y privadas. Hay que mantener la ilusión por el proyecto, un proyecto en el que están implicados más de 150 profesionales. Esto solo puede ser una garantía de éxito.

    Debemos sacar a Únicas y a todos estos proyectos tan estratégicos de la variabilidad política y del cortoplacismo que marcan los periodos electorales. En ese sentido, es necesario formar cada vez más a gestores y a altas direcciones para que den continuidad a todo ello.

    Es necesario y primordial aumentar la inversión en tecnologías. El último informe de la SEIS señala que ha habido una reducción del 4 % en el presupuesto de las comunidades autónomas durante el último año, y además indica que solo se dedica prácticamente un 1 % del presupuesto sanitario a tecnologías, el porcentaje más bajo desde el año 2012.

    Por tanto, veo un escenario mucho mejor que el de hace unos años, pero teniendo en cuenta la realidad de que las organizaciones sanitarias somos muy complejas.
    Veo un escenario en el que vamos a invertir mucho en la gestión del cambio, en el trabajo multidisciplinar y en que tanto ese trabajo como esa inversión adquieran una magnitud mucho mayor de la que tienen ahora.

    Visualizo una red Únicas mucho más madura y en continua evolución.
    Si me permitís el símil musical con el que he comenzado: con la interoperabilidad y la música, Únicas sería esa primera orquesta que ya toca de manera afinada y que nos está marcando la partitura y el compás para el resto de los proyectos de medicina personalizada que, con toda seguridad, llegarán en el futuro.

    El deseo, por supuesto, es que los pacientes con enfermedades raras y sus familias estén cada vez mejor atendidos, que tengan más cerca la esperanza de un tratamiento (y, por qué no, de una curación), y que el sistema público de salud siga siendo de alta calidad durante mucho tiempo.

    MONTSE DE LA FUENTE HURTADO – Dimensión social de la salud en Sns-Osasunbidea: integración de datos para una salud más humana y eficiente

    Montse De La Fuente Hurtado

    Coordinadora Sociosanitaria del Departamento de Salud de Navarra


    ¿Podría contarnos en qué consiste el trabajo desarrollado en Navarra para integrar de forma unificada la información social en la Historia Clínica Electrónica?

    MDLF: Como punto de partida, esto nace de un macroproyecto de historia clínica única que comenzó a gestarse en Navarra en 2017. En ese contexto impulsamos ANDIA (Aplicación Navarra de Integración Asistencial), cuyo objetivo era integrar y unificar nuestra historia clínica.

    Desde el inicio se consideró esencial incorporar datos sociales (la dimensión social de las personas) aprovechando una fortaleza histórica del sistema navarro: contamos, desde hace muchos años (recuerdo desde 1986, aproximadamente), con profesionales de trabajo social sanitario en la red de salud. Con esa base, se decidió unificar los sistemas de registro social en toda la red asistencial para aportarlos a la historia clínica integrada. En aquel momento (hablamos de 2017) los registros de trabajo social, tanto en Atención Primaria como en Atención Especializada/Hospitalaria y en la red de Salud Mental, eran muy personalistas, prácticamente campos de escritura libre. Eso hacía imposible agregar y mantener actualizados los datos. Siempre pongo el mismo ejemplo: si yo, en Primaria, atendía a una persona y escribía “vive sola”, y al día siguiente la hospitalizaban y en el hospital registraban “hogar unipersonal”, no había forma de cruzar ni consolidar esos datos para saber con certeza cuál era su situación de convivencia.

    Dentro de este macroproyecto de integración de la historia clínica, la Dirección de Asistencia Sanitaria al Paciente impulsó por resolución oficial la creación de un grupo técnico de trabajo. Estuvo integrado por seis trabajadores sociales de distintas áreas sanitarias (en Navarra tenemos tres grandes áreas) y de todos los niveles asistenciales (Atención Primaria, Atención Especializada Hospitalaria y Salud Mental). El objetivo: unificar todos los sistemas de registro social.

    Dada la magnitud del reto (unificar todas las fases del método de intervención: valoración, diagnóstico y tratamiento, como hacen el resto de los profesionales sanitarios) decidimos dividir el proyecto en tres grandes fases. Así acompasábamos los tiempos de definición conceptual con los de implementación, obteniendo resultados tempranos y visibles que alimentaban el avance del proceso. Si hubiéramos esperado al final, para ver algún resultado tangible, probablemente habría sido menos eficaz y más desmoralizador. En total ha sido un proceso de seis años; la unificación de cada fase nos llevó aproximadamente dos años. Hoy contamos con un producto común.

    Además, trabajamos con varias premisas:

    • Mantener en las tres fases las mismas nueve dimensiones sociales (las fases de valoración, diagnóstico y tratamiento se estructuran siempre sobre esas nueve dimensiones).
    • Los acuerdos del grupo son vinculantes para toda la organización: ningún hospital o dispositivo puede “salirse” del marco.
    • Trabajar siempre desde la integración en el marco de ANDIA.
    • Mapear lo existente y aprovechar lo ya desarrollado (códigos y parametrizaciones) para rentabilizar esfuerzos.
    • Realizar revisiones bibliográficas en cada fase, a nivel nacional e internacional, para identificar soluciones que pudiéramos adaptar.

    De ese análisis concluimos que se trata de un proyecto pionero (al menos en el ámbito nacional), ya que ningún sistema regional de salud dispone de toda su historia social sanitaria parametrizada y explotable.

    El objetivo principal es aportar la dimensión social de la salud, tradicionalmente invisibilizada por modelos más individualistas y biologicistas, centrados en lo físico u orgánico. Se trataba de romper barreras y considerar cómo esa historia se interrelaciona con otros condicionantes de salud: familiares, sociales y comunitarios.

    ¿Qué tipo de información social se recoge? ¿Cómo se parametriza y con qué criterios se articula su integración en los distintos niveles de atención sanitaria?

    MDLF: Como comentaba, al haber implementado un producto común en todos los ámbitos y niveles asistenciales, recogemos información sobre nueve dimensiones, de forma codificada y parametrizada:

    1. Familia, soporte y convivencia. Composición familiar (con quién vive la persona) y dinámica relacional: grado de integración, dificultades de convivencia, contactos esporádicos, predisposición a los cuidados, posibles conflictos, etc.
    2. Autonomía y dependencia. Reconocimientos oficiales (situación de dependencia o discapacidad) y necesidades de apoyo en actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.
    3. Educación/formación y situación laboral/ocupacional. Nivel formativo y situación ocupacional, relevantes para el proyecto vital y la salud integral de la persona.
    4. Situación económica. Origen de los ingresos, suficiencia económica y gastos asociados a la salud, entre otros aspectos.
    5. Vivienda y entorno. Adecuación de la vivienda, barreras arquitectónicas (tipo y presencia), disponibilidad de suministros y características del entorno (acceso a servicios, zonas degradadas, etc.).
    6. Dimensión personal y dinamismos vitales. Capacidad para pedir ayuda, seguir consejos, estrategias de afrontamiento a lo largo de la vida, estado de ánimo, y otros aspectos personales.
    7. Relaciones y contactos sociales. Vínculos intrafamiliares y con el vecindario, participación en actividades comunitarias y en qué medida.
    8. Provisión de cuidados. Existencia de cuidador/a principal (a menudo mujer), servicios asociados y recursos sociosanitarios que apoyan la atención en domicilio.
    9. Entorno cuidador. Situación de la persona cuidadora; en el caso de menores, valoración de padres, madres o tutores y de las condiciones en las que se prestan los cuidados.

    Esta información se registra con códigos y desplegables comunes y se aplica en las tres fases del método de intervención (valoración, diagnóstico y tratamiento). Uno de nuestros objetivos era agilizar los registros: aunque se van incorporando profesionales de trabajo social sanitario, seguimos siendo entre 150 y 160 en toda la red. El hecho de trabajar con los mismos datos y de que puedan pasar de un entorno a otro (por ejemplo, de la historia de primaria a la especializada) a través del marco ANDIA permite actualizar los datos de forma permanente y evitar transcripciones, rentabilizando el tiempo y el esfuerzo profesional.

    Además, al estar parametrizada y explotable, esta información se ha integrado en la base de análisis de resultados en salud de Navarra, BARDENA. Es una gran base que reúne datos de múltiples aplicativos (farmacia, procedimientos, historia de primaria, diagnósticos, pruebas, conjunto mínimo básico de datos, etc.) y que ahora incluye también la información social sanitaria unificada. Esto nos permite observar tendencias y mejorar la planificación.

    ¿Qué beneficios concretos permite esta integración en términos de atención clínica individual, definición de procesos y planificación de políticas de salud pública?

    MDLF: Resumiendo, con este proyecto hemos implementado un protocolo y un producto comunes, con códigos estandarizados para toda la red del Servicio Navarro de Salud–Osasunbidea. Esto agiliza los registros, mantiene la información permanentemente actualizada, enriquece la base de análisis BARDENA y, además (y esto no lo había subrayado hasta ahora) incorpora un enfoque salutogénico: no recogemos solo carencias o déficits, sino también fortalezas de la persona y de su entorno para trabajar desde ellas. Ese cambio de mirada, más positiva y salutogénica, ha sido un beneficio importante para nosotros y para el resto del equipo.

    A finales de 2023, el Ministerio editó recomendaciones para incluir condicionantes sociales de la persona y su contexto familiar en la historia de salud digital, con el fin de facilitar un abordaje biopsicosocial. En Navarra ese registro se realiza mediante esta historia social sanitaria unificada, elaborado por profesionales expertos (trabajo social sanitario), que conocen bien lo que codifican y lo ponen a disposición de toda la red asistencial, y del nivel de la mesogestión.

    Con todo ello, los beneficios se concretan así:

    1. En la atención clínica individual, el resto de los profesionales, desde la historia clínica única y los distintos aplicativos, pueden tomar en consideración los condicionantes sociales para una atención más integral. No es lo mismo plantear un tratamiento o unas recomendaciones si una persona carece de determinadas habilidades, si su capacidad económica es reducida, si su vivienda es o no adecuada a su situación, o si en el domicilio hay apoyo a los cuidados frente a desavenencias, conflictos o incluso malos tratos. Todo eso hay que tenerlo en cuenta al atender.
    2. En la definición y mejora de procesos asistenciales
    • Unificación: un único protocolo y códigos comunes evitan duplicidades y aceleran el registro.
    • Continuidad asistencial: la información fluye y se actualiza entre Atención Primaria, Hospitalaria y Salud Mental, lo que facilita que todos trabajemos con los mismos datos.
    1. En la planificación y las políticas de salud pública al estar parametrizada y explotable, la información social unificada alimenta BARDENA, permitiendo observar tendencias y planificar mejor (recursos, programas y prioridades) con una visión biopsicosocial real, no solo biomédica.

    ¿De qué manera este modelo puede aplicarse o adaptarse al ámbito de las enfermedades raras y proyectos como la red únicas?

    MDLF: Lo primero que quería comentar es que, en Navarra, desde 2017 existe un Plan de Mejora en la atención sanitaria a las personas con enfermedades raras. Entre sus objetivos y líneas de trabajo, que son varios, destaco especialmente dos:

    1. Optimizar la codificación y los registros, contribuyendo a la vigilancia epidemiológica y a la mejora asistencial. Esto se trabajó muy de la mano con la Estrategia de Cronicidad (entonces en gestación y hoy ya desarrollada) para incluir a las personas con enfermedades raras en sus circuitos y habilitaciones especiales.
    2. Promover un sistema integral de cuidados sociosanitarios. Valoración integral, diagnóstico interdisciplinar, plan de atención individualizado y compartido, y continuidad de la atención en todas las fases, incluyendo lo referente a personas cuidadoras.

    Si cruzamos estos dos enfoques (circuitos de cronicidad y sistema sociosanitario), es fundamental contar con datos de la dimensión social de las personas. Al tener esa información codificada y parametrizada, hemos podido aportar a la plataforma federada de la Red Únicas toda la información disponible, de forma anonimizada y segura. Además, disponer de esta dimensión social, tanto para los profesionales como para la definición de procesos y la planificación a nivel macro, nos ayuda a aterrizar en la realidad concreta.

    Dentro de ese Plan de Mejora y de la Estrategia de Cronicidad, en Navarra se han desarrollado especialmente dos perfiles que entroncan con ambos marcos:

    • Neurodegenerativas y parkinsonismos atípicos.
    • Enfermedad crónica compleja en la infancia.

    En cuanto a sistemas de información, ha habido avances importantes en la plataforma ANDIA: disponemos de ANDIA‑Crónicos y ANDIA‑Sociosanitario. Incluso los sistemas de registro han evolucionado hacia una visión más holística de la situación de los pacientes, sus familias y su entorno comunitario. Gracias a que la información social ya estaba parametrizada, la hemos podido integrar en estos dos productos. Así, de un primer vistazo podemos conocer la valoración global de las personas atendidas en sus programas y, en paralelo, diseñar un plan de atención conjunto entre los distintos agentes que intervienen alrededor de esas personas.

    Si ya dentro del sistema sanitario es clave tener la información integrada, más aún lo es en el ámbito sociosanitario, por la multiplicidad de agentes implicados. A la hora de establecer estos planes de atención podemos definir:

    • Quién gestiona el caso.
    • Objetivos generales y específicos definidos conjuntamente (incluida la propia persona).
    • El estado de ejecución de esos objetivos.
    • Las tareas necesarias para lograrlos y quién es responsable de cada una.
    • Cómo finaliza la atención y el plan de alta una vez concluido el proceso.

    Todo ello queda registrado de forma explotable, parametrizada y evaluable.

     ¿Qué retos se han identificado en la implementación de este modelo, tanto técnicos como culturales o institucionales y cómo los han abordado?

    MDLF: Desde nuestro punto de vista ha sido muy importante el reto de la integración de la información. Ha sido clave crear un Grupo Técnico de Trabajo con visión de integración asistencial, teniendo en cuenta el territorio, los distintos niveles (Primaria, Hospitalaria, Salud Mental) y toda su red de dispositivos. Sin ese enfoque, no podríamos hablar hoy de información unificada para toda la red.

    Un segundo reto fue la magnitud del proyecto y punto de partida. Partíamos de registros muy personalistas, en campos de texto libre, y con enfoques diferentes según nivel y área. La respuesta fue dividir el proyecto en tres grandes etapas, lo que permitió ver avances y alcanzar objetivos a corto/medio plazo, generando retroalimentación e impulso para completar el resto. Sin esa secuenciación, “habría sido imposible”.

    Otro gran reto ha sido la alineamiento conceptual‑técnico (sistemas de información). Había que encajar la definición conceptual con la implementación en los aplicativos de la historia clínica. Aunque hubiera sido deseable incorporar a Sistemas de Información desde el minuto cero, no hizo falta: existía una muy buena coordinación con los equipos que implementaban en HCE. Cada avance conceptual se traducía en plazos concretos de ejecución en los aplicativos; ha habido alineamiento total y trabajo en concordancia.

    Quizá el mayor reto de todos los que he mencionado, fue la gestión del cambio profesional (cultural). El paso de la escritura libre a códigos estructurados generó resistencias. Se abordó con insistencia, tacto y cuidado, socializando cada cambio e implicando a toda la red:

    • Revisiones semestrales (cada 6 meses).
    • Ciclos de mejora continua.
    • Espacios para sugerencias y para explicar el porqué de las decisiones, de modo que nadie lo viviera como algo ajeno o impuesto.

    También ha sido importante el aspecto de gobernanza y obligatoriedad organizativa (institucional). La resolución de creación del grupo estableció que sus acuerdos eran vinculantes para toda la organización. Se ha trabajado de forma participada, pero lo acordado es lo que se ejecuta, apoyado por los citados ciclos de mejora.

    Una de las grandes bazas que hemos tenido ha sido la deconstrucción de lo anterior. A la vez que creábamos e implementábamos lo nuevo, retirábamos los instrumentos previos. Es decir, dejaron de estar disponibles las antiguas formas de registro: la única manera de registrar pasaba a ser la nueva y unificada. De otro modo, todos tenderíamos a seguir usando “lo de siempre”, aunque no fuera la mejor herramienta.

    Finalmente hemos tenido un gran resultado de estas medidas. Gracias a esta combinación (integración, faseado, alineamiento con TI, gestión del cambio, gobernanza y retiro progresivo de lo antiguo) el modelo ha podido implantarse de forma homogénea en toda la red, con registros unificados, actualizables y explotables.

    ¿Cómo se articula la colaboración entre profesionales clínicos, servicios sociales, equipos de planificación y los responsables técnicos en este enfoque?

    MDLF: Sobre todo, desde la centralidad de ese grupo técnico, que tenía un responsable perteneciente a los Servicios Centrales del Servicio Navarro de Salud y que era la persona encargada de ir articulando al resto de agentes alrededor de este gran proyecto. Como he dicho antes, ha sido muy importante el alineamiento con Sistemas de Información, con los compañeros que tenían que ir implementando estos registros directamente en las propias herramientas. También hemos ido viendo que se ha generado un gran equipo de trabajo, no solo por parte del grupo técnico, sino por todas las personas que estaban alrededor; en cuanto a responsables tecnológicos y equipos de planificación a nivel interno, la verdad es que ha supuesto lograr un gran equipo transdisciplinar, que se dice ahora.

    Sí que ha sido un poco más dificultoso, y sigue siéndolo, lo que tiene que ver con los otros sistemas de protección, sobre todo con el sistema de protección social.  Paralelamente a este gran proyecto hemos ido generando tres tipos de estrategias para establecer sinergias con ellos: la de generar procesos de atención integrada sociosanitaria (ya sabemos lo que son los procesos de atención o guías de práctica clínica), en los que vamos definiendo, en cada proceso, diferentes hitos que hay que cumplir, quién los tiene que realizar, con herramientas de ayuda y con registros parametrizados; esto nos está ayudando mucho. También se están generando equipos propios de trabajo sociosanitarios en el territorio para atender situaciones de mayor complejidad sociosanitaria. Y, paralelamente a este gran proyecto de unificación, se han empezado a gestar proyectos de sistemas de información junto con derechos sociales, como herramientas de valoración compartidas u otros grandes proyectos que tenemos encima de la mesa.

    ¿Desde su punto de vista, por qué es importante incluir la dimensión social de la salud en el diseño de sistemas de información y en la evaluación económica?

    MDLF: Creo que es algo que todos conocemos, aunque a veces nos resistimos a ampliar la mirada: la salud es un proceso muy complejo, fuertemente condicionado por los determinantes sociales de la persona y del contexto que la rodea. Esto está ampliamente demostrado en la bibliografía internacional y en muchos estudios, pero nos cuesta hincarle el diente. No podemos atender de manera integral si no tenemos en cuenta esa dimensión social de la salud y, afortunadamente, ahora vamos disponiendo de datos para aprovecharlos en la generación de procesos asistenciales y de otros recursos.

    La propia Organización Mundial de la Salud define la salud como un estado de bienestar biopsicosocial y no solo como ausencia de enfermedad, e incluye esta dimensión social. Sin embargo, en lo referido a sistemas de información no le hemos hincado mucho el diente; ha habido más desarrollos en otros ámbitos. Creo que se debe a la dificultad de la tarea, que es compleja, y también a cierta resistencia del sistema sanitario a reconocer que los mayores factores generadores de salud probablemente están fuera del propio sistema. Sabemos que lo que podemos aportar, por muy bien que lo hagamos, se cifra, según distintos estudios, entre un 11 y un 25 % del estado de salud de las personas; todo lo demás queda fuera del sistema sanitario, y hay que tenerlo en cuenta a la hora de intervenir. En este sentido hemos avanzado, pero con pocos cambios de calado en las organizaciones; seguimos empeñados en separar lo social de lo sanitario cuando existe un continuo asistencial. Organizativamente nos resulta más cómodo separarlo, está más cerca de nuestro modelo tradicional de atención.

    Integrar la dimensión social de la salud dentro de los sistemas de información, para poder utilizarla en la consulta, en la generación de procesos asistenciales e incluso en la planificación macro, nos va a aportar (en mi opinión humilde) mucha más eficacia y eficiencia, porque podremos atender las situaciones de manera más integral. Muchas veces acabamos sanitarizando problemas que estarían mucho mejor atendidos, y de forma más eficaz, en otros foros y espacios. Nuestro sistema tiene un montón de pruebas y consultas, está altamente tecnologizado, pero su aportación al bienestar y a la calidad de vida a veces es relativamente humilde. Hay que trabajar también con otros sistemas de protección y tener una visión mucho más integral de lo que es la salud, y proyectos como este (integrar esa información en nuestros sistemas, poder explotarla y utilizarla para planificaciones macro, observar tendencias, generar ciertos servicios, planificar plantillas profesionales, etc.) ya nos están aportando mucho valor y pensamos que, a medio y largo plazo, también supondrán un ahorro y una mayor eficiencia económica.

    ARANTXA SÁEZ SÁNCHEZ – INNOVACIÓN, EQUIDAD Y CALIDAD DE VIDA: LOS RETOS URGENTES EN CÁNCER DE TIROIDES

    Arantxa Sáez Sánchez
    Presidenta de la Asociación Española de Cáncer de Tiroides (AECAT)


    Como presidenta de la Asociación Española de Cáncer de Tiroides (AECAT), ¿cuáles son hoy las principales necesidades no cubiertas de las personas con cáncer de tiroides?

    AS: Aunque el cáncer de tiroides suele tener muy buen pronóstico, esto no significa que el recorrido del paciente sea fácil. Para nosotros, las principales necesidades no cubiertas podrían resumirse en tres bloques: el acceso a un diagnóstico rápido y preciso, sobre todo en los casos más agresivos, donde la diferencia territorial sigue existiendo; la información, que tiene que ser comprensible y personalizada para cada paciente, porque muchos socios nos comentan que, aunque reciben el diagnóstico, se encuentran muy perdidos y llegan a nosotros solicitando una explicación más detallada de esa información inicial; y, por último, la atención a las secuelas y a la calidad de vida a largo plazo, que aún no son las que deberían ser. Los problemas de la voz, las alteraciones del calcio, la fatiga o los problemas emocionales no reciben ahora mismo el seguimiento que deberían.

    ¿En qué puntos se producen más retrasos: diagnóstico, acceso a tratamientos o seguimiento, ¿y cómo podemos mejorarlos?

    AS: Los mayores retrasos, en la situación actual de la sanidad, suelen producirse en el acceso a la prueba inicial, ya sea la ecografía o la punción con aguja fina. A esto se suma que muchos hospitales todavía no cuentan con equipos multidisciplinares de expertos. La ausencia, por ejemplo, de una ruta asistencial genera retrasos en el acceso a tratamientos innovadores, especialmente en los casos más avanzados, metastásicos o refractarios al yodo. Hay una enorme desigualdad territorial, una tardanza en la aprobación de los tratamientos y, sobre todo, en su financiación. Muchas veces los pacientes no tienen alternativa terapéutica. Para mí, lo ideal sería disponer de un protocolo unificado, un circuito rápido que permita llegar a un equipo multidisciplinar y la incorporación ágil de nuevas terapias con criterios transparentes. Porque, actualmente, los pacientes que están en los casos más complicados lo están pasando muy mal.

    ¿Qué prioridades tiene ahora mismo AECAT para apoyar a pacientes y familias (información, acompañamiento, rehabilitación, secuelas, salud mental)?

    AS: Nuestras prioridades siempre están enfocadas en lo que los propios pacientes nos trasladan. La información debe ser rigurosa, actualizada y accesible. Desde AECAT, toda la información está disponible para cualquier persona que visite nuestra web, adaptada con un lenguaje comprensible para pacientes y siempre basada en la evidencia clínica, asesorados por un comité médico.
    El acompañamiento es un proceso en el que, desde que llegan a AECAT, cada paciente recibe lo que solicita: a veces es simplemente resolver una duda pequeña; otras veces, ofrecer información más concreta sobre su proceso clínico, para lo cual derivamos la consulta al comité médico; y en otros casos, lo que necesitan es apoyo psicológico profesional. Nuestra labor es proporcionar a cada paciente aquello que nos pide.
    En cuanto a la investigación, siempre hemos pensado que debemos colaborar y apoyarnos mutuamente, también con otros agentes implicados en torno al cáncer de tiroides. Y una línea muy importante para AECAT es defender la voz y los derechos de las personas y familias que conviven con esta enfermedad en España.

    Desde la mirada de AECAT, ¿qué ventajas ves en modelos tipo «redes federadas/espacios de datos» (como los que impulsa Red ÚNICAS) frente a bases centralizadas?

    AS: Para una enfermedad rara o poco frecuente como el cáncer de tiroides, estos modelos son muy valiosos. La idea de compartir conocimiento respetando el anonimato del paciente y sumando casos de diferentes comunidades autónomas, por ejemplo, es clave para generar datos sólidos, porque permite que cualquier centro, grande o pequeño, se beneficie del conocimiento de esa red. Creo que conectar experiencias ofrece mejores resultados para todos.

    ¿Cómo deberían gestionarse consentimiento de uso de datos y retorno de resultados a los pacientes para que confíen en estos proyectos?

    AS: La confianza, creo, se construye siempre con transparencia, control y reciprocidad. Los pacientes deben saber qué datos se van a recoger, para qué se van a utilizar, durante cuánto tiempo, quién tendrá acceso a ellos y quién los custodiará, entre otros aspectos. El consentimiento debe ser claro, revisable y revocable en cualquier momento. Para mí, además, sería fundamental devolver un valor al paciente: que sienta que los datos que ha aportado sirven para mejorar algo, ya sea generar un informe o mejorar una práctica clínica. Dar una recomendación a la administración también es importante, porque la utilidad genera confianza en el paciente.

    ¿Qué colaboración esperas de la industria y de los investigadores para que las necesidades del paciente se tengan en cuenta desde el inicio?

    AS: Desde el inicio debe existir una colaboración honesta. Queremos formar parte del proceso y no solo ser invitados puntuales. Creo que en la investigación habría que integrar más la voz del paciente desde el diseño del ensayo clínico.

    También debería considerarse la evaluación no solo de los criterios de inclusión o de los requisitos, sino también la elección de los resultados, porque muchas veces no solo importa la variable clínica. Al paciente también le importa su calidad de vida, y en muchos ensayos eso no está incluido.

    En cuanto a la industria, es fundamental garantizar el acceso temprano y equitativo a los tratamientos innovadores cuando existe una necesidad médica no cubierta, como ocurre a menudo en el cáncer de tiroides, y que la información sobre ese proceso sea clara y equilibrada en cuanto al riesgo-beneficio.

    Y para ambos, considero importante trabajar conjuntamente en programas de formación, concienciación y generación de evidencia, de manera que desde el primer momento en que alguien quiera crear un ensayo o una formación para clínicos, cuente con las asociaciones de pacientes y con los propios pacientes.

    Mirando al futuro, ¿podría comentarme alguna medida concreta que le gustaría ver en marcha en el próximo año para mejorar la calidad de vida y el acceso a la innovación en cáncer de tiroides?

    AS: Quizá para el próximo año es un poco pronto, pero si puedo pedir un deseo, sería la creación de un circuito asistencial nacional en cáncer de tiroides, con centros de referencia, estándares comunes de seguimiento y un acceso equitativo a la tecnología diagnóstica y a los tratamientos innovadores. Que dé igual dónde vivas o cuál sea tu código postal: que recibas el mismo tratamiento y seguimiento. Sería ideal contar con un registro nacional de casos interoperable que permitiera conocer mejor las necesidades del paciente, acelerar la llegada de la innovación y reducir todas estas desigualdades que todavía existen.

    José María Millán Salvador – Triple Desafío: Datos Genéticos en España

    José María MIllán Salvador

    Director del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER)


    Desde su experiencia en diagnóstico genético de enfermedades raras, ¿qué oportunidades ofrece el Big Data para mejorar la identificación de variantes genéticas y acelerar el diagnóstico de los pacientes?

    JMM: Estamos en una era en la que ya trabajamos en investigación con genomas completos. Esto quiere decir que vamos a encontrarnos una media de 5.000.000 de variantes genéticas por genoma. El Big Data es fundamental para poder interpretar estas variantes, filtrarlas o categorizarlas como benignas, probablemente benignas, de significado incierto, probablemente patogénicas o patogénicas. Además, va a permitir la integración de otros datos ómicos, como la transcriptómica, la metabolómica, etc., para dilucidar si estas variantes son causantes de la enfermedad o no. Es decir, es muy importante para integrar todos estos datos.

    Cada vez se habla más de la necesidad de combinar información clínica, genética y molecular en grandes bases de datos. ¿Qué barreras existen actualmente para integrar estos datos y qué avances serían prioritarios para superarlas?

    JMM: Las barreras en estos momentos son fundamentalmente técnicas, y creo que una de las más importantes es la estandarización de los datos. Estamos hablando de que, dependiendo de las comunidades autónomas, hay historias clínicas en atención primaria que no pueden ser leídas en atención hospitalaria; incluso dentro de los mismos hospitales de una comunidad autónoma puede haber distintos tipos de historias clínicas, y no hablemos ya entre distintas comunidades autónomas.

    Esto es clave para que los datos clínicos sean interoperables, y considero que la interoperabilidad es fundamental. Lo mismo ocurre con los datos genéticos: hay comunidades autónomas y laboratorios que los procesan con un determinado secuenciador, otros con otro; los sistemas o pipelines bioinformáticos que se utilizan también son diferentes. Esto hace que sea muy difícil lograr que estos datos sean interoperables, algo fundamental para que puedan ser compartidos y realmente sirvan para mejorar la medicina de precisión. Y luego hay un segundo plano, que es el de la protección de los datos y todos los aspectos éticos y legales que implica la cesión de datos personales. Hay que tener en cuenta que un genoma es prácticamente inanonimizable (todos tenemos el nuestro y es único).

    ¿Cómo cree que el uso de herramientas de análisis masivo de datos podría contribuir a una medicina más personalizada en enfermedades raras, especialmente en la interpretación de variantes de significado incierto?

    JMM: Estamos hablando de variantes de significado incierto, que efectivamente son la tortura de los investigadores, de los profesionales y de los pacientes, porque generan ansiedad y no permiten dar una respuesta clara sobre si están o no relacionadas con la enfermedad. Se ha visto que la variación genética entre poblaciones es mucho mayor de lo que se pensaba. Tener datos globales, y globales me refiero no solo a España, sino internacionalmente, puede permitir ver que, quizá, una variante que aparece en nuestra población con una frecuencia muy baja y que podríamos considerar candidata a ser patogénica, en otra población es bastante más frecuente y no produce la enfermedad que presentan nuestros pacientes.

    Por lo tanto, es muy importante disponer de datos de este tipo: cuanto más globales, mejor. Un ejemplo para la investigación es Genomics England, una base de datos del Reino Unido en la que pacientes y controles voluntariamente aportan todos sus datos: genómicos, de salud, y además son seguidos clínicamente. De manera que cualquier investigador que presente un proyecto aprobado tiene acceso a esos datos para su uso en investigación. Esto ha permitido, en muchos casos, encontrar nuevos genes.

    Iniciativas como la Red Únicas o los espacios de datos federados buscan compartir información entre centros de referencia. ¿Qué papel considera que deben tener los laboratorios de genética y los centros de investigación en este tipo de redes?

    JMM: Los laboratorios de genética, junto con la genética médica, constituyen el material sobre el cual los laboratorios de investigación y la bioinformática permitirán que estos datos sean interoperables y, de alguna manera, faciliten la medicina personalizada y de precisión. No podemos olvidar que no hacemos nada teniendo un genoma si no tenemos a qué fenotipo asociarlo, en diferentes códigos, como el código de Ontología del Fenotipo Humano (HPO), que es el que más utilizamos.

    La gestión de información genómica plantea cuestiones éticas complejas. Desde su punto de vista, ¿cómo puede garantizarse el equilibrio entre la protección de la privacidad del paciente y la necesidad de compartir datos para avanzar en la investigación?

    JMM: Es muy difícil anonimizar un genoma humano; es menos difícil un exoma o los datos de un panel de genes. A veces, describiendo simplemente que una persona tiene una determinada enfermedad rara, su sexo y, sobre todo, si pertenece a una pequeña población, es fácil identificar a esa persona. Para evitar esto, necesitamos, en primer lugar, la autorización del paciente: el consentimiento informado. El consentimiento informado es fundamental para que estos datos sean compartidos. En España, en general, es necesario un consentimiento específico para cada proyecto de investigación y es muy estático. Sería muy importante disponer de consentimientos informados dinámicos… y que fueran mucho más amplios, de modo que permitieran realizar no un único proyecto de investigación, sino varios.

    En este sentido, en la Comunidad Valenciana hay una iniciativa llamada Crineo, que permite que el paciente dé su permiso para hacer cualquier investigación sobre su muestra, que puede ser una muestra de tumor, sangre, etc.

    En el ámbito de las terapias génicas o avanzadas, ¿qué papel pueden tener los grandes conjuntos de datos en la identificación de dianas terapéuticas o en la evaluación de la eficacia y seguridad de nuevos tratamientos?

    JMM: En la identificación de nuevas dianas terapéuticas, creo que la integración de todos los datos genómicos y ómicos en general (la transcriptómica, la metabolómica, etc.), junto con estudios funcionales, es fundamental, y también la farmacogenética a la hora de evaluar qué tratamiento puede recibir un paciente e incluso en qué dosis.

    Muy importante, para los resultados de un ensayo clínico y el seguimiento, es la farmacovigilancia de los pacientes a los que se les administran estas terapias avanzadas, ya sea terapia génica, terapia celular, etc.

    Por otro lado, los datos genómicos, ómicos en general y el Big Data, pueden ser clave para el objetivo que se persigue actualmente: encontrar terapias que no sean válidas solo para una enfermedad o un gen (que es lo que encarece este tipo de tratamientos), sino que funcionen para distintos tipos de enfermedades o genes, más enfocadas a una terapia frente a un tipo de mutación concreta. Estas son las llamadas terapias agnósticas, y es lo que se está buscando ahora para intentar abaratar este tipo de terapias. En este sentido, el Big Data puede ser muy importante.

    ¿Qué pasos considera esenciales para que España consolide una estrategia sólida de integración de datos genéticos y clínicos en enfermedades raras, y qué beneficios cree que podría aportar a pacientes y familias?

    JMM: Como he comentado, es muy importante la estandarización: hablar todos el mismo idioma o, si no es posible, que haya una traducción entre los distintos datos clínicos: HPO, las diferentes codificaciones de enfermedades raras como CIE-10, ORPHA, etc. La estandarización debe aplicarse a todo tipo de datos genómicos: interpretación bioinformática, filtrado, etc.

    Por otro lado, es esencial establecer, mediante proyectos de datos federados, una interoperabilidad en todo el territorio español. Y, por supuesto, es muy importante tener cuantos más datos mejor y, por lo tanto, facilitar de alguna manera estos consentimientos informados dinámicos y amplios, además de proteger los datos del paciente y evitar su identificación.

     

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