

ESPAÑA
COLABORACIÓN INTERNACIONAL PARA ACELERAR DIAGNÓSTICOS EN ENFERMEDADES RARAS: RESULTADOS DEL PRIMER HACKATHON ÚNICA
España impulsa un modelo colaborativo para resolver casos sin diagnóstico: éxito del primer Hackathon Iberoamericano de Enfermedades Raras no Diagnosticadas.
Murcia se convirtió en octubre de 2025 en el epicentro de la innovación diagnóstica en el campo de las enfermedades raras gracias al «I Únicas Hackathon Iberoamericano de Enfermedades Raras no Diagnosticadas», un encuentro pionero que reunió a más de 140 especialistas de Europa e Iberoamérica para abordar casos complejos que llevaban años sin diagnóstico.
Organizado por el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca (IMIB-UMU), en el marco del II Congreso Iberoamericano de Genética Médica y Medicina Genómica, el hackathon contó con la participación de genetistas clínicos y de laboratorio, asesores genéticos, bioinformáticos y otros expertos que trabajaron intensamente durante 48 horas para analizar la información clínica y genómica de pacientes sin diagnóstico pese a años de pruebas previas.
El diagnóstico no es todo, pero lo cambia todo, porque sin diagnóstico no conocemos cómo evolucionará la enfermedad ni sabemos cómo tratarla de forma precisa para mejorar la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes, explicó Encarna Guillén, jefa del Área de Genética del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y directora estratégica del proyecto Únicas.
Un modelo colaborativo con vocación de continuidad
Este encuentro pionero surgió dentro de la red Únicas, una red nacional de hospitales coordinada por el Ministerio de Sanidad y apoyada por instituciones como FEDER, CIBERER y el programa IMPACT Genómica.
El hackathon forma parte de una estrategia para reducción de tiempos de diagnóstico, que en España supera de media los seis años, y para promover prácticas colaborativas interdisciplinares que puedan incorporarse al ámbito asistencial.
La iniciativa no solo dio respuestas inmediatas, sino que también propició la creación de una red internacional de expertos en técnicas ómicas avanzadas y abrirá la continuidad de trabajo coordinado para los seis casos sin diagnóstico definitivo, con varios con sospecha diagnóstica pendiente de confirmación.
Además, este hackathon se destacó por incluir por primera vez casos no diagnosticados procedentes de Iberoamérica, ampliando su impacto más allá de las fronteras españolas y reforzando el compromiso con la equidad en el acceso a diagnósticos complejos.
Un modelo que podría transformar la atención en enfermedades raras
El éxito de esta iniciativa apunta hacia la utilidad de modelos de colaboración intensiva e interdisciplinar para resolver casos que tradicionalmente quedan sin respuestas, y marca un precedente para futuras acciones en el campo de las enfermedades raras y la medicina genómica en España y el entorno iberoamericano.
Más información: Salud y Medicina
ESPAÑA
ESPAÑA APLICA POR PRIMERA VEZ UNA TERAPIA GÉNICA PARA UNA ENFERMEDAD ULTRA-RARA EN UN HOSPITAL DE REFERENCIA
España ha dado un paso destacado en el tratamiento de enfermedades raras con la aplicación por primera vez, en octubre de 2025, de una terapia génica experimental para la paraplejia espástica hereditaria tipo 50 (SPG50) en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.
El paciente, un niño de tres años con esta enfermedad neurodegenerativa extremadamente poco frecuente, con solo alrededor de 100 casos diagnosticados en todo el mundo, recibió un tratamiento basado en modificación genética diseñado para frenar el avance de los síntomas y mejorar su pronóstico funcional.
Esta intervención se realizó en colaboración entre el hospital barcelonés, acreditado como centro de referencia (CSUR) para enfermedades neuromusculares, y la Columbus Children’s Foundation, poniendo de manifiesto la importancia de la cooperación entre centros especializados y organizaciones de apoyo para impulsar tratamientos innovadores en nuestro país.
La iniciativa representa un avance significativo en la ciencia clínica española y abre nuevas esperanzas para pacientes con enfermedades ultra-raras sin opciones terapéuticas disponibles, consolidando a España como un entorno activo en la adopción de terapias avanzadas para patologías minoritarias.
Más información: Hospital Sant Joan de Déu
En la imagen: La Dra. Laura Carrera y el Dr. Andrés Nascimento con
Daniel, un paciente con la enfermedad ultrarrara SPG50
en Sant Joan de Déu.
EUROPA
UN NUEVO IMPULSO GLOBAL PARA LAS ENFERMEDADES RARAS: RARE DISEASES MOONSHOT
La industria farmacéutica europea participa en una nueva alianza internacional denominada Rare Diseases Moonshot para acelerar la investigación de patologías poco frecuentes.
La iniciativa agrupa a siete entidades, entre ellas la Federación Europea de la Industria Farmacéutica (Efpia), la Infraestructura Europea de Medicina Traslacional (Eatris), la Red Europea de Infraestructuras de Investigación Clínica (Ecrin), la Confederación Europea de Empresarios Farmacéuticos (Eucope), EuropaBio, la Organización Europea de Enfermedades Raras (Eurordis) y el Critical Path Institute (C-Path).
El plan busca aunar conocimiento, mejorar la colaboración público-privada y reducir la fragmentación de la investigación en este campo, donde el 95% de las más de 7.000 enfermedades raras aún no tiene tratamiento. La alianza pretende impulsar la investigación traslacional, optimizar ensayos clínicos y desarrollar infraestructuras que aceleren el camino entre diagnóstico y tratamiento para estos pacientes.
Más información: Farmaindustria.es
EUROPA
BRUSELAS AVANZA HACIA UNA DECLARACIÓN EUROPEA PARA TRANSFORMAR EL ABORDAJE DE LAS ENFERMEDADES RARAS
Del 9 al 11 de diciembre de 2025 se celebró en Bruselas HLM Rare 2025, un encuentro de alto nivel que reunió a responsables políticos, líderes de las Redes Europeas de Referencia (ERN), asociaciones de pacientes, investigadores y representantes de la industria.
El objetivo central del evento fue impulsar los trabajos hacia una Declaración Europea para la innovación y la atención en enfermedades raras y complejas, un marco común para mejorar el diagnóstico, el acceso y la investigación en todo el continente.
Entre las prioridades destacadas se encuentran:
Este impulso político a nivel europeo se considera un paso decisivo para reducir desigualdades y acelerar el acceso al diagnóstico y tratamiento en las más de 6.000 enfermedades raras identificadas.
Más información: fhef.org/news/hlm-rare-2025/
INTERNACIONAL
ITVISMA: TERAPIA GÉNICA DE REEMPLAZO AMPLIADA PARA LA ATROFIA MUSCULAR ESPINAL (AME) RECIENTEMENTE AUTORIZADA POR LA FDA
La aprobación se basa en los ensayos clínicos STEER (pacientes nuevos) y STRENGTH (pacientes que ya recibían tratamiento). Mostró mejoras estadísticamente significativas en la función motora y la estabilidad de las capacidades motoras en pacientes de 2 a 18 años.
Representa un avance crucial, ofreciendo una tercera vía terapéutica (junto con tratamientos modificadores como Spinraza y Evrysdi) para abordar la AME desde diferentes enfoques. Permite estrategias más personalizadas y el acceso a terapias génicas transformadoras para personas que antes no calificaban para ellas.
En resumen, Itvisma es una innovación importante que extiende los beneficios de la terapia génica a una población más amplia de pacientes con AME, ofreciendo una única dosis con entrega dirigida a las neuronas motoras.
Más información: Fundame.net
INTERNACIONAL
DESARROLLAN LA PRIMERA INTELIGENCIA ARTIFICIAL CAPAZ DE DIAGNOSTICAR ENFERMEDADES ULTRA-RARAS SIN NECESIDAD DE INFORMACIÓN FAMILIAR
Científicos españoles y estadounidenses han desarrollado en colaboración popEVE, un modelo computacional basado en todo el proteoma humano, capaz de predecir el impacto funcional de variantes genéticas en enfermedades humanas.
Este enfoque pionero permite interpretar de manera más precisa cómo las alteraciones en la secuencia de proteínas pueden contribuir a la patogénesis de múltiples trastornos, especialmente en el contexto de enfermedades raras y ultra raras, donde la ausencia de grandes cohortes familiares ha limitado históricamente la identificación de genes causales.
Al mapear las variantes genéticas a cambios concretos en la estructura y función de las proteínas, popEVE mejora la precisión diagnóstica, facilita la detección de nuevos genes implicados en enfermedad y abre nuevas vías para el desarrollo de terapias personalizadas.
Más información en: Nature Articles
JUAN FERNANDO MUÑOZ MONTALVO
Secretario General de Salud Digital, Información e Innovación del Sistema Nacional de Salud
¿En qué punto está el Espacio Nacional de Datos de Salud (ENDS) y cómo se está desplegando en España?
JFM: El ENDS avanza como una plataforma con capacidades de almacenamiento y procesamiento seguro de datos para uso secundario en este momento centrado en los datos del SNS. A cierre de 2025, el proyecto ha desarrollado tres líneas claras: i) adquisición de infraestructura y conectividad con las CCAA, que se lleva a cabo con la Secretaría de Estado de digitalización e inteligencia artificial, ii) preparación de datos y calidad de los mismos, desarrollada en el marco del CISNS con las Consejerías de Sanidad, y iii) casos de uso dos en marcha (antimicrobianos y descompensación en EPOC) y 14 más en diferentes fases de desarrollo, todo ello coordinado desde la oficina del dato sanitario y con el apoyo de la DG de Salud Digital del Ministerio de Sanidad.
Se ha realizado el reparto de inversiones (28M€ a las CCAA) y el seguimiento de proyectos autonómicos (conectividad, normalización, trazabilidad del dato) y se ha ampliado el plazo del hito asociado en el PRTR hasta junio de 2026 para consolidar integraciones. Todo ello alineado con el Reglamento europeo del EHDS ya publicado desde marzo de 2025.
En la Estrategia de Salud Digital el ENDS es uno de los pilares, con objetivos de interoperabilidad, calidad y analítica avanzada (IA/ML/PLN), y prevé una arquitectura federada: espacios segmentados por CCAA, con un nodo central preparado para interoperar con HealthData@EU (uso secundario) y un entorno de procesamiento seguro.
¿Qué puede aportar el ENDS a la investigación, el diagnóstico y la atención en enfermedades raras?
JFM: Las enfermedades raras plantean un reto adicional en cuanto a la dispersión y escasez de información, que se traduce en dificultades para los enfermos y sus familias; el ENDS permitirá consolidar y analizar datos clínicos, genómicos, de imagen y trayectoria asistencial en un entorno controlado para:
Interoperabilidad y gobernanza ética: ¿qué mecanismos se están estableciendo?
JFM: España articula la interoperabilidad sobre estándares abiertos (HL7/FHIR, terminologías SNOMED, LOINC, ORPHA, CIE, etc.) y un Servidor de Terminologías del SNS que sincroniza recursos entre CCAA. En 2025 se registró un uso efectivo por la mayoría de las comunidades, con nuevas incorporaciones para genómica (HPO, MONDO) y vigilancia.
En gobernanza y ética de datos:
La futura ley de salud digital, cuya consulta pública previa tuvo lugar del 22 de septiembre al 20 de octubre de 2025, incluye la perspectiva ética en el uso de los datos y en la aplicación de las tecnologías digitales a la asistencia sanitaria.
¿Cómo se coordina Red ÚNICAS con la estrategia nacional de datos? ¿Qué sinergias futuras?
JFM: ÚNICAS es una red nacional de cooperación en enfermedades raras (inicialmente pediátricas) basada en HL7 FHIR R5, con arquitectura federada de nodo central + nodos autonómicos y módulos de profesional y paciente (ÚNICAS 360 y Canal ÚNICAS). No almacena datos asistenciales en el nodo central; indexa y orquesta búsquedas y comunicaciones, integrándose con los sistemas de asistenciales autonómicos.
En los nuevos programas aprobados por el CISNS para 2024–2029, se incluye ÚNICAS+, un programa que busca ampliar a nuevas patologías y grupos etarios, integrar IA y analítica avanzada, incorporar imagen y genómica, y conectar con uso secundario (ENDS) para investigación y evaluación. Varios nodos autonómicos están adjudicados y en despliegue; la fase de integración hospitalaria se extiende hasta junio 2026.
La coordinación con CSUR y con las ERN europeas potenciará la capacidad de hacer derivaciones, teleinterconsultas y revisión de casos complejos sin desplazamiento, mejorando la equidad territorial, acelerando y facilitando el diagnóstico y apoyando a las familias en su día a día.
¿Cómo contribuirá el Big Data a la evaluación económica de tratamientos y tecnologías, sobre todo en patologías minoritarias?
JFM: El Big Data permitirá pasar de ensayos y series pequeñas a evidencia en vida real (RWD/RWE) con cohortes multicéntricas:
Competencias digitales y sostenibilidad: ¿qué impulsa el Ministerio?
JFM: El Ministerio articula una Estrategia de Salud Digital (2021–2026) con seis planes y financiación que incluyen:
Todos ellos incorporan nuevos sistemas y tecnologías digitales que exigen que las CCAA diseñen itinerarios formativos de carácter permanente para sus profesionales sanitarios. El ministerio de Sanidad trabaja en plataformas que faciliten la compartición de esas actividades y mejores su difusión entre los propios profesionales. Además, la nueva Estrategia de IA para el SNS (IASNS) crea un modelo de gobernanza federado, Marketplace de algoritmos con Sello SNS, compra centralizada y contempla de manera expresa itinerarios de capacitación para profesionales (incluida orientación sobre IA generativa), con pilotos ya realizados (agentes de transcripción, cribado imagen, triaje).
Visión a medio plazo: ecosistema plenamente interoperable en España y Europa; impacto en medicina personalizada y equidad en raras
A 2027–2029, el calendario europeo prevé la implementación de:
En España, con HCDSNS + TSI/TSV + RIIMSNS (red de imagen), ÚNICAS+, SiGenES y ENDS integrados, veremos:
Referencias utilizadas
José Portolés
Jefe de Nefrología del Hospital Puerta de Hierro. Miembro del grupo BIGSEN de la Sociedad Española de Nefrología
JP: Nos pueden ayudar mucho. Hablemos de forma conceptual. ¿Qué estamos haciendo con la inteligencia artificial y con el Big Data? Estamos introduciendo una cantidad enorme de información sobre cosas que ya han ocurrido: datos de muchos países, de muchos escenarios y de múltiples situaciones clínicas. Cuando tengo un paciente con una enfermedad muy poco frecuente, mi problema como médico en la práctica diaria es que no dispongo de suficiente experiencia para comparar ese caso con otros similares. Sin embargo, gracias a esos data lakes que ya hemos mencionado, respaldados por sistemas sanitarios públicos y por regulaciones europeas, y potenciados por una capacidad de análisis extraordinaria, puedo tomar a mi paciente y compararlo con otros pacientes similares. En mi experiencia cotidiana, en los últimos cinco años quizá no haya visto suficientes casos que se parezcan; pero en una fuente que acumula información de muchos países y miles de pacientes, sí voy a encontrar un número mucho mayor de casos comparables. Esto nos permite prever cómo puede evolucionar nuestro paciente en función de cómo han evolucionado pacientes parecidos. El objetivo es anticiparnos a la progresión de la enfermedad y evitar complicaciones.
Aunque no es exactamente una enfermedad minoritaria, me gustaría comentar dos ejemplos. El primero procede del ámbito del trasplante renal. Existe una herramienta de inteligencia artificial ya registrada como herramienta terapéutica, aunque no sea un fármaco, llamada iBox. iBox es una herramienta desarrollada durante muchos años en Francia, que integra datos genéticos, datos de biopsias, datos clínicos y datos de evolución del paciente. Cuando tengo un paciente problema, lo enfrento a esa “caja” de inteligencia artificial y el sistema busca, por comparación, a qué situaciones previas se parece. Me ayuda a identificar qué le está ocurriendo realmente al paciente y cuál es el mejor manejo posible. Pensemos que en trasplante renal el reto es lograr una inmunosupresión equilibrada: suficiente para evitar el rechazo, pero sin excedernos, porque ello incrementaría el riesgo de infecciones o tumores. Ese equilibrio delicado, anticipar un rechazo o identificar sus fases iniciales sin recurrir a una dosis excesiva de inmunosupresión, es precisamente lo que permite afinar iBox. En España ya se está trabajando con biopsias de protocolo programadas, datos genéticos, datos del donante y del receptor, y el historial clínico completo del paciente. Toda esa información se integra en el sistema, que, a partir de decenas de miles de casos comparables, predice con un grado de acierto notable qué es lo que puede suceder.
El segundo ejemplo procede del propio grupo BIGSEN, donde se están desarrollando algoritmos para identificar qué pacientes con enfermedad renal crónica van a progresar más con rapidez, especialmente en aquellos que disponen de datos genéticos.
En definitiva, la inteligencia artificial, gracias a su enorme volumen de información y a su capacidad de análisis, nos permite predecir qué puede ocurrirle a un paciente en función de lo que ya les ha ocurrido a muchos otros pacientes muy similares.
La construcción de ecosistemas de datos requiere la implicación de clínicos, economistas, informáticos y gestores. ¿Cómo se está abordando esta colaboración en el ámbito nefrológico y qué papel deberían jugar las sociedades científicas?
JP: Esto solo se concibe como un esfuerzo multidisciplinar. No se trata de un nefrólogo con curiosidad por la genética o de un genetista al que le gusta la informática y programa: se trata de equipos multidisciplinares con clínicos, genetistas, investigadores e ingenieros de datos. Desde hace algunos años existen titulaciones específicas en bioinformática, profesionales cuyo objetivo es precisamente unir estas dos disciplinas, la informática y el análisis de datos, con conocimientos básicos de biología y clínica. Por tanto, este trabajo solo puede entenderse como un esfuerzo multidisciplinar.
El papel de las sociedades científicas es fundamental. Son garantes e integradoras del trabajo. Existen convocatorias específicas de investigación y financiación de instituciones como el Instituto de Salud Carlos III, que lidera la investigación sanitaria pública en este país. Hay convocatorias especializadas en medicina personalizada y en transformación digital, y las propias sociedades científicas también cuentan con fuentes de financiación, aunque más modestas. Pero su papel como garantes e integradoras del trabajo es clave.
Aquí me gustaría ampliar un poco el foco más allá de las enfermedades minoritarias hacia algo que afecta a toda la población. Hay dos grandes retos hoy en día. Uno es estudiar las enfermedades minoritarias poco conocidas siguiendo un enfoque “de abajo arriba”: llega un caso de un paciente con una enfermedad que no se parece a nada, que tiene un componente genético y que debemos investigar para identificar qué hay detrás y cómo tratarlo. Todo lo que estamos comentando sobre Big Data nos ayuda a buscar casos similares.
Pero hay un abordaje global aún más relevante. No sé si sabe que, entre los pacientes que inician hemodiálisis en este país cada año, aproximadamente un 20 % tiene una enfermedad renal crónica no filiada. ¿Por qué? Porque llegan al diagnóstico en fases finales, cuando ya no es posible identificar qué ha dañado sus riñones. En ese 20 % de pacientes, se estima que hasta un 30 % tiene un componente genético. Uno de los grandes retos que se han marcado las sociedades científicas hoy es utilizar el Big Data y la inteligencia artificial para reducir esa incertidumbre. Se trata de identificar a estos pacientes que han llegado a diálisis sin diagnóstico, muchas veces porque su enfermedad ha sido silente, con pocas manifestaciones clínicas, para tratarlos de forma más adecuada.
La Sociedad Europea de Nefrología ha publicado recientemente una iniciativa cuyo objetivo es reducir el número de pacientes con enfermedad renal crónica no filiada. Lo que están haciendo es crear un espacio compartido de datos con un informe estándar en el que se registra toda la información renal disponible en el momento en que un paciente accede al nefrólogo: la biopsia, si existe, aunque a veces no aporta información porque llega tarde y solo muestra cambios avanzados; el estudio genético, si se ha realizado; y todos los datos de laboratorio asociados. Este caso se incorpora a un conjunto de casos no definidos, que se revisan periódicamente para evaluar si los nuevos avances permiten asignar un diagnóstico más preciso.
Algunos pacientes con enfermedades minoritarias, como el síndrome hemolítico urémico, pueden haber pasado desapercibidos o haber sido mal clasificados como otra patología que terminó destruyendo el riñón y llevando al paciente a diálisis. Si no sabemos que ese paciente padece un síndrome hemolítico urémico, estará en grave riesgo de perder un trasplante renal. No voy a poder recuperar su riñón, pero sí podré trasplantarlo con mayor seguridad si lo identifico correctamente.
En otras patologías, como la enfermedad de Fabry, las alteraciones enzimáticas comienzan en fases muy precoces, incluso en la infancia, y pueden pasar inadvertidas, provocando después una progresión renal y cardiovascular acelerada. El paciente llega a diálisis sin diagnóstico. No podremos sacarlo de diálisis, pero sí podremos proteger su corazón y evitar que fallezca por un problema cardiovascular.
En España están trabajando en esta línea el grupo BIGSEN, el grupo de enfermedades hereditarias y el grupo europeo. Y quiero destacar que, actualmente, la Sociedad Europea de Enfermedad Renal (ERA, por sus siglas en inglés, European Renal Association) está presidida por una española, la doctora Roser, experta en enfermedades hereditarias. Es la primera mujer en ocupar el cargo, y lo más relevante: es una especialista española que lideró el grupo de nefropatías hereditarias de la SEN. Por tanto, creo que vienen buenos tiempos para avanzar simultáneamente en dos líneas: reducir la incertidumbre diagnóstica en los pacientes renales no filiados y desarrollar el conocimiento y la colaboración en las enfermedades minoritarias. Estoy seguro de que ella, como presidenta, impulsará durante su mandato estas líneas de investigación.

Finalmente, ¿qué pasos considera esenciales para consolidar el uso de Big Data en la investigación y evaluación económica de las enfermedades renales raras en España, garantizando su sostenibilidad a largo plazo?
JP: Lo primero es la infraestructura. Hay que consolidar redes, y esto ya está avanzando y es una realidad hoy en día. Es necesario fortalecer redes de investigación como la que hemos mencionado en pediatría, la Red Únicas, o conectar los registros nacionales con los registros europeos para crear plataformas de repositorios federados que operen entre sí.
En segundo lugar, la financiación. Hay que invertir dinero, y hay que hacerlo con visión, con proyección a muchos años, sabiendo que la inversión que realizamos ahora la recuperaremos en forma de reducción de enfermedad, mejora de calidad de vida, incremento de supervivencia y, en última instancia, en un sistema más coste-eficiente y sostenible. La financiación tiene múltiples vías, pero es esencial que la sanidad pública disponga de modelos de continuidad que garanticen la sostenibilidad en el tiempo.
El tercer paso es la gobernanza ética. Hay que regular todo este proceso. Pensemos que estamos hablando de integrar y analizar todos los datos en conjunto, algo que puede generar recelos sobre la pérdida de libertad o el uso indebido de la información. Lo que hay que hacer no es dejar de compartir datos, sino compartirlos bajo una regulación adecuada y con una gobernanza ética sólida: marcos claros sobre el consentimiento del paciente, la posibilidad de retirar ese consentimiento, límites para el uso secundario de los datos y revisión constante de los algoritmos que los manejan. En este punto, Europa es mucho más reguladora que Estados Unidos o China. Esto nos hace avanzar más despacio, pero también de forma más segura. En las manos equivocadas, los datos de salud pueden ser peligrosos para la población. Imagine que la empresa a la que pido una hipoteca o un seguro conoce que tengo una alteración genética que acortará mi vida: podría elevarme los intereses o directamente negarme el seguro. Por eso son necesarios infraestructura sólida, financiación estable, gobernanza ética y liderazgo intelectual de los mejores. Ahí es donde entran los centros de referencia en España, los CSUR, y, a nivel europeo, las redes de referencia.
Todo esto describe cómo funciona la maquinaria. Hay que considerar además a quienes van a utilizarla: los profesionales. Cualquier médico, no solo quienes trabajan en centros altamente tecnológicos, necesita formación continua y herramientas sencillas que le permitan saber cómo actuar con un paciente complejo. Lo comentábamos antes: las enfermedades minoritarias contactan muchas veces con atención primaria o con especialistas en hospitales no de referencia. Es difícil que un profesional pueda resolver solo situaciones tan complejas. Debe saber a qué recursos recurrir, qué centros CSUR pueden atender al paciente, cuándo pedir una segunda opinión y qué opciones puede ofrecer.
Y el último elemento, fundamental, es la participación del paciente. Todo esto se hace por el paciente; todos acabaremos siendo pacientes en algún momento. Yo mismo ya he estado al otro lado. La participación del paciente da sentido a toda esta estrategia y es imprescindible incorporar a las asociaciones de pacientes de enfermedades minoritarias o renales, muy potentes en España, a la toma de decisiones y a la revisión de la gobernanza, para garantizar transparencia y confianza.
En resumen, los pilares esenciales son: infraestructura, financiación estable, gobernanza ética, formación continuada para todos los sanitarios y participación del paciente.
Sin estos pilares, la innovación tecnológica no se traducirá en mejoras reales para los pacientes.
Es un tema apasionante, con muchas facetas. Podríamos hablar horas de esto. Pero debemos tener claro mi mensaje final: el ser humano se enfrenta a una nueva revolución tecnológica, que es el Big Data y la inteligencia artificial. Tenemos que tomar las riendas para mejorar nuestro sistema sanitario y dar más oportunidades a nuestros pacientes. No hay marcha atrás: no podemos caer en el “terraplanismo” tecnológico. Debemos guiar esta evolución para que sea provechosa, ética y segura.
Javier Turumbay
Sociedad española de informática de la salud (SEIS)
Desde la SEIS se promueve la digitalización del sistema sanitario español. ¿Cómo valora el papel actual de la informática de la salud en el impulso de los espacios de datos y la investigación en enfermedades raras?
JT: El papel actual de la informática de la salud y de las TIC es estratégico y es, además, paradigmático del principio de que las tecnologías son el sustrato de lo que hemos venido llamando la transformación digital. De hecho, se dice que la transformación sanitaria o será digital o no lo será. Es importante citar, en todo lo relacionado con enfermedades raras, el punto de inflexión que supuso la llegada de fondos europeos después de la pandemia. Ha llegado mucha financiación, con muchos proyectos y, sobre todo, el principal: se ha establecido con el Ministerio de Sanidad y con las comunidades autónomas un nuevo modelo de gobernanza que va demostrando sus éxitos.
Estos proyectos surgieron inicialmente del Plan de Sostenibilidad y Mejora de la Eficiencia; luego llegó el Plan de Transformación Digital de Atención Primaria, con siete grupos de trabajo. El Grupo 6 es el que ha dado lugar, con financiación adicional, al Programa de Atención Digital Personalizada, con el objetivo de mejorar la accesibilidad y la operatividad de los servicios asistenciales, involucrando al paciente en su propio cuidado y complementando la atención presencial con herramientas digitales.
Dentro de este programa de Atención Digital Personalizada se incluye el Programa Únicas. Además, Únicas se va a nutrir, de otros proyectos y programas también financiados, como el de Interoperabilidad de imagen médica, el de Inteligencia artificial o el de Medicina genómica. Además, va a tener más sinergias y más potencia al estar relacionado directamente con el Espacio Nacional de Datos de Salud y con otros proyectos que ya estaban en marcha, pero que se quieren potenciar, como es toda la extensión de las escalas de valoración del paciente: PREMs, PROMs, etc.
No hay que olvidar que ya tenemos experiencia en programas colaborativos entre las comunidades autónomas y el Ministerio, como la Historia Clínica Digital del Sistema Nacional de Salud y las Receta Electrónica, que llevan más de una década en producción y son un modelo a seguir en otros países.
También quiero decir que, como representante de la Sociedad Española de Informática de la Salud, la SEIS supone un foro privilegiado de colaboración entre entidades sanitarias públicas (incluyendo el Ministerio de Sanidad), privadas, proveedores tecnológicos, sociedades científicas, universidades y centros de investigación.
Uno de los grandes retos en el ámbito del Big Data sanitario es la interoperabilidad. ¿Qué avances y desafíos identifica en España para lograr espacios de datos federados que permitan compartir información entre hospitales y redes como la Red Únicas?
JT: Siempre que hablo de interoperabilidad, me gusta hacer el símil con la música y las orquestas. Sabíamos, desde hace tiempo, que cada comunidad “tocaba” en una tonalidad diferente, y sabíamos que si tocábamos todos juntos aquello no iba a sonar bien: no estábamos afinados.
Por desgracia, esta disonancia y falta de afinación entre comunidades (e incluso dentro de una misma comunidad) se puso de manifiesto en la pandemia. Ahí escuchamos como nunca ese “ruido” de la diversidad y fragmentación de los sistemas, que tantos problemas nos dio para interoperar entre diferentes comunidades.
Únicas, desde el principio, nace con la solución (o con los proyectos de solución) a este problema. Tiene plenamente en cuenta la realidad de los diferentes entornos tecnológicos entre comunidades y entre hospitales, y está trabajando directamente en la interoperabilidad. Únicas, además, supone una palanca de transformación tecnológica: se ha creado una guía FHIR basada en el estándar de interoperabilidad HL7, que define la mensajería de información clínica. El avance es enorme.
No hay que olvidar que estos estándares deben basarse en la calidad de los datos. Necesitamos sistemas con datos de alta calidad. El principal desafío no es tanto tecnológico, sino de interoperabilidad semántica. En este sentido, en Únicas se han desarrollado repositorios y portales de activos. Dispone además de una plataforma Únicas 360 para profesionales y de otra para pacientes y familiares. Es un reto enorme, pero que merece muchísimo la pena, porque el objetivo es poner al paciente en el centro: que el paciente no se mueva, que se muevan los datos. Especialmente en pacientes infantiles, que no deben ir de un especialista a otro; debe ser el sistema sanitario el que gire alrededor de ellos. Este es el primer escenario colaborativo, y estoy seguro de que será un éxito en lo que llamamos medicina personalizada.
También quiero destacar la innovación técnica y organizativa: por primera vez será una comunidad autónoma, Cataluña, la que desarrolle la tecnología para el resto. Esto supone un salto respecto al modelo previo de proyectos colaborativos impulsados con fondos europeos. Además, hay que integrar proyectos como imagen médica, espacio de datos sanitarios, fármacos, genómica, etc. Y no olvidar que sin interoperabilidad no hay seguridad, como advierte la Agencia Española de Protección de Datos.
El uso secundario de los datos de salud plantea cuestiones sobre privacidad y confianza. ¿Qué marcos o estrategias considera necesarios para garantizar un uso ético y seguro de los datos clínicos en investigación?
JT: En cuanto a los marcos normativos, ya están hechos. Podemos citar el Reglamento General de Protección de Datos, el Reglamento del Espacio Europeo de Datos, el Reglamento de Inteligencia Artificial y el de Productos Sanitarios. Por lo tanto, los marcos están; lo que queda ahora es el reto de desarrollarlos. En cuanto a las estrategias, por resumir, empezaría diciendo que el primer tema es reducir el riesgo de reidentificación de los pacientes. Para ello tenemos que garantizar la normalización de los datos o, en su caso, la seudonimización o anonimización.
También tenemos que innovar mucho, en este caso en las bases alternativas legales que tenemos al consentimiento informado. Hablamos de consentimientos informados dinámicos, en los cuales el paciente puede, en un momento dado, revocar todas sus decisiones conforme a su voluntad sobre el tratamiento que quiere que se haga con sus datos. No hay que olvidar que dentro del Reglamento del Espacio Europeo de Datos una de las ideas troncales es el empoderamiento del paciente: el paciente va a ser soberano para hacer lo que quiera con sus datos y va a tener el derecho a que las administraciones le proporcionen las herramientas necesarias para que esa decisión pueda tomarla de manera rápida y cuando él quiera.
También hay que avanzar en el consentimiento informado por representación. Y todo esto bajo un paraguas que es clave: la confianza. Hay que generar confianza en la ciudadanía y en los pacientes para que estos proyectos sigan adelante.
Quiero poner un ejemplo que escuché en uno de los últimos foros que hemos tenido en la SEIS. Se hablaba de este tema y representantes (pacientes e incluso personas que habían trabajado con pacientes y familias con enfermedades raras) comentaban que están tan concienciados de que los datos no solo salvan vidas, sino que pueden mejorar la salud y la vida de estas familias y darles esperanza, que prácticamente de forma unánime afirmaban que “regalarían” sus datos en favor de la investigación y de estos proyectos que abren vías de esperanza para pacientes y familias.
Relacionado con la concienciación está la gobernanza, que tiene que ser transparente, con un registro público de quién accede a los datos y con qué fin. Directivas ya tenemos, vienen de Europa y marcan esta gobernanza. Tenemos que definir la autoridad nacional central (en este caso, el Ministerio de Sanidad) y cómo se gobierna todo el sistema, junto con las oficinas de datos de las diferentes comunidades autónomas. Algunas ya las tienen formadas; otras están en vías de formación.
Nunca nos cansaremos de insistir en la importancia de la formación y de la información en todo el proceso relacionado con la gestión de datos en cómo formar a estos gestores de la información. Desde que se solicita hasta todos los pasos administrativos y técnicos necesarios para que esos datos puedan convertirse en conocimiento. Es necesaria la formación continuada en protección de datos de todos los administradores clínicos.
Y, por finalizar, es necesario realizar evaluaciones de impacto y establecer, como en el caso de Únicas, modelos federados de datos: que los datos se queden en los sitios, que no viajen los datos, que solo viaje el conocimiento.
El uso de la inteligencia artificial y los algoritmos predictivos están revolucionando la atención médica. ¿Cómo pueden aplicarse estas herramientas en enfermedades raras tanto para el diagnóstico temprano como para la evaluación del impacto de nuevas terapias?
JT: No debemos olvidar que, cuando hablamos de Únicas, no hablamos solamente de enfermedades raras, sino también de pacientes con sospecha de padecer una enfermedad rara. Estamos hablando de una cantidad muy grande de pacientes y ciudadanos, a pesar de que cada una de estas enfermedades tenga pocos casos; aunque hablamos de más de 7.000 enfermedades raras en España, se calcula que hay más de 3.000.000 de pacientes. Si a eso sumamos los pacientes que se encuentran en sospecha de tener una enfermedad rara, estamos hablando de una cantidad muy considerable.
Cuando hablamos de inteligencia artificial, ahora mismo, con Únicas y en este escenario, nos encontramos en una situación privilegiada para el desarrollo de futuras herramientas basadas en inteligencia artificial y en las nuevas tecnologías. Es privilegiada porque está estratégicamente alineada; no podría estar mejor posicionada, ya que el proyecto Únicas es un proyecto que ya ni siquiera depende únicamente del Ministerio de Sanidad, sino del propio Consejo Interterritorial de Salud. Están identificadas las necesidades específicas, está definido el valor de la solución en el escenario concreto, y está determinado el alcance desde el inicio. Esto, creo, es un gran acierto. Se ha comenzado no con todas las enfermedades raras, sino con cuatro casos de uso, cuatro enfermedades, con sus modelos de datos y todo lo necesario establecido para empezar, aprender de esos cuatro casos y posteriormente poder escalar al resto. Hacer las cosas poco a poco es, normalmente, lo que hace que estos proyectos tengan éxito.
La tecnología es la adecuada y se dispone de talento y de implicación por parte de los profesionales. Tenemos el escenario ideal para contar con una cantidad suficiente de datos que permita disponer de una base sólida para el desarrollo de inteligencia artificial. Una vez que tenemos esos datos, contamos con muchísimas herramientas a nuestra disposición, cada vez más avanzadas, como puede ser el procesamiento masivo de datos clínicos y ómicos, no solo genómicos, sino también transcriptómicos, proteómicos, etc. También disponemos de todos los sistemas de procesamiento del lenguaje natural, sistemas basados en modelos de deep learning y transformers, como el conocido GPT y otros similares. Aquí conviene destacar, en relación con la IA generativa, las experiencias que aún se encuentran en fase experimental. Estas comenzaron en la Comunidad de Madrid y, actualmente, ya se han extendido a otras comunidades, como Aragón, para utilizar estos asistentes para los médicos de atención primaria, a la hora de identificar y ayudar en el diagnóstico de enfermedades raras. Nos va a permitir disponer de bases de datos con una n suficiente. Este es el gran problema de la investigación en enfermedades raras: no contamos con un número suficiente de casos, y los que existen están muy disgregados. Esto lo vamos a poder tener a nuestra disposición: sistemas que congreguen y agrupen a todos estos pacientes.
En cuanto a la evaluación del impacto de las nuevas terapias, contamos con modelos predictivos para resultados clínicos, como la estimación de la posible respuesta a un tratamiento o de los efectos secundarios. Hablamos de ámbitos tan amplios como la farmacogenómica, entre otros. Podemos disponer de entornos de simulación de cohortes pequeñas en ensayos clínicos, cohortes adaptadas específicamente a las enfermedades raras, así como de la identificación de nuevas indicaciones para fármacos ya existentes o incluso posibles acortamientos de los plazos necesarios para validar nuevos tratamientos.
Por tanto, vamos a tener a nuestro alcance herramientas muy potentes. Pero, como comentábamos, y como decía un ponente, creo, en las últimas jornadas celebradas en Málaga, la clave de toda esta medicina personalizada y de Únicas, que es ahora mismo el buque insignia de todos estos proyectos colaborativos, no va a estar tanto en la parte técnica que se da por supuesta y que, entre comillas, podemos considerar relativamente sencilla, sino en la gobernanza de toda esta complejidad.
En este número queremos analizar cómo el Big Data puede apoyar la evaluación económica y la toma de decisiones. ¿Qué papel cree que pueden jugar los grandes conjuntos de datos en la estimación del coste, la efectividad, el impacto presupuestario o el valor social de las intervenciones?
JT: En cuanto a la estimación de la coste-efectividad, estamos hablando de que el mundo del Big Data nos va a permitir ir más allá de los modelos basados en ensayos clínicos y enriquecer todos los modelos económicos con datos adicionales, como los procedentes de dispositivos médicos wearables, sistemas de sensores, redes sociales, etc. Se podrán estimar con mucha mayor precisión los costes y los beneficios de los distintos subgrupos de pacientes. En el caso de las enfermedades raras y de Únicas, se trata de un ejemplo paradigmático, ya que también permitirá reducir de forma significativa la incertidumbre y mejorar en gran medida los análisis de sensibilidad.
En cuanto al impacto presupuestario, las proyecciones podrán ser mucho más precisas porque la prevalencia será mucho más real. Podremos conocer en tiempo real la adopción de nuevas tecnologías y el uso de los recursos sanitarios. Asimismo, será posible segmentar poblaciones y determinar qué grupos consumen más o menos recursos. Con este tipo de sistemas, también estamos en disposición de crear modelos que simulen diferentes escenarios financieros, con distintas políticas de acceso o de cobertura.
Finalmente, en lo que respecta al valor social de las intervenciones, podremos capturar resultados centrados en el paciente, como la calidad de vida, la productividad laboral o la carga de cuidados. Es decir, incorporamos al propio paciente directamente en las decisiones que se tomen. Hablamos, por ejemplo, de sistemas de minería de datos en redes sociales que permiten incorporar la voz de los pacientes, complementando las escalas normalizadas que ya existen (PREMs, PROMs, etc.). De este modo, también será posible realizar análisis de equidad que permitan estudiar cómo las intervenciones afectan a distintos grupos socioeconómicos, geográficos o étnicos.
El desarrollo de infraestructuras de datos compartidas requiere colaboración entre administraciones, centros sanitarios, universidades y empresas tecnológicas. ¿Cómo puede fomentarse esta cooperación y qué papel debería desempeñar la industria en ella?
JT: Toda esta colaboración ya está prevista en el propio Espacio Nacional de Datos de Salud. Si observamos el esquema que muestra cómo se estructura este espacio, la verdad es que abruma, porque la complejidad y la amplitud de los objetivos son enormes. El propio Reglamento del Espacio Europeo de Datos aboga por un desarrollo gradual de todos los proyectos. Estos engloban todo tipo de datos, no solo los de salud; se calcula que los datos sanitarios suponen el 30 % del total, y vamos camino de llegar, más pronto que tarde, al 40 %.
Lo primero que hay que hacer es un reconocimiento de la situación actual. Esto nos llevará a realizar un análisis de riesgo muy preciso antes de poder iniciar cualquier proyecto de este tipo. El reconocimiento de la situación actual pasa por asumir que no hemos sabido llevar estos proyectos a la práctica, salvo iniciativas muy locales y de alcance muy limitado (en las que sí ha habido y hay experiencias de éxito). En general, los grandes proyectos colaborativos y transversales no han tenido éxito por múltiples causas, que pueden resumirse en que, muchas veces, las estrategias no están alineadas, existe fragmentación de los sistemas, hay numerosos actores implicados y falta de políticas coherentes.
En cuanto a la normativa, disponemos de marcos para espacios de datos, de dispositivos médicos, de inteligencia artificial y otros que regulan la gobernanza, como la Autoridad de Salud, las oficinas de datos o los organismos de acceso a datos, cada uno con diferentes roles. Ahora lo que queda es ponerlo en marcha. Necesitamos incentivos: incentivar a las personas y a las organizaciones que lo hacen bien, a aquellas instituciones que generan datos de calidad. Tenemos que innovar en el reconocimiento y en el incentivo de este tipo de iniciativas.
Necesitamos plataformas colaborativas, tanto a nivel internacional como nacional. Un ejemplo es la plataforma EDHEN, que está permitiendo que las diferentes comunidades nos vayamos sumando a la codificación OMOP para el uso secundario de datos a nivel europeo.
Hay que promover plataformas y estructuras federadas que nos permitan compartir datos sin moverlos físicamente. En esto, como hemos comentado, Únicas es un buen ejemplo.
Necesitamos también itinerarios formativos conjuntos. Por ejemplo, es muy complicado trasladar proyectos o trabajos que nacen en las universidades o centros tecnológicos a la aplicabilidad clínica diaria. Hay que promover una cultura de datos abiertos y reutilizables, de compartir y replicar las experiencias de éxito.
En cuanto al papel que desempeña la industria tecnológica, me gusta citar (por su trayectoria y por el tiempo que llevan trabajando) a las empresas que proveen dispositivos para pacientes diabéticos. Llevan mucho tiempo y nos han dado un ejemplo de cómo las tecnológicas pueden llegar a todo, incluso a la formación de los profesionales y de los propios pacientes. Su papel es también crítico a nivel técnico. Por supuesto, deben ofrecer soluciones tecnológicas de integración con los sistemas, así como sistemas de análisis y visualización de datos. Estas soluciones deben ser seguras, escalables, con trazabilidad, y constituirse en un socio estratégico para las organizaciones sanitarias. Deben proveer sistemas de innovación, inteligencia artificial, modelos predictivos e infraestructuras sostenibles. Y, para finalizar, deben estar con nosotros en este sistema, que debe ser un sistema comprometido con la ética y en el que participen activamente todos los comités éticos y de gobernanza de datos.
Desde su experiencia en la SEIS, ¿cómo imagina el futuro de los datos en salud? ¿Qué pasos deberían darse para que España aproveche todo el potencial del Big Data y la analítica avanzada en beneficio de las personas con enfermedades raras?
JT: Aquí retrotraería un poco la mirada a diez años atrás: cómo estábamos y cómo estamos ahora. Estamos muchísimo mejor que hace diez años, pero sí es cierto que aquellas grandes expectativas que teníamos entonces no se han cumplido en muchos casos por distintas razones.
Creo que aquí debemos tener un cierto punto de humildad y, sobre todo, asumir el reto de no repetir errores. Tenemos que aprender de los fallos que hemos cometido, especialmente en lo que tiene que ver con la falta de transformación digital. Hemos digitalizado la asistencia, hemos digitalizado los registros que teníamos, pero no hemos transformado los procesos clínicos y asistenciales, y esto es algo que debemos haber aprendido para no repetirlo.
La primera previsión, para mí, es sencilla, porque basta con trasladar lo que han dicho quienes ahora mismo ostentan la responsabilidad del proyecto Únicas: el primer objetivo es que, a finales del año 2025, todas las comunidades estén conectadas al nodo central de Únicas y que, en junio de 2026, todas estén operativas. Esto es simplemente recoger lo que nos transmiten nuestros compañeros y líderes del proyecto.
Los avances van a ser enormes. Habrá sinergias en ámbitos muy potentes, como la ciencia de datos y la inteligencia artificial, la neurobiología o la nanotecnología, que nos brindarán posibilidades que hasta ahora eran bastante inimaginables. Pero tenemos varios talones de Aquiles que debemos identificar y controlar: la formación de los profesionales, la gestión del cambio y la gobernanza. Como he comentado, resulta paradigmático, y contradictorio a la vez, que todos los fondos europeos que han llegado obviasen la formación y la necesidad de personas para llevar a cabo todos esos proyectos tecnológicos.
Necesitamos seguir trabajando conjuntamente todas las comunidades autónomas, bajo el liderazgo del Ministerio de Sanidad. Necesitamos un modelo que perdure más allá de las futuras financiaciones que pueda o no haber, y que en algún momento dejarán de proceder de Europa. Hay que seguir manteniendo y potenciando las sinergias con todas las entidades colaboradoras, públicas y privadas. Hay que mantener la ilusión por el proyecto, un proyecto en el que están implicados más de 150 profesionales. Esto solo puede ser una garantía de éxito.
Debemos sacar a Únicas y a todos estos proyectos tan estratégicos de la variabilidad política y del cortoplacismo que marcan los periodos electorales. En ese sentido, es necesario formar cada vez más a gestores y a altas direcciones para que den continuidad a todo ello.
Es necesario y primordial aumentar la inversión en tecnologías. El último informe de la SEIS señala que ha habido una reducción del 4 % en el presupuesto de las comunidades autónomas durante el último año, y además indica que solo se dedica prácticamente un 1 % del presupuesto sanitario a tecnologías, el porcentaje más bajo desde el año 2012.
Por tanto, veo un escenario mucho mejor que el de hace unos años, pero teniendo en cuenta la realidad de que las organizaciones sanitarias somos muy complejas.
Veo un escenario en el que vamos a invertir mucho en la gestión del cambio, en el trabajo multidisciplinar y en que tanto ese trabajo como esa inversión adquieran una magnitud mucho mayor de la que tienen ahora.
Visualizo una red Únicas mucho más madura y en continua evolución.
Si me permitís el símil musical con el que he comenzado: con la interoperabilidad y la música, Únicas sería esa primera orquesta que ya toca de manera afinada y que nos está marcando la partitura y el compás para el resto de los proyectos de medicina personalizada que, con toda seguridad, llegarán en el futuro.
El deseo, por supuesto, es que los pacientes con enfermedades raras y sus familias estén cada vez mejor atendidos, que tengan más cerca la esperanza de un tratamiento (y, por qué no, de una curación), y que el sistema público de salud siga siendo de alta calidad durante mucho tiempo.