lunes, junio 22, 2026
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    MARIA ALSINA – Innovación y equidad: desafíos actuales en el tratamiento del cáncer gástrico

    MARIA ALSINA
    Oncóloga del Hospital Universitario de Navarra (HUN)


    El cáncer gástrico avanzado, presenta importantes desafíos diagnósticos y terapéuticos. ¿Qué avances recientes considera más prometedores en este campo?
    MA: El cáncer gástrico sigue siendo un problema a nivel mundial. Sabemos que es la quinta causa en incidencia y la quinta causa de mortalidad por cáncer, pero existen variaciones geográficas importantes. Por ejemplo, en España sería, en incidencia, la causa número 11, pero en mortalidad, la causa número 8, lo que refleja la agresividad de esta enfermedad.Como desafíos diagnósticos, cabe comentar que es un tumor al principio indolente con síntomas muy poco específicos y muy difícil de diagnosticar, y por ello aproximadamente la mitad de los pacientes o algo más de la mitad se diagnostican cuando el cáncer ya está en una fase avanzada y ya inoperable.Es importante afirmar que en el diagnóstico y durante el tratamiento, el paciente con cáncer gástrico es un paciente más frágil que el paciente con otros tipos de tumores, precisamente porque la enfermedad está localizada en el estómago, y esto da problemas a nivel de la alimentación, náuseas, vómitos y hace que el paciente pierda peso en poco tiempo, siendo la desnutrición un problema importante a seguir.Podemos decir que el paradigma de tratamiento de esta enfermedad ha cambiado en los últimos 5 años gracias a la incorporación de nuevos tratamientos, como son la inmunoterapia y las terapias target (terapias dirigidas); por tanto, la medicina de precisión ya se ha incorporado en el tratamiento del cáncer gástrico. Estos tratamientos se reflejan en una eficacia mayor y sabemos que en los próximos años también vamos a tener nuevos tratamientos por incorporar, porque hay estudios en marcha, con lo cual podemos decir que estamos avanzando en la eficacia de nuestros tratamientos para el cáncer gástrico.

    En los últimos años hemos visto cómo las terapias dirigidas e inmunoterapias abren nuevas posibilidades en tumores con pocas opciones terapéuticas. ¿Qué papel juegan los ensayos clínicos en garantizar el acceso temprano a estas innovaciones?

    MA: Los ensayos clínicos son los que nos permiten la aprobación de nuevos fármacos, y permiten demostrar que un fármaco es eficaz. Hay que tener en cuenta que, para que un fármaco llegue al desarrollo clínico, primero pasa por una fase preclínica en la que demuestra su eficacia a nivel de laboratorio y sabemos que esto no siempre se traslada a una eficacia a nivel clínico, porque a nivel clínico hay muchos más factores que interfieren.

    Los fármacos tienen toxicidades asociadas que hay que valorar en la relación riesgo-beneficio. Los ensayos clínicos permiten al paciente poder acceder de forma temprana a fármacos (antes de que estos sean aprobados) y, para nosotros, los médicos oncólogos, lo que nos permite es empezar el manejo de los nuevos fármacos también de una forma temprana, aprender a manejar la toxicidad. Sabemos que existe una curva de aprendizaje, con lo cual, los ensayos clínicos nos benefician a todos, tanto a pacientes como a oncólogos.

    ¿Qué retos encuentra el sistema de salud para integrar pruebas de biomarcadores y terapias innovadoras en el abordaje de pacientes con tumores poco frecuentes o con expresiones moleculares específicas?

    MA: La integración de los biomarcadores y de las terapias innovadoras en la clínica habitual se vincula a un reto, tanto a nivel clínico como a nivel económico. A nivel clínico, porque los médicos tenemos que aprender. Existe una curva de aprendizaje cuando hablamos de biomarcadores. Los biomarcadores normalmente son en tejido o son en sangre, entonces necesitamos que nuestros patólogos aprendan cómo diagnosticar ese biomarcador y, en cuanto a nosotros los oncólogos, tenemos que aprender qué quiere trasladar una positividad de ese biomarcador. Normalmente un biomarcador no es una prueba que te diga sí o no, sino que es lineal. Tenemos que aprender a interpretar, junto con los patólogos, la positividad y qué tipo de positividad tiene el biomarcador e igualmente en las terapias dirigidas asociadas al biomarcador. Este es el reto a nivel clínico.

    Pero también existe un reto a nivel económico. Tanto las pruebas diagnósticas como los tratamientos tienen un coste que es importante y que el sistema de salud debe soportar al incorporar todos estos nuevos fármacos.

    Por todo ello, es de vital importancia conocer los biomarcadores. Esto nos posibilita seleccionar a una población más pequeña, porque no toda la población se beneficia de un mismo tratamiento, e identificar y seleccionar la población en la que podemos dar estos nuevos fármacos y, por ello, intentar hacer que el reto económico, que el gasto, sea solo para aquellos pacientes que realmente se benefician del fármaco.

    Sabemos que el acceso a biomarcadores como claudina 18.2 es clave para aplicar terapias personalizadas. ¿Qué barreras existen hoy en España para garantizar ese acceso equitativo?

    MA: El acceso a las nuevas terapias requiere como primera premisa que los ensayos nos hayan demostrado que la terapia es eficaz, siempre con una toxicidad aceptable. A nivel europeo, la EMA tiene que aprobarlo, se tiene que recomendar en las guías europeas y luego, a nivel nacional, nuestro Ministerio de Sanidad tiene que aprobar la terapia. Además, en España, a nivel regional, la terapia tiene que estar aprobada no solo por el Ministerio de Sanidad, sino también en cada comunidad autónoma e incluso dentro de una comunidad autónoma, cada región u hospital debe aprobar los nuevos tratamientos. Con lo cual, desde que se aprueba un fármaco por la EMA hasta que se incorpora en la práctica clínica asistencial pasa un tiempo no despreciable. Hablamos de muchos meses o años. Desde que la EMA aprueba el fármaco se debe empezar a trabajar para acelerar todo este proceso y para que llegue lo antes posible a los pacientes.

    Aparte de todas estas aprobaciones burocráticas, también necesitamos formación de los médicos, porque cuando nos llega un nuevo fármaco tenemos que aprender a saber utilizarlo: qué población se beneficia, qué indicaciones tiene, cuáles son los efectos adversos y cómo se manejan. No solo es la aprobación a nivel del Ministerio y la regulación a nivel de cada comunidad autónoma y a nivel hospitalario, sino que también existe una curva de aprendizaje por parte de todos los médicos implicados en la administración de ese nuevo fármaco.

    Desde su experiencia clínica e investigadora, ¿de qué manera influyen los determinantes sociales, como nivel socioeconómico, educación o localización geográfica, en el pronóstico y tratamiento del cáncer gástrico avanzado?

    MA: Las aprobaciones de los nuevos fármacos no son iguales en toda España. Sabemos que el Ministerio aprueba (o no aprueba), pero luego, a nivel regional, hay diferencias, existen inequidades, no en todas las comunidades autónomas se aprueban los mismos fármacos y para las mismas indicaciones.

    También es importante trabajar en la formación. Como decía, es muy importante que los oncólogos nos especialicemos. No se puede ser médico de todo, ni se puede ser oncólogo de todos los tumores. Necesitamos que los oncólogos nos especialicemos. Por ejemplo, estamos hablando del cáncer gástrico, pues hay que especializarse en el tratamiento de los tumores digestivos y supraespecializarse en el tratamiento de los tumores digestivos del tracto superior. Existe un compromiso por nuestra parte con esta especialización, porque cada vez la oncología incorpora más tratamientos, cada vez es más difícil y cada vez necesitamos más estudiar para poder manejar correctamente los nuevos fármacos. Entonces existe este compromiso. Cánceres como el cáncer gástrico, que no puede considerarse un tumor raro pero que sí es poco frecuente, necesitan ser tratados en centros de referencia en los que se vean muchos pacientes con cáncer gástrico.

    Entonces, ¿influyen los determinantes geográficos? Sí. Yo diría que, primero, la principal inequidad se debe a las diferentes aprobaciones de los fármacos en las diferentes comunidades autónomas, pero también hay que considerar que ciertos tumores, y en este caso el cáncer gástrico, deben ser tratados en hospitales grandes y no en hospitales regionales en los que se vean pocos pacientes con esta patología.

    ¿Cómo cree que podemos avanzar hacia un modelo de atención oncológica más centrado en el bienestar del paciente y no solo en el tratamiento de la enfermedad?

    MA: Los comités multidisciplinares son muy importantes y ya entran dentro del modelo de atención oncológica actual. Es muy importante que los pacientes sean planteados dentro del comité multidisciplinar. Como decía al inicio, el paciente con cáncer gástrico es un paciente frágil y desnutrido debido a todos los síntomas del tumor, y necesitamos colaborar y trabajar en conjunto con nutricionistas, y con el equipo de enfermería, que es muy importante para toda la parte de coordinación y de control de síntomas. Tenemos que estar muchas veces en contacto con los radiólogos para que nos ayuden a interpretar los hallazgos; con los cirujanos y con los radio- terapeutas, porque hay mucha paliación que también se puede hacer de forma no médica, sino con técnicas de radioterapia o técnicas quirúrgicas.

    Luego está el darle la importancia necesaria a la toxicidad de los fármacos y a la calidad de vida, que es algo que en los últimos años se ha empezado a incorporar. Las escalas europeas de valoración de eficacia de un fármaco tienen muy en cuenta la toxicidad y la calidad de vida.

    Y luego están las asociaciones de pacientes, que tienen un peso muy importante. Se debe considerar la opinión de los pacientes (en concreto desde las asociaciones de pacientes) desde el desarrollo de los fármacos, desde el principio de todo el proceso; durante el desarrollo (a lo mejor no preclínico, pero sí al inicio del desarrollo clínico), y hasta que se aprueba el fármaco y se empieza a administrar de forma clínica asistencial habitual.

    Por último, ¿qué medidas urgentes propondría para reducir la inequidad en el acceso a la innovación terapéutica en el cáncer gástrico y otros tumores minoritarios?

    MA: Para reducir la inequidad en el acceso a la innovación terapéutica en tumores no frecuentes como el cáncer gástrico, como he dicho previamente, necesitamos estos centros de referencia con oncólogos especializados y supraespecializados en el tratamiento de tumores minoritarios.

    También quiero destacar, y aprovecho esta entrevista, el hecho de darle más importancia a la formación continuada de los médicos especialistas. Esto es algo que no se pro- mueve demasiado desde dentro de los hospitales porque, lógicamente, se entiende que el sistema sanitario está muy saturado por el coste de los medicamentos, pero creo que es de gran importancia que la gerencia de los hospitales se conciencie de que se deben destinar más recursos a la formación de los médicos. Los médicos nos tenemos que formar, pero no tenemos que ir a 20 reuniones al año, basta con ir 1- 2 reuniones o congresos (de los grandes), porque ahí es donde está la formación buena.

    El formar a los médicos también va a repercutir en un des- censo del gasto sanitario, porque si nosotros, por ejemplo, sabemos mejor cómo tratar a los pacientes y anticipar las toxicidades, evitaremos ingresos hospitalarios y el gasto farmacéutico derivado de solventar esa toxicidad. Si aprendemos a tratar mejor a los pacientes y a seleccionar mejor, probablemente solo daremos los fármacos dirigidos a aquellos pacientes que se vayan a beneficiar realmente. Creo que la formación de los médicos debería estar promovida desde el mismo hospital. Se debería pro- mover formación en congresos importantes, no en simples charlas. Hay que irse a formar en aquellos eventos en los que participen los “tops”, los “key opinion leaders”. La formación, al final, repercutirá en un mejor tratamiento de los pacientes y en un descenso del gasto sanitario.

    DOLORES LLEDÍN BARBANCHO – Colestasis intrahepática familiar progresiva: avances y desafíos en diagnóstico y tratamiento

    Dolores Lledín Barbancho
    Servicio de Hepatología del Hospital Infantil del Hospital Universitario La Paz


    La colestasis intrahepática familiar progresiva (PFIC) es una enfermedad rara de aparición muy temprana. ¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrentan las familias desde los primeros meses de vida del niño, tanto a nivel clínico como emocional y social?

    DLL: La PFIC se manifiesta en la infancia, habitualmente de forma muy precoz, en los primeros meses de vida. Esto representa un fuerte impacto para las familias, que ven truncadas sus expectativas iniciales de tener un hijo sano. De repente se encuentran ante una enfermedad para la cual inicialmente no podemos dar un diagnóstico preciso, sino que debemos explicarles que existen múltiples enfermedades posibles que iremos descartando progresivamente. Esta situación genera inevitablemente mucha incertidumbre en los primeros momentos, hasta que podemos ponerle finalmente un nombre y apellido a la enfermedad.

    A nivel emocional, como madre también puedo decir que los padres deben hacer un duelo necesario para reunir fuerzas y enfrentar esta nueva situación. Por ello, es crucial realizar un diagnóstico lo más precoz y exacto posible para ofrecer información adecuada sobre el pronóstico del niño.

    En el plano social, la vida familiar cambia significativamente, ya que hay que dedicar mucho tiempo y esfuerzo al cuidado del niño, que inicialmente es un lactante con muchas más necesidades que otros niños de su edad. Posteriormente, durante la infancia y la edad adulta, irá requiriendo cuidados especiales y, en algunos casos, incluso un trasplante hepático. Todo ello implica una adaptación emocional importante para toda la familia, incluyendo la necesidad de reajustar roles entre los cuidadores principales (madre y padre), hermanos y familiares cercanos.

    Además, esta situación impacta también en el ámbito laboral, obligando a reorganizar horarios y, en muchas ocasiones, cambiar aspiraciones profesionales para atender adecuadamente a un hijo cuya enfermedad no tiene una solución rápida y definitiva, sino que constituye una verdadera carrera de fondo.

    El diagnóstico precoz en enfermedades raras infantiles es fundamental, pero también muy complejo. ¿Qué barreras existen actualmente para lograr una identificación temprana de la PFIC y cómo podrían superarse?
    DLL: Las colestasis intrahepáticas en la infancia suelen manifestarse durante los primeros meses de vida con un cuadro caracterizado por ictericia (el niño presenta una coloración amarillenta), deposiciones más claras y orina más oscura, pudiendo acompañarse además de un cuadro de desnutrición.
    Cuando estas enfermedades aparecen en los primeros meses, el abanico de posibles diagnósticos es muy amplio. Por lo tanto, es necesario hacer un diagnóstico diferencial exhaustivo con otras patologías que pueden requerir un tratamiento quirúrgico o tratamientos más dirigidos.En estos casos, es especialmente importante derivar al paciente a centros de referencia especializados, los llamados CSUR (Centros, Servicios y Unidades de Referencia). En estos centros, el diagnóstico se puede realizar más rápidamente por profesionales que cuentan con experiencia específica y herramientas avanzadas para el diagnóstico preciso.En el caso concreto de las colestasis intrahepáticas familiares, el diagnóstico se basa principalmente en pruebas genéticas. Aunque actualmente estas pruebas están disponibles en muchos hospitales, no se trata únicamente de realizar el diagnóstico genético, sino también de conocer la historia natural de la enfermedad y anticipar las necesidades que los pacientes tendrán a lo largo de su evolución, tanto a corto como a largo plazo.Por todo esto, insisto en la importancia de contar con centros de referencia especializados que permitan un diagnóstico rápido y adecuado, basado fundamentalmente en estudios genéticos.Los síntomas de la PFIC, como el prurito intenso, pueden afectar gravemente la calidad de vida del niño y de su entorno familiar. ¿Qué impacto tiene esta enfermedad en el bienestar diario de los pacientes y sus cuidadores?

    DLL: Efectivamente, el prurito es uno de los síntomas que marcan y definen esta enfermedad. Muchas veces se banaliza diciendo: «el niño simplemente tiene picor, se rasca y ya está». Pero la realidad es muy distinta. El prurito impacta gravemente en la calidad de vida del niño. Son niños que presentan un malestar constante durante el día, inquietud continua, dificultad para concentrarse y movimientos frecuentes debido a la necesidad de rascarse. Además, por la noche tampoco logran descansar adecuadamente, lo cual afecta profundamente la dinámica personal y familiar.

    Esta situación impide que los padres puedan descansar, ya que durante el día deben estar pendientes del niño, pero tampoco pueden hacerlo por la noche. Además, la ansiedad y la angustia generadas por no disponer de un tratamiento eficaz para aliviar una situación tan limitante para sus hijos es enorme.

    Algunos padres relatan que durante la noche oyen cómo sus hijos se levantan de la cama para frotarse contra la alfombra, intentando así aliviar ese intenso picor. Por tanto, este no es un síntoma que pueda pasarse por alto. De hecho, en algunos casos, el prurito llega a ser indicación de trasplante hepático.

    En adultos, incluso existen casos descritos en los que el prurito intenso ha llevado a ideas suicidas, porque puede resultar extremadamente difícil de tratar y controlar.

    Hasta hace poco, el tratamiento de la PFIC se centraba únicamente en aliviar síntomas. ¿Qué ha supuesto la llegada de nuevas terapias, como los inhibidores de IBAT, en el pronóstico y en la esperanza de vida y bienestar de estos pacientes?
    DLL: Para el tratamiento del prurito, hasta hace unos años disponíamos de varios fármacos que, aunque no estaban aprobados del todo por las agencias reguladoras, utilizábamos de forma empírica. Entre estos se encontraban el ácido ursodesoxicólico, el fenobarbital, algunas resinas e incluso la rifampicina. Todos estos tratamientos eran sintomáticos, es decir, no actuaban directamente sobre la causa del prurito. En algunas ocasiones podían aliviar los síntomas, pero en muchas otras su eficacia era bastante limitada.Otra opción terapéutica para el prurito consistía en realizar una derivación biliar, canalizando el contenido de la vesícula hacia el exterior, donde se recogía en una bolsa. Sin embargo, esto afectaba significativamente la calidad de vida y limitaba mucho la actividad diaria del paciente.En los últimos años han surgido nuevos fármacos, los inhibidores de la recaptación de sales biliares a nivel intestinal, que han marcado un antes y un después para muchos pacientes. Estos fármacos interrumpen la circulación enterohepática de los ácidos biliares, disminuyendo su absorción intestinal y, por lo tanto, reduciendo la cantidad en sangre, lo que alivia significativamente el prurito. Además, estos tratamientos presentan muy pocos efectos adversos y suelen ser muy bien tolerados por los pacientes.Creo firmemente que estos tratamientos deberían estar al alcance de todos los pacientes con colestasis intrahepática. Sin embargo, todavía estamos investigando si estos fármacos pueden modificar el curso natural de la enfermedad. Es decir, aún está en estudio si, además de aliviar los síntomas, podrían llegar a mejorar la evolución general de la enfermedad. Actualmente, hay diferentes estudios en marcha y todavía necesitamos más tiempo y datos para confirmar si estos tratamientos podrían ser realmente curativos. De todas formas, ya son una herramienta que tenemos disponible y que claramente mejora la calidad de vida.Otro aspecto muy relevante, relacionado con los conocimientos actuales sobre las bases genéticas de la enfermedad, es que sabemos que la gravedad puede depender del tipo específico de mutación genética del paciente. Existen algunas mutaciones que hacen que la enfermedad sea más grave y que, por tanto, respondan peor a estos tratamientos, mientras que otras presentan respuestas espectaculares a los inhibidores de la recaptación de sales biliares.Todo esto está orientado hacia una medicina cada vez más personalizada. Por lo tanto, creo que estos tratamientos y los estudios genéticos están abriendo el camino hacia un abordaje individualizado, lo cual es sumamente importante. En definitiva, estos nuevos fármacos han cambiado de forma significativa el pronóstico y la calidad de vida tanto de los pacientes como de sus familiares.

    El abordaje de una enfermedad rara pediátrica como la PFIC requiere un enfoque multidisciplinar. ¿Cómo se organiza este trabajo conjunto en un hospital como La Paz, y qué papel juegan las familias y los servicios psicosociales?

    DLL: Todas las enfermedades crónicas requieren, evidentemente, un abordaje multidisciplinar que incluya equipos médicos, quirúrgicos y de diagnóstico. Un aspecto fundamental, que creo que apenas estamos empezando a poner en marcha, es el aspecto psicosocial, que a menudo no recibe la atención necesaria debido a la falta de tiempo en las consultas y a la sobrecarga asistencial.

    El Hospital La Paz es un centro CSUR para enfermedades hepáticas minoritarias, al cual pueden acceder pacientes de toda España, no únicamente de la Comunidad de Madrid. En este centro se integran tanto aspectos médicos, como hepatología, nutrición o cirugia, como otros servicios fundamentales, tales como genética y tecnología sanitaria. En definitiva, todo el Hospital Infantil funciona como un engranaje diseñado para atender de la mejor manera posible a estos pacientes.

    Sin embargo, considero que aun debemos fortalecer nuestra relación con las asociaciones de pacientes para tener un feedback más directo sobre las necesidades específicas que presentan estos pacientes y sus familias. Precisamente por tratarse de enfermedades raras, creo que es esencial concentrar la atención en centros de referencia especializados, aunque esto no impide realizar un seguimiento conjunto con hospitales de otras provincias o regiones.

    Respecto al papel que juegan las familias, insisto en que es fundamental, ya que son ellas quienes nos proporcionan día a día la información esencial que necesitamos para ofrecer una atención efectiva y adaptada a las necesidades reales de los pacientes.

    Desde su experiencia, ¿qué factores sociales y estructurales considera que más influyen en las desigualdades en el acceso a diagnóstico, tratamiento y acompañamiento para las familias que conviven con la PFIC?

    DLL: Actualmente en España, la existencia de hospitales de referencia, los llamados CSUR, hace que la atención sanitaria sea más equitativa entre todas las comunidades Autónomas, ya que estos centros pueden atender pacientes provenientes de cualquier punto del país. Evidentemente, si el paciente reside en una comunidad autónoma más alejada, tendrá que realizar desplazamientos frecuentes, lo cual puede ser limitante.

    No obstante, estos desplazamientos deberían estar cubiertos por nuestro sistema sanitario. Respecto al diagnóstico, actualmente se basa en estudios genéticos que están disponibles en la mayoría de los hospitales de nivel secundario o terciario. Sin embargo, quisiera enfatizar que no se trata únicamente de hacer el diagnóstico inicial, sino  también de llevar a cabo un seguimiento adecuado y conocer las necesidades que estos pacientes tendrán a largo plazo. Por ello, además del seguimiento local en su comunidad autónoma, los pacientes siempre deberían ser referidos a unidades o centros  especializados de seguimiento a largo plazo, donde se pueda cubrir mejor las necesidades futuras.

    En cuanto al tratamiento, considero que debería ofrecerse sin diferencias según el lugar de residencia del paciente. Los tratamientos con inhibidores de la recaptación de sales biliares (IBAT), como mencione anteriormente, son tratamientos costosos, pero deberían estar financiados de manera uniforme en todas las comunidades autónomas. En ningún caso debería ser un factor limitante el lugar donde viva el paciente.

    Por otra parte, otro tipo de tratamiento necesario son las vitaminas. Estos pacientes requieren suplementos vitamínicos importantes debido a su colestasis, ya que no absorben adecuadamente las vitaminas. Actualmente, estos tratamientos no están cubiertos por la Seguridad Social, por lo que las familias deben costearlos por su cuenta. Aunque estos suplementos vitamínicos no son necesariamente muy caros, si suponen una carga económica significativa por ser tratamientos crónicos.

    Finalmente, respecto al acompañamiento a las familias, considero que en ocasiones puede resultar difícil debido a la falta de una red adecuada de apoyo. Este es un desafío pendiente en esta enfermedad y en muchas otras. Afortunadamente, gracias a las asociaciones de pacientes se están haciendo grandes avances en este aspecto. Creo firmemente que debe existir una colaboración más estrecha y continua entre los profesionales médicos, que a veces podemos olvidar esta parte, y las asociaciones de pacientes, para lograr una conexión más efectiva y garantizar un apoyo integral a las familias.

    En los últimos años han surgido nuevos fármacos, los inhibidores de la recaptación de sales biliares a nivel intestinal, que presentan muy pocos efectos adversos y han marcado un antes y un después para muchos pacientes

    Para finalizar, ¿cómo ve el futuro en el abordaje de la PFIC? ¿Cuáles cree que son los principales desafíos y oportunidades para mejorar la atención, el tratamiento y la calidad de vida de estos niños y sus familias en los próximos años?
    DLL: Evidentemente, en relación con el abordaje de estas enfermedades, podemos decir que ya estamos en el futuro. Gracias a los tests genéticos, el diagnóstico cada vez se realiza más precozmente. Hay una mayor formación, tanto en los pediatras como también en los especialistas en medicina de adultos. No debemos olvidar que estos niños, aunque presentan enfermedades raras, llegarán a la adolescencia y pasarán posteriormente a los servicios médicos de adultos. Creo que los profesionales dedicados a la atención de adultos están haciendo un gran esfuerzo para conocer en profundidad estas patologías y sus tratamientos actuales.En cuanto a los tratamientos, es importante destacar que no se limitan únicamente a los fármacos que hemos mencionado. Actualmente, la terapia génica está abriendo un amplio abanico de posibilidades. Aunque puede parecer algo lejano, es muy probable que en los próximos años podamos contar con ella, al menos para algunos tipos específicos de estas enfermedades. Debemos recordar que hablamos de colestasis intrahepática familiar como si se tratara de una sola enfermedad, pero en realidad agrupa múltiples patologías diferentes. Ya hay estudios en curso y se están obteniendo resultados prometedores en terapia génica y en otro tipo de terapias innovadoras. Aunque el progreso puede parecer lento, ciertamente existe una puerta abierta hacia tratamientos más eficaces. Confío en que en el futuro hablaremos no solo de tratamientos sintomáticos, sino también de opciones terapéuticas capaces de modificar realmente la evolución de la enfermedad.Por último, no quisiera perder la oportunidad de mencionar que, al igual que existen centros de referencia para niños con enfermedades hepáticas complejas, estos pacientes crecerán y se convertirán en adultos. Por ello, es fundamental desarrollar servicios especializados que garanticen una transición adecuada y permitan un seguimiento continuado en la edad adulta. Considero que este es un reto pendiente por el que debemos seguir trabajando activamente.

    ISAAC ARANDA RENEO – IDENTIFYING HEALTH INEQUITIES FACED BY OLDER ADULTS WITH RARE DISEASES: A SYSTEMATIC LITERATURE REVIEW AND PROPOSAL FOR AN ETHICAL SPECTRUM AND RESOURCE ALLOCATION FRAMEWORK

    Identifying health inequities faced by older adults with rare diseases: A systematic literature review and proposal for an ethical spectrum and resource allocation framework

    Uwitonze JP, Duminy L, Blankart CR. Identifying health inequities faced by older adults with rare diseases: A systematic literature review and proposal for an ethical spectrum and resource allocation framework. Health Policy. 2024 Nov;149:105176. doi: 10.1016/j. healthpol.2024.105176

    ISAAC ARANDA RENEO

    Departamento de Análisis Económico y Finanzas. Grupo de investigación en Economía de la salud y Gestión Sanitaria, Facultad de Ciencias Sociales y Tecnologías de la Información, Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM)


    RESUMEN

    El reto al que se enfrentan los autores del trabajo, identificar el origen de las inequidades en salud que enfrentan los adultos mayores con enfermedades raras, cómo se justifican socialmente, cómo se manifiestan en leyes y regulaciones, y qué efectos tienen en el acceso a la atención médica y en los resultados en salud, fue resuelto de forma hábil y novedosa. Además, llevan a cabo el diseño de lo que ellos denominan como un “Marco de ética y asigna- ción de recursos” (Ethical Spectrum and Resource Allocation), que permite entender cómo las decisiones éticas y sociales influyen en la distribución de recursos sanitarios y en las inequidades que enfrentan estos pacientes. Para ello, llevaron a cabo una revisión de la literatura científica, así como de regulaciones, normas o leyes para identificar cualquier debate, discusión y exploración del origen de inequidades en el acceso a tratamientos para enfermedades raras, con especial atención a la población mayor.

    Los autores incluyen en la revisión 63 trabajos, de los cuales solo cuatro prestaban atención a población mayor. La mayoría de los trabajos que discutían cuestiones éticas fueron revisiones de la literatura, y destaca un trabajo que reúne la opinión de un grupo de expertos en el acceso al mercado. Mientras, los trabajos con enfoques más empíricos abordaron el reto que supone el acceso a servicios sanitarios para esta población, la extracción de preferencias sociales acerca de qué intervenciones financiar, datos sobre acceso a servicios de salud y resultados en salud en población con enfermedades raras.

    Los hallazgos identificados en este trabajo revelaron que existe poco consenso en recomendar adaptar ciertas cuestiones técnicas ya presentes en los procesos de acceso al mercado, como aumentar o flexibilizar los umbrales de coste-efectividad. También hallan críticas acerca de cómo la homogeneización de los procesos de evaluación puede contribuir, aún más, a la aparición de inequidades entre población con enfermedades raras y con elevada prevalencia. Y, que el empleo de los tradicionales análisis de costes y resultados incrementales podría penalizar a población mayor, debido a la aparición de comorbilidades propias de la edad frente a las que están directamente asociadas con el diagnóstico principal. Por otro lado, los trabajos que se centraron en captar las preferencias sociales o datos sobre resultados en salud y acceso a servicios sanitarios señalan que la población general le asigna mayor relevancia a la gravedad de la enfermedad que a su “rareza”, que hay una notable falta de diagnóstico y una menor frecuentación de la atención primaria en comparación con población con enfermedades prevalentes; precisamente en pobla- ción con indicadores de calidad de vida muy bajos y con peor reserva funcional que personas con otras enfermedades crónicas más prevalentes.

    Los autores concluyen que existe una amplia gama de inequidades que afectan a la población con enfermedades raras. El marco pro- puesto puede ayudar a los responsables políticos a identificar áreas de mejora, reducir inequidades y alinear las políticas de salud con las preferencias éticas y sociales de cada país.

    COMENTARIO

    El uso de la metodología descrita por los autores es el adecuado y los pasos que siguieron para dar respuesta a su pregunta de investigación son certeros, convenientes y, en mi opinión, están por encima de la media en cuanto a rigurosidad (no es frecuente encontrar resultados del índice Kappa, que llegó hasta el 0,95, en este tipo de trabajos). El proceso de revisión habrá sido exigente, pero las cuestiones metodológicas clave (que no se pueden subsanar en el proceso de revisión por pares, habitual en las revistas científicas) nos informan de un trabajo bien hecho, bien resuelto, con la rigurosidad necesaria para la exigencia académica, pero de eleva- da utilidad para otros entornos (como podría ser el regulatorio). En este sentido, la reflexión más transversal identificada en este trabajo es, sin duda, el enfrentamiento de dos enfoques en términos de las decisiones a tomar cuando se construyen servicios de salud (aunque es perfectamente válido para otro tipo de servicios): un enfoque utilitarista o igualitario.

    Por un lado, y a la luz de los hallazgos alcanzados, la búsqueda del beneficio colectivo lastra las oportunidades de acceso de la población con enfermedades raras, que parece ser el paradigma a cambiar. Por otro, el derecho igualitario al tratamiento independientemente del coste podría ser un ancla sobre la que construir sistemas de atención sanitaria. Sin embargo, ambos enfoques están linealmente ligados al sistema económico que rige el hábitat en el que los servicios sanitarios nacen, crecen y evolucionan. En la actualidad, el sistema más presente en las sociedades occidentales es uno en donde el mercado se emplea como instrumento distributivo y, claro, apa- recen externalidades o fallos que la administración podría corregir o al menos amortiguar. Las excepcionalidades o situaciones especiales están claramente identificadas y la administración tiene en su mano evidencias como las que enuncia el trabajo que comentamos, suficientes para desarrollar normas que tengan en cuenta tanto preferencias sociales como datos sobre desigualdad e inequidad en el acceso, indicadores de salud, etc.

    La presión por alcanzar objetivos urgentes debido al contexto internacional parece que podría distraer de objetivos realmente importantes, como son el cuidado de la salud

    Hasta la fecha, parece que la heterogeneidad en el acceso al mercado para enfermedades raras seguirá siendo evidente, al menos en Europa. El reciente cambio en el Colegio de Comisarios de la Comisión Europea y los retos a los que se enfrentará su programa (2024-2029) son de la suficiente envergadura como para atender con serenidad y valentía reflexiones tan relevantes como las que apuntan los autores del artículo. La presión por alcanzar objeti- vos urgentes debido al contexto internacional parece que podría distraer de objetivos realmente importantes, como son el cuida- do de la salud. No debería nadie olvidar que el impacto de las enfer- medades y problemas de salud va más allá de lo evidente, los costes directos sanitarios. Especialmente en el caso de las enfermedades con baja prevalencia, existe una infraestimación del impacto de dichas afecciones, y esto implica que estamos errando en lo que podría ser nuestra evaluación del beneficio colectivo.

    ANISIA GIL GARCÍA Y ELENA MORA NAVAS – WHERE THE GENETIC CODE MEETS THE ZIP CODE: ADVANCING EQUITY IN RARE DISEASE GENOMICS

    Where the Genetic Code Meets the Zip Code: Advancing Equity in Rare Disease Genomics
    Wojcik MH, Smith HS, Fraiman YS. Where the Genetic Code Meets the Zip Code: Advancing Equity in Rare Disease Genomics. Hastings Cent Rep. 2024 Dec;54 Suppl 2:S49-S55. doi: 10.1002/hast.4929
    ANISIA GIL GARCÍA Y ELENA MORA NAVAS
    Área de Transformación Social de la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER)


    RESUMEN

    El artículo expone cómo la medicina genómica, campo en expansión con gran potencial para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades raras, sigue reproduciendo desigualdades históricas debido a múltiples factores estructurales, sociales y culturales. Así, la combinación del lugar donde se nace y/o vive, las condiciones sociales, la lengua, el nivel educativo o los recursos eco- nómicos y tecnológicos condicionan directamente quién accede y quién se beneficia del diagnóstico genético.

    Esta desigualdad se evidencia en la escasa representatividad racial, étnica y socioeconómica de muchas investigaciones, dificultando que los avances derivados se apliquen eficazmente a todas las poblaciones por igual en el diagnóstico y, sobre todo, que las familias tengan acceso real a terapias, tratamientos, apoyos y recursos clínicos que aún no están disponibles clínicamente para todos. Para abordar esta inequidad, los autores proponen que la genómica de enfermedades raras incorpore dos herramientas funda mentales:
    La teoría ecosocial de Nancy Krieger: Esta teoría analiza el modo en que los individuos viven el impacto acumulado de factores sociohistóricos en su salud. Así, el artículo propone usar esta teoría como marco conceptual que per- mita entender cómo los procesos sociales como el racismo estructural, la pobreza o la exclusión son somatizados por el cuerpo, afectando a los procesos diagnósticos, pronósticos y de atención.
    La medicina narrativa: Entendida como la integración de relatos personales, experiencias y testimonios escritos, orales o audio- visuales como fuente de información clínica válida para orientar protocolos, identificar obstáculos y diseñar medidas de equidad. Partiendo de esta premisa, en el artículo se aboga por utilizar estas vivencias como complemento empírico que permita comprender mejor las barreras que encuentran las personas con enfermedades raras y sus familiares en su camino hacia el diagnóstico.

    COMENTARIO
    Hablar de enfermedades raras es hablar de inequidad en el acceso a los recursos sociales y sanitarios, en cualquier punto del mundo. De acuerdo con el artículo, existen graves desigualdades, especial- mente en materia de diagnóstico y tratamiento. En el caso español, esta inequidad se percibe especialmente en el acceso a determinadas pruebas o tratamientos según la Comunidad Autónoma en la que nos encontremos.
    El ejemplo más evidente de ello son los programas de cribado neonatal. Conocida comúnmente como “la prueba del talón”, esta prueba es el primer paso para diagnosticar precozmente enfermedades graves, antes de que aparezcan sus síntomas. La principal dificultad es la inequidad existente en el acceso a estas pruebas fuera y dentro de nuestro país, donde algunas autonomías criban el mínimo estatal de 12 patologías y otras más de 40.

    A esta desigualdad tangible de los territorios, se suma una invisible e intangible: la de las personas en riesgo de exclusión que no llegan a los servicios sanitarios o a las organizaciones de pacientes. Si bien contamos con un sistema sanitario público y fuerte respecto a los modelos de otros países como los analizados en el artículo, lo cierto es que las barreras socia- les hacen que aún hoy familias con enfermedades raras o sin diagnóstico vivan con la dificultad añadida de la desinformación, la falta de recursos y del acompañamiento de la enfermedad.

    El papel del movimiento asociativo de enfermedades raras resulta crucial, pues, ante la falta de información, las propias familias y entidades impulsan investigaciones, recogen datos y visibilizan realidades

    La teoría ecosocial, aplicada al contexto estatal, permite entender estas diferencias como una cuestión de acceso geográfico, y también como una conjunción de factores culturales, sociales y estructurales que atraviesan el territorio. Siguiendo con el mismo ejemplo anterior, en el caso del cribado neonatal, la teoría ecosocial nos invita a mirar más allá del acto de diagnóstico para poner el foco también en la necesidad de acompañar y formar a las familias desde el primer momento, especialmente allí donde resulta más difícil llegar, bien sea por la distancia al hospital de referencia, la barrera idiomática o el desconocimiento.

    Por ejemplo, en patologías en las que la nutrición es clave, es fundamental proveer de formación en salud adaptada a las características y recursos de cada familia, porque solo así se garantiza la equidad real en resultados y cali- dad de vida. La prevención también requiere un acompañamiento y apoyo efectivo y continuado en el proceso de manejo de la enfermedad.

    La otra gran barrera es la falta de información social y de estudios científicos enfocados a la realidad de quienes conviven con enfermedades raras y, aún menos, a la relación de estas enfermedades con minorías y colectivos vulnerables. En este punto el papel del movimiento asociativo de enfermedades raras resulta crucial, pues, ante la falta de información, las propias familias y entidades impulsan investigaciones, recogen datos y visibilizan realidades que hasta la fecha no se conocían y, por tanto, no se podían abordar. Además, este esfuerzo del colectivo da voz a quienes la necesitan, pero también se convierte en una fuente indispensable para orientar la mejora de la atención sanitaria y las políticas públicas.
    La experiencia del paciente es un plus para la atención. Los testimonios y datos cualitativos de las personas con enfermedades raras y sus familias pueden, mediante la medicina narrativa, transformar tanto la investigación como la práctica clínica, permitiendo comprender el auténtico impacto de la enfermedad y los retos a los que se enfrenta cada familia a lo largo del proceso, especialmente en lo relativo al impacto social de la enfermedad, donde las personas y familias cuentan con una experiencia de incalculable valor.

    Hablar de enfermedades raras es hablar de inequidad en el acceso a los recursos sociales y sanitarios, en cualquier punto del mundo.

    Los testimonios y datos cualitativos de las personas con enfermedades raras y sus familias pueden, mediante la medicina narrativa, transformar la investigación y la práctica clínica

    Recursos que además son escasos y muy limitados respecto a las más de 6.000 enfermedades raras que existen. Por ello, además de la importancia de generar mar- cos que homogenicen el acceso a los recursos que ya existen, en FEDER creemos en la importancia de integrar la experiencia de las personas y familiares que conviven con enfermedades raras o están en busca de diagnóstico, estableciendo así una estructura sanitaria humana y centrada en las personas. Porque la equidad se alcanza solo igualando el acceso a las pruebas o los tratamientos, pero también garantizando el acompañamiento, la comprensión y los recursos antes, durante y después del mismo.

    Javier Padilla Bernáldez – Enfermedades raras y determinantes sociales de la salud: una agenda para la equidad

    Javier Padilla Bernáldez

    Secretario de Estado de Sanidad


    En el ámbito de la salud pública, cuando hablamos de determinantes sociales, habitualmente recurrimos a marcos teóricos que nos permiten entender cómo las circunstancias en las que las personas nacen, crecen, trabajan, viven y envejecen, incluido el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre la vida cotidiana de las personas y en su estado de salud, y cómo funcionan las desigualdades en salud en la experiencia personal de los procesos de enfermedad. Para aterrizar estos marcos, además, se suelen utilizar como ejemplo las enfermedades con una alta prevalencia, como pueden ser las cardiovasculares, las respiratorias o los diferentes tipos de cáncer, para contextualizar cómo los determinantes influyen en los procesos de enfermedad.

    En el caso de las enfermedades raras, estamos ante un ejemplo claro de cómo desde lo concreto y la experiencia personal de las personas afectadas, sus familias y cuidadores, podemos trazar un marco para entender el papel que juegan los determinantes sociales de manera más específica. Aunque las enfermedades raras tengan una prevalencia menor en términos poblacionales, su abordaje puede beneficiarse de un enfoque de salud pública que permita enfocar las enfermedades raras y su atención de una manera integral.

    En España, alrededor de tres millones de personas padecen una enfermedad rara. Este término engloba un conjunto de entidades que, aunque presentan diferencias entre sí, comparten una serie de características: se trata de procesos crónicos, con un alto impacto funcional y una necesidad de cuidados sociosanitarios por la carga social, económica, laboral y sanitaria asociada.

    Las necesidades derivadas de padecer una enfermedad rara tienen un impacto diferencial en función de lascondiciones de vida de las personas que padecen estas enfermedades, pudiendo generarse desigualdades en los resultados en salud. Por ejemplo, en función de la clase social, la renta de las familias o el tipo de trabajo, la red de cuidados necesarios y la disponibilidad de tiempo para acompañar a las personas que padecen estas enfermedades puede suponer un mayor esfuerzo en determinadas familias.

    Un abordaje adecuado de estas enfermedades requiere disponer de las herramientas diagnósticas que permitan una adecuada identificación de la patología. Para ello estamos en el camino de que el cribado neonatal a nivel estatal cubra hasta 23 enfermedades congénitas, mejorando la cohesión de nuestro Sistema Nacional de Salud. Además, en los últimos cinco años se ha aumentado en un 18% el porcentaje de medicamentos huérfanos con financiación pública. La innovación y desarrollo en el ámbito de los medicamentos huérfanos requiere de una mirada integral a todo el proceso y que permita una interlocución fluida con todos los actores implicados. Este es uno de los objetivos principales de la Estrategia de la Industria Farmacéutica que contempla el ámbito de las enfermedades raras como una de sus prioridades en el cual hay que impulsar medidas para poder mejorar la innovación y el desarrollo de medicamentos y terapias avanzadas, siempre con una perspectiva de garantizar el acceso a toda persona que lo necesite.

    Debemos impulsar también la innovación en el ámbito de la atención sanitaria. Un ejemplo de esto es el proyecto ÚNICAS, impulsado por el Ministerio de Sanidad, cuyo objetivo es utilizar las ventajas de la digitalización para crear una red de centros sanitarios que permita el acceso a una atención especializada en el sistema sanitario, con independencia de la situación geográfica, además de fomentar el uso de datos con fines  de investigación, que permitan mejorar la atención
    sanitaria y promover la innovación.

    Sin embargo, cuando hablamos de enfermedades raras y determinantes sociales, necesitamos abordar también los cuidados sociosanitarios. Las personas con enfermedades raras requieren una atención sociosanitaria que vaya más allá del propio sistema sanitario, que englobe también a los servicios sociales, que se prolongue a lo largo de su vida y que esté afianzada en la comunidad en la que viven. Desde el refuerzo del abordaje sociosanitario a nivel comunitario es desde donde se puede mitigar el impacto de los determinantes sociales en las personas con enfermedades raras y mejorar la calidad de vida de las familias y cuidadores.

    Por último, necesitamos ampliar el foco desde lo sanitario e implementar políticas encaminadas a construir sociedades más sanas. Esto se denomina habitualmente como «salud en todas las políticas», es decir, tener en cuenta el impacto en la salud y en las desigualdades en salud a la hora de diseñar cualquier política pública. Reducir la desigualdad es clave para vivir en sociedades más sanas, también para las personas con enfermedades raras. Necesitamos impulsar políticas que faciliten la conciliación, que aumenten el tiempo libre de las personas y que sitúen los cuidados en el centro, mejorando las condiciones laborales de quienes se dedican al sector de los cuidados y de la sociedad en su conjunto.

    Analizar las enfermedades raras desde este prisma nos permite hablar desde innovación terapéutica hasta la conciliación pasando por la reorganización de los cuidados. Porque creemos que solo desde una mirada multisectorial que tenga en cuenta las condiciones de vida de las personas con enfermedades raras podremos implementar medidas que mejoren su calidad devida, la de sus familias y la de las personas que las cuidan. Una sociedad que prioriza los cuidados de las personas más vulnerables es una sociedad más justa, más democrática y, por tanto, más saludable para todos sus miembros.

    Sandra Cifuentes – Liderando la innovación, diversidad y visión global en Astellas Pharma

    SANDRA CIFUENTES

    Directora general de Astellas Pharma en España


    De su amplia trayectoria profesional en el sector farmacéutico, ¿qué momentos considera que han marcado más su carrera?

    SC: Tras más de 25 años en la industria farmacéutica, tengo la suerte de poder decir que he vivido muchos hitos, pero hay algunos que han sido especialmente significativos. Uno de ellos fue, sin duda, la oportunidad de liderar la puesta en marcha de la filial de Astellas en Colombia. Aunque no era el primer start up que hacía, fue un proyecto apasionante porque implicaba construir desde cero la presencia de una compañía multinacional de origen japonés en un nuevo mercado, con todos los retos que supone crear un equipo, establecer procesos y abrir puertas en un ecosistema sanitario complejo trabajando de la mano de los diferentes actores del sistema de salud. Aquel reto me permitió crecer no solo como profesional, sino también como líder.

    Más adelante, al asumir la responsabilidad regional para Latinoamérca, aprendí sobre la importancia de gestionar la diversidad cultural y de mercado, impulsando proyectos que debían responder a realidades muy distintas. Por ejemplo, abrir la afiliada de Astellas en México, en plena pandemia, supuso un reto apasionante. Allí tuve la oportunidad de liderar más de 100 profesionales de Astellas de diferentes partes del mundo y superar los desafíos que nos trajo la pandemia, así como de iniciar las operaciones de Astellas en el Cono sur, creando un modelo taylor made para estos mercados. Finalmente, mi etapa en Singapur, como vicepresidenta de Marketing, Acceso al Mercado y Customer Excellence, me dio la posibilidad de adquirir una visión global y estratégica de la industria y de conocer diferentes mercados con sus sistemas de salud.

    Esa mirada internacional me permite hoy llegar a España con una visión más amplia de cómo evolucionan los sistemas sanitarios y cómo la innovación puede integrarse en ellos para generar un impacto real en la vida de los pacientes. Al mismo tiempo, esta experiencia me ha dado las herramientas necesarias para reforzar el posicionamiento estratégico de Astellas como un socio clave para el sistema de salud español.

    ¿Qué es lo que más le atrae de este nuevo reto como directora general de Astellas Pharma en España?

    SC: Sin duda, la oportunidad de trabajar en un país que considero estratégico dentro de la región europea, con un sistema sanitario sólido y con gran capacidad de innovación. España cuenta con profesionales altamente cualificados, centros de investigación de referencia y asociaciones de pacientes muy activas, lo que crea un entorno muy fértil para generar un impacto real en torno al paciente. Me ilusiona, especialmente, poder contribuir a que las innovaciones que desarrolla Astellas lleguen de manera efectiva a los pacientes españoles, trabajando de la mano con todos los actores del sistema. Además, dirigir Astellas Pharma en España es también un privilegio, porque implica liderar un equipo talentoso y comprometido, con el que comparto la visión de situar siempre al paciente en el centro de nuestras decisiones.

    Una de las áreas de investigación en las que Astellas centra sus esfuerzos son las enfermedades poco comunes. ¿En qué están trabajando actualmente?

    SC: Las enfermedades poco comunes representan un área donde la necesidad médica es enorme y, por tanto, donde sentimos una gran responsabilidad. Actualmente estamos desarrollando terapias innovadoras para patologías como la miopatía miotubular ligada al cromosoma X, la enfermedad de Pompe o la distrofia miotónica tipo 1, entre otras.

    Todas ellas tienen en común que se trata de enfermedades de origen genético, lo que hace que la investigación se centre en terapias génicas y celulares capaces de actuar sobre la causa subyacente, y no solo sobre los síntomas. Nuestro objetivo, en cualquier caso, es el de identificar tratamientos innovadores para condiciones en las que incluso pequeñas mejoras pueden suponer un cambio radical en la calidad de vida de los pacientes y sus familias.

    Actualmente, tenemos en marcha varios programas de desarrollo que buscan precisamente ofrecer respuestas en estas áreas. Lo hacemos convencidos de que invertir en enfermedades poco comunes no solo es una obligación ética, sino también una oportunidad de demostrar que la innovación debe llegar donde más se necesita.

    Sin duda, la investigación y la innovación son pilares clave en el ámbito de las enfermedades poco comunes.

    En este sentido, ¿qué considera que es lo que les diferencia como farmacéutica?

    SC: Considero que lo que nos diferencia como farmacéutica es nuestra forma de concebir la innovación. En Astellas no pensamos únicamente en términos de ciencia y desarrollo de moléculas, sino también en cómo aseguramos que esas innovaciones sean accesibles y lleguen a los pacientes adecuados en el momento adecuado. La innovación, para nosotros, no termina cuando desarrollamos una molécula, sino que comienza cuando esa molécula mejora la vida de alguien. Para lograrlo, ponemos al paciente en el centro de cada decisión, asegurando que cada avance aporte un impacto tangible.

    La innovación no termina cuando desarrollamos una molécula, sino que comienza cuando esa molécula mejora la vida de alguien, poniendo al paciente en el centro de cada decisión

    Este enfoque significa escuchar activamente desde el inicio: conocer la experiencia cotidiana del paciente, trabajar de la mano de diferentes actores, comprender sus necesidades reales y traducir esa información en soluciones concretas. Es decir, además de darle voz al paciente, nos aseguramos de que su perspectiva moldee el desarrollo de los tratamientos, desde la investigación hasta su aplicación en la vida real.

    Otro aspecto que nos distingue es nuestra cultura de colaboración y apertura. Sabemos que los retos en salud son demasiado grandes como para enfrentarlos solos y, por eso, apostamos por las alianzas con centros académicos, hospitales, startups biotecnológicas y asociaciones de pacientes. Esta capacidad de trabajar en red, sumada a nuestra experiencia internacional, es lo que nos permite avanzar en el desarrollo de terapias innovadoras.

    A medio-largo plazo, ¿cuál sería su visión y objetivos para Astellas?

    SC: Me gustaría que Astellas, y con más motivo su filial española, sea reconocida no solo como una compañía farmacéutica innovadora, sino también como un socio estratégico y referente dentro del sistema sanitario. Queremos consolidar nuestra presencia en áreas donde realmente podemos marcar la diferencia, reforzar nuestro pipeline con terapias transformadoras y seguir aportando valor en cada interacción con profesionales sanitarios, pacientes e instituciones.A medio y largo plazo, mis objetivos pasan por tres grandes ejes: fortalecer el impacto de nuestra innovación en España, seguir construyendo una cultura organizacional diversa, inclusiva y motivadora para nuestro equipo, y avanzar en sostenibilidad, entendida tanto en términos medioambientales como de sostenibilidad social y del sistema sanitario.

    ¿Qué papel juegan las alianzas con hospitales, centros de investigación o asociaciones de pacientes en los avances de Astellas en enfermedades raras?

    SC: Las alianzas son absolutamente esenciales. Ninguna compañía puede avanzar sola en un campo tan complejo como el de las enfermedades raras. Las colaboraciones con hospitales y centros de investigación nos permiten llevar a cabo ensayos clínicos de calidad, validar nuevas aproximaciones terapéuticas y acelerar el acceso a la innovación. Pero igual de importantes son las alianzas con las asociaciones de pacientes, que nos ayudan a comprender las necesidades no cubiertas, a diseñar soluciones más ajustadas a la realidad y a acompañar mejor el recorrido de los pacientes.

    En mi opinión, el éxito de una compañía farmacéutica hoy en día depende de su capacidad para colaborar y escuchar. Y en Astellas creemos firmemente que trabajar de la mano de todos los actores del ecosistema, con especial atención a los pacientes, es la mejor manera de hacer que cambien vidas.

    Como mujer al frente de una compañía farmacéutica, ¿qué retos y oportunidades ha experimentado en su camino hacia posiciones de liderazgo?

    SC: En realidad, me he enfocado sobre todo en la oportunidad y en el privilegio que significa liderar y crear un impacto en la sociedad, las empresas y, aún más importante si cabe, en los equipos y personas que lideramos más que en los obstáculos. Desde mi punto de vista, da igual ser hombre o mujer, lo que ha de tener un líder es capacidad de transformar y, en este sentido, en los últimos años estamos viendo un cambio importante, también en el sector salud. Trabajar en posiciones de liderazgo me ha llevado a derribar ideas preconcebidas y superar barreras que todavía existen en el entorno profesional. Sin embargo, siempre he preferido ver esos retos como oportunidades para demostrar que la diversidad aporta valor y que los equipos más inclusivos son también los más fuertes y creativos y, por lo tanto, están en mejor posición para crear valor para las empresas y la sociedad.

    En mi recorrido he aprendido que el liderazgo, además de con resultados, se ejerce también con empatía, capacidad de escucha y compromiso con el desarrollo del talento. Por eso, participé en la creación de Mpodera, una organización que promueve el liderazgo de las mujeres en el sector de la salud y formé parte del programa para mujeres en juntas directivas del CESA, Colegio de Estudios Superiores de Administración (CESA) en Colombia porque estoy convencida de que necesitamos más referentes que inspiren a las nuevas generaciones de mujeres. Para mí, llegar a este puesto no es un logro en sí mismo, es una responsabilidad para abrir camino y demostrar que es posible combinar excelencia profesional con un liderazgo diverso, humano y transformador.

    SUPPLEMENT – NUM 1 – JULY 2025

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    REIMAGINING ORPHAN DRUG ACCESS: INTEGRATING TECHNOLOGY INTO OUTCOME-BASED PAYMENT MODELS IN SPAIN

    Fernando Abdalla, Mathilde Daheron and Eloy Vicente

    Health Affairs & Policy Research, Weber Health Economics & Market Access, Weber Data & Technology, Weber

    INTRODUCTION

    Healthcare systems across Europe are increasingly turning to value-based healthcare models as a strategic framework to improve patient outcomes within the constraints of finite resources. Although promising in concept, the implementation of such models presents challenges in the context of complex, longterm conditions such as rare diseases. These conditions often involve diagnostic uncertainty, fragmented care pathways, and a lack of standardized metrics to assess health outcomes

    and service quality. This complexity complicates the assessment of the true value delivered to patients, particularly in multidisciplinary envi- ronments where care spans multiple levels of the health system1,2.

    Rare diseases, by their very nature, affect small patient populations, which makes traditional clinical trials difficult to conduct and limits the availability of robust evidence
    on safety, efficacy, and long-term benefit. For these reasons, orphan drugs—therapies developed specifically to treat rare conditions— tend to carry a higher degree of
    uncertainty at the time of market access. As a result, they often pose significant challenges for health authorities tasked with making reimbursement decisions based on incomplete data. The economic impact of these treatments is also considerable, as many orphan
    drugs are associated with very high costs per patient, placing additional pressure on already strained healthcare budgets3-7.

    Traditionally, pricing and reimbursement decisions for orphan drugs have relied on setting maximum prices based on expected therapeutic benefit, target population, and novelty, among other factors. However, in recent years, payers and manufacturers have sought
    more adaptive and risk-mitigating approaches. The absence of «perfect information»—particularly in terms of long-term clinical outcomes and real-world effectiveness—
    has driven interest in outcome-based payment (OBP) models. These agreements aim to link payment to actual health outcomes or financial performance, offering a more
    dynamic and evidence-informed pathway to reimbursement. This is especially relevant for high cost treatments where traditional cost-effectiveness frameworks may not be adequate to capture value8,9.

    In this context, technology is emerging as a critical enabler of OBP models, offering tools to
    design, implement, and monitor these agreements with greater transparency and precision. From real-world data platforms to artificial intelligence and digital registries, technological innovation is helping to reduce uncertainty, support outcome measurement, and facilitate coordination between stakeholders. The objective of this article is to analyze how technological solutions are being applied to the design, implementation, and monitoring of OBP agreements for orphan drugs and advanced therapies, highlighting their role in improving transparency, efficiency, and sustainability in drug financing.

    To this end, the article will begin with a theoretical overview of shared risk and outcome-based models, followed by an analysis of current OBP agreements internationally.
    It will then focus in detail on real-world examples of where technology has played a central role, before discussing the challenges and opportunities in this area, and concluding with recommendations for healthcare systems.

    THEORETICAL FRAMEWORK: SHARED RISK AGREEMENTS AND OUTCOME-BASED
    PAYMENTS

    Definitions

    Shared Risk Agreements (SRAs) and OBP models have emerged as pivotal contractual frameworks that distribute financial and clinical uncertainties between payers and
    pharmaceutical manufacturers. While these terms are often used interchangeably, they encapsulate nuanced differences. SRAs encompass a broader spectrum of arrangements, including those based on both financial and clinical performance outcomes. OBP models, a subset of SRAs, specifically refer to agreements where the final payment is explicitly tied to the achievement of predefined health outcomes in real-world clinical settings10.

    The essence of these models could be encapsuled by the following definition:

    OBP Agreements are structured reimbursement contracts between healthcare payers and pharmaceutical manufacturers that condition all or part of the financial transaction on the achievement of clinical or health system outcomes, with the objective of reducing uncertainty, improving accountability, and aligning value delivery with actual patient benefit11.

    OBP models differ from traditional pricing approaches by incor- porating real-world performance metrics into reimbursement structures. Under these models, a treatment’s effectiveness is monitored within a defined patient group over a specific timeframe, and future reimbursement is tied to the clinical and economic outcomes achieved. OBPs are designed to meet the growing need for transparency, flexibility, and evidence-based decisions particularly as many high-cost treatments, like orphan drugs, are launched with limited long-term data on their efficacy10.

    Types of Agreements

    Outcome-based models can be broadly categorized into two primary groups, based on the nature of uncertainty they aim to mitigate, and the metrics employed to define success.

    Financial-Based Agreements

    These agreements primarily focus on minimizing the budgetary impact and ensuring cost containment when adopting new, often expensive therapies. The outcomes measured are financial rather than clinical, aiming to make expenditures more predictable.

    Key types of financial-based agree- ments include12:

    • Price-Volume Agreements: These link the price of a drug to the volume purchased. As volume increases, the unit price may decrease, thus mitigating excessive financial exposure due to overuse.
    • Discount Schemes and Rebates: These arrangements offer fixed or tiered price reductions, ensuring affordability without evaluating clinical outcomes.
    • Budget/Utilization Caps: These set a maximum cumulative expenditure or dose level. Costs beyond the agreed limit are absorbed by the manufacturer.
    • Treatment Initiation Agreements: The manufacturer covers initial treatment cycles until sufficient data justifies full reimbursement.
    • Market Entry Agreements: Temporary price reductions are offered to accelerate market uptake, often in exchange for faster access or wider patient inclusion.

    While effective in stabilizing financial risk, these models do not directly incentivize real-world clinical performance or health system efficiency. They are generally easier to implement but less aligned with VBHC principles.

    Health Outcome-Based Agreements

    These models represent the core of OBP strategies and are designed to link reimbursement to actual clinical outcomes experienced by patients in real-world settings. They address clinical uncertainty, which is particularly pronounced in the case of orphan drugs due to limited trial populations and short study durations.

    Key types of health outcome-based agreements include12:

    • Pay-for-Performance: The most emblematic model of OBP, these agreements stipulate that payment is contingent on achieving specific clinical For instance, reimbursement may depend on a drug achieving survival, disease remission, or biomarker targets. If the drug fails to meet those thresholds, the manufacturer must provide rebates, discounts, or reimburse the cost. Their success depends on having robust outcome metrics, consistent patient monitoring, and a data infrastructure that supports longitudinal analysis.
    • Conditional Continuation of Therapy: Under these models, the continuation of coverage for a given patient is based on short term response milestones. Only those who demonstrate early benefit are allowed to continue This minimizes unnecessary spending and ensures clinical appropriateness at the individual level.Coverage with Evidence Development: Reimbursement is granted conditionally, requiring the manufacturer to collect additional real-world evidence (RWE) post- This may involve observational studies, registries, or ongoing trials. This model provides earlier access while reducing long-term risk, and it’s often used in situations with accelerated regulatory approvals.
    • Process-Linked Reimbursement: These less common agreements reimburse a product based on its impact on the broader care pathway. For example, a diagnostic test might be reimbursed based on its ability to reduce downstream treatments or hospital While more typical for medical devices, this logic can be applied to stratification tools used with high-cost drugs.

    In the context of orphan drugs, health outcome-based agreements are especially pertinent due to the unique characteristics of these treatments8,13:

    • High cost and limited patient populations make cost-effectiveness highly variable across individuals.
    • A high degree of clinical uncertainty—stemming from small clinical trials, heterogeneous responses, and limited generalizability of results— which makes evidence-based decision-making more difficult.
    • Lack of long-term data at market entry increases risk for payers.
    • Need for early access compels regulators and health systems to approve reimbursement based on limited evidence.

    By linking reimbursement to patient results, OBP models offer a pragmatic path to access while ensuring ongoing evaluation. However, they are also more demanding: they require data capture infrastructure and increased administrative burden, welldefined outcomes, collaboration across stakeholders, and often third-party validation (Figure 1)14.

    CURRENT LANDSCAPE OF OUTCOME-BASED PAYMENT AGREEMENTS: GLOBAL PERSPECTIVES

    Before exploring concrete examples of technological integration into OBP models, it is essential to examine the current landscape of OBP agreements globally. This provides contextual understanding of where such agreements are most prevalent, and what types are being adopted.

    The following descriptive analysis is based on a database compiled by Lyfegen16, a company that collaborates with the Weber Foundation, publishers of newsRARE magazine. The dataset includes publicly available information on 153 OBP agreements implemented between 2008 and December 2023 (up to December 2022 in the case of Spain). Of these, 41 agreements were concluded in Spain (excluded from the current analysis), while the remaining 112 were executed across fourteen other countries. The agreements vary in nature, encompassing both financial-based and clinical outcome-based models.

    According to the analyzed data, Italy leads with the highest number of OBP agreements globally, totaling 54. It is followed by the United States (15 agreements), Australia (9), and New Zealand (6). This distribution illustrates that OBP models have been adopted across a diverse set of countries, regardless of population size or the structural characteristics of their healthcare systems.

    When focusing specifically on rare diseases, the data reveals a more limited adoption of OBP agreements across select countries. Italy stands out as the most active, having implemented two agree- ments related to rare diseases, one in 2022 and another in 2014; howe- ver, these represented only 4% of the total OBP agreements imple- mented in the country during the period. Germany follows with one rare disease agreement initiated in 2022. Among the group of «other countries,» three nations have each introduced a rare disease-focused OBP agreement: Ireland (2017), Egypt (2015), and Albania (2014). While these numbers are modest relative to total OBP activity, they highlight growing international willingness to apply performance-based approaches in the high-uncertainty context of rare disease treatments (Figure 2).

    The analysis also reveals a clear predominance of financial-based agreements (such as fixed discount or rebate schemes), totaling 69 agreements, which represents 62% of the total. OBP agreements rank second, with 18 agreements.

    When it comes to rare diseases, the data shows that these conditions remain underrepresented within outcome-based frameworks. All of the agreements in rare diseases relied exclusively on fixed discount or rebate models. This suggests that while rare diseases are starting to be included in risk-sharing schemes, they are still largely managed through simpler, financially-oriented mechanisms. The absence of outcome-based models in this category highlights a missed opportunity to better align reimbursement with clinical benefit, particularly given the high uncertainty and cost associated with orphan drugs. It also points to the continued need for robust data infrastructure and outcome measurement tools tailored to rare disease contexts (Figure 3).

    A disease-specific analysis reveals a strong concentration of shared risk agreements in severe or chronic conditions, with oncological diseases (cancer) leading by a significant margin (50 agreements, representing 45% of the total), followed by cardiovascular diseases with 16 agreements. Rare diseases rank third, with 6 agreements, indicating a growing—though still limited— interest in applying innovative payment models to this highly complex therapeutic area.

    Despite their relatively high placement, the number of agreements for rare diseases remains modest compared to their clinical relevance and economic impact, suggesting room for further expansion of outcome-based and risksharing strategies in this domain (Figure 4).

    A higher frequency of agreements is also observed starting from 2013,reaching a peak in 2020 with 16 agreements. Rare diseases appear sporadically throughout the implementation timeline. The first recorded rare disease agreements emerged in 2014 with two agreements, followed by one agreement each in 2015 and 2017. The most recent activity occurred in 2022, with another two agreements. This distribution suggests a cautious but sustained inclusion of rare diseases within shared risk frameworks. However, their intermittent presence also reflects ongoing challenges in integrating complex, high-uncertainty therapies into structured outcome-based models on a consistent basis (Figure 5).

     

    TECHNOLOGICAL INTEGRATION IN OBP AGREEMENTS

    As healthcare systems continue to evolve in the digital age, the integration of smart technologies into OBp models is becoming increasingly common—and necessary. Tools such as artificial intelligence, electronic health records, and automated platforms are transforming how treatments are assessed and reimbursed, making it possible to link payments directly to real-world clinical outcomes. This shift not only enhances the feasibility of performance-based models but also raises expectations for greater accountability and transparency in healthcare financing.

    In the following section, we will examine how specific technologies are being applied to OBP models, focusing on practical examples that illustrate their role in streamlining implementation, improving data collection, and supporting evidence-based decision-making.

    Valtermed

    Valtermed is a centralized digital platform developed by the Spanish National Health System to assess the real-world effectiveness of pharmaceutical treatments. Its main purpose is to collect and analyze patient outcomes from the use of new and often high-cost medicines, helping improve treatment safety and effectiveness while supporting decisions related to value-based reimbursement and resource allocation.

    The system gathers detailed patient-level data—covering clincal, therapeutic, and administrative aspects—which allows healthcare providers to monitor each patient’s condition from the beginning of treatment and track their progress over time. The data collected are guided by pharmaco-clinical protocols, which are created through collaboration among expert working groups recognized by national healthcare authorities18.

    Data entry is carried out by health- care professionals through a secure, web-based tool that is connected to regional health information systems. This integration ensures that information is consistently recorded and shared across the public health- care network17,18.

    Valtermed plays an especially important role in the field of rare diseases, where reliable data are often scarce19. Out of the 21 active protocols currently in place within the system, 17 focus specifically on rare disease treatments, reinforcing its value in generating real-world evidence for complex, low-prevalence conditions (Figure 6)20.

    One of the first structured examples of a technology-enabled OBP model in Spain is the case of Luxturna. This agreement illustrates that it is possible to tie drug reimbursement directly to clinical outcomes— even in the context of rare diseases where uncertainty is high. It also sets a precedent for future models by using the Valtermed platform as the central tool for monitoring and validating patient results21.

    Voretigene neparvovec (Luxturna) is a gene therapy developed to treat both children and adults with vision loss caused by a hereditary retinal dystrophy linked to biallelic mutations in the RPE65 gene, provided that patients have enough viable retinal cells to benefit from the therapy22.

    Through Valtermed, clinical out comes for patients receiving Luxturna are tracked across hospitals within the Spanish National Health System. Payment to the manufacturer (Novartis) is conditional on the patient showing measurable improvements in visual function at specific time points—such as 30, 90, and 365 days after treatment. If these predefined clinical goals are not achieved, a portion of the treatment cost must be reimbursed by the manufacturer23.

    Several technological components made the Luxturna OBP agreement possible, with the Valtermed plat- form at its core. Valtermed enables the systematic collection, storage, and analysis of patient outcomes for high-impact therapies. It relies on structured clinical forms, standardized measurement protocols, and long-term patient monitoring to ensure consistency and reliability in data gathering.

    A key feature of the agreement is the standardization of clinical outcomes. To make the contract verifiable, objective and measura- ble criteria—such as visual acuity tests or assessments of mobility in low-light conditions—were clearly defined. These outcomes are fully integrated into the digital platform, allowing for automated comparisons and centralized reporting across different hospitals.

    Valtermed is also designed to work seamlessly with the electronic systems used in public hospitals. This interoperability ensures that clinical data can be securely transferred without duplicating records or disrupting existing workflows, making the process more efficient for healthcare professionals.

    Another important element is the automatic validation of payment milestones. The platform determi- nes whether the clinical outcomes specified in the agreement have been met, and based on this, it triggers either full reimbursement, partial payment, or a refund. This process is fully embedded within the digital workflow, reducing administrative workload and minimizing room for subjective interpretation.

    In addition, the platform provides full traceability and transparency. Every step—from data entry to outcome analysis and payment decisions—is digitally recorded and auditable. This transparency strengthens trust between the healthcare payer (Spain’s National Health System) and the manufacturer (Novartis).

    Finally, Valtermed offers powerful tools for analysis and visualization. It produces dashboards and summary reports for decision-makers at both regional and national levels, making it easier to track the progress of clinical outcomes over time and across institutions (Table 1).

    Lyfegen

     Founded in 2018 and based in Basel, Switzerland, Lyfegen16 is a health technology company focused on transforming how healthcare systems manage the cost and value of inno- vative treatments. Its main product, the Lyfegen Drug Contracting Simu- lator, is currently used in more than 40 countries by insurers, hospitals, and pharmaceutical companies. The platform supports the design and management of value-based reimbursement agreements by allowing users to simulate various pricing models, including outcome-based and performance-based contracts. Through this tool, both payers and manufacturers can evaluate the financial and clinical impact of therapies and negotiate agreements more efficiently and transparently24.

    The Lyfegen platform offers several key features that support more agile and evidence-informed negotiations. It enables real-time financial simulations across a variety of scenarios, incorporating variables such as price, treatment volume, patient adherence, taxes, and more. Users can automatically generate com- parative business cases—such as best-case, base-case, and worst-case scenarios—which help guide strategic decisions and improve the quality of negotiations. The platform also provides a secure and collaborative digital workspace, allowing both global and local teams to work together with full version control and access permissions. Its focus on innovative reimbursement models—ranging from value- and outcome-based pricing to installment plans and performance guarantees—makes it especially well-suited for high-cost and complex therapies like gene therapies and rare diseases. According to the company, Lyfegen can reduce negotiation times by up to 18%, significantly cutting down on manual calculations and administrative workload (Figure 7)24.

    Overall, the Lyfegen platform streamlines the negotiation process by making it more agile, transparent, and data-driven. It reduces reliance on complex manual calculations, supports smooth collaboration among international teams, and speeds up decision-making through access to a rich library of real-world agreements and reference models. This combination of features allows stakeholders to compare options quickly and accu- rately assess the financial impact of each proposed contract, ultimately leading to more effective and informed agreements.

    Technological Components of the Platform

    The Lyfegen platform is built around a set of advanced technological components that enable flexible, data-rich contracting. At its core is a realtime simulation engine that can automatically calculate multiple contract scenarios using financial algorithms and predictive analytics. These simulations take into account a wide range of variables, including patient adherence, treatment duration, taxes, clinical outcomes (in the case of outcome-based models), and cost-effectiveness thresholds24.

    As a fully cloud-based software-as-a-service (SaaS) platform, Lyfegen is accessible from anywhere and offers a modular, scalable design that allows for easy integration with other digital tools in the healthcare ecosystem.

    Security is another critical component: the platform includes user-level access control, team- and project-based permissions, full version tracking, and audit trails. It is also designed to comply with major data protection regulations such as GDPR and HIPAA24.

    To support contract customization and benchmarking, Lyfegen provides access to a rich library of over 100 real-world and public contract models. These include historical business cases and customizable templates tailored to different therapies and national contexts. Collaboration is also central to the platform’s functionality: teams across geographies can work together simultaneously within the platform, communicate through built-in comment and review features, and follow a shared digital workflow for approvals and negotiations24.

    Interactive data visualization tools are embedded into the system to support decision-making. Users can access dynamic dashboards showing the financial impact and outcome metrics of different the- rapies, compare scenarios directly, and export reports for presentation to internal or external committees24.

    Finally, automation is a growing part of the platform’s development roadmap. Many tasks—such as scenario generation and financial calculations—are already automated, and the company is exploring the integration of artificial intelligence to recommend optimal contract models based on historical data and current negotiation parameters (Table 2)24.

    mHealth apps

    The use of mobile health applications (mHealth apps) has grown rapidly in recent years, with more than 350,000 apps currently available on the market25. These digital tools offer a broad range of functions that can significantly enhance patient care, particularly by allowing healthcare professionals to access clinical data in real time. Key features of these apps include symptom tracking, monito- ring of treatment outcomes, and the recording of medication adherence26. This ability to collect structured, time-sensitive patient data positions mHealth apps as promising tools to support OBP models.

    Their potential is especially relevant in the context of rare diseases, where patient numbers are small and clinical follow-up can be highly individualized. Many patients with rare conditions already rely on mobile apps for disease management, offering a natural entry point for integrating these technologies into OBP frameworks. A study conducted by Hatem (2022) identified 29 mobile applications specifically designed for 14 rare diseases or disease groups. Among the most frequently addressed conditions were cystic fibrosis, hemophilia, and thalassemia, reflecting both the clinical need and the potential for digital innovation in these areas (Table 3)27.

    Some mobile health applications have been developed specifically for patients with rare diseases, offering tailored functionalities that support both self-management and clinical oversight. One example is the Fabry App28, designed for individuals living with Fabry disease—a rare, X-linked lysosomal storage disorder caused by mutations in the GLA gene. This genetic defect leads to a deficiency of the enzyme alpha-galactosidase A, resul- ting in the accumulation of a substan- ce called globotriaosylceramide (GL-3 or Gb3) in various tissues. Over time, this buildup can cause a wide range of complications, including neurological, kidney, heart, inner ear, and cerebrovascular problems29,30.

    The Fabry App provides patients with a user-friendly platform to log daily health information, including symptoms and medication intake. The data entered by the patient is securely transmitted to a password-protected online portal, where healthcare professionals can access and review the information. This continuous, remote monitoring helps clinicians track disease progression and adjust care more effectively, supporting the kind of real-world evidence collection that is crucial for OBP models28.

    Another notable example is Haemoassist®, a mobile application designed to support self-management for individuals with hemophilia. This digital tool allows patients to record treatment administrations, bleeding episodes, and other clinically relevant information in real time using an intuitive interface. By facilitating structured and timely data entry, the app helps improve adherence to therapy and enables more accurate clinical monitoring31-33.

    Haemoassist® is also linked to a web based portal, which aggregates patient-reported data and presents it through statistical sum- maries and visual dashboards. This setup allows healthcare profes- sionals to easily review trends and make infored treatment decisions based on real-world insights31-33.

    Given their functionality, mobile health applications offer valuable opportunities to support OBP models. Their ability to capture reliable, patient-level data makes them ideal tools for tracking clinical outcomes, and their integration into OBP frameworks could be strengthened through closer collaboration between payers and pharmaceutical companies.

    CHALLENGES AND OPPORTUNITIES IN IMPLEMENTING TECHNOLOGY IN OBP AGREEMENTS 

    Implementing OBP models, particularly in the context of rare diseases, demands a coordinated infrastruc- ture capable of capturing robust real world data, managing financial flows over time, and aligning stake- holder objectives. However, despite the promise of tools such as Valtermed, Lyfegen, and mHealth apps and several others, several technical, organizational, and regulatory challenges persist—alongside sig- nificant opportunities for innovation and improvement.

    Data Quality and Integration

    High-quality, interoperable data systems lie at the heart of OBP frameworks. Although Valtermed demonstrates interoperability with regional hospital systems, broader data integration remains limited. Fragmented electronic health records and inconsistent data standards across regions hinder comprehensive tracking of clinical outcomes. Additionally, registering longitudinal data in mHealth apps poses challenges in patient adherence and data completeness; inconsistent usage can generate incomplete datasets, undermining the reliability of performance-linked payments34.

    Administrative Burden

    OBP agreements impose significant administrative overhead, including data collection, outcome validation, and contractual reconciliation over time. As reported in studies of managed entry agreements for advanced therapies, these burdens can reduce feasibility and scalability35. The complexity is exacer- bated when spread over several years, requiring multiyear financial tracking often incompatible with existing 12-month healthcare budgeting cycles. The result is potential resistance from providers and payers faced with manual processes and contractual complexity.

    Payment Architecture and Financial Flows

    Traditional healthcare financing sys- tems are structured around upfront or lowest-cost budgeting; shifting to spread or outcome-adjusted pay- ments presents logistical hurdles. Governance questions arise around who purchases the therapy and how outcomes trigger payments—processes that must integrate clinical systems and financial ledgers in real time. To resolve this, newer models propose centralized payer procurement— rather than provider-led invoicing— with payers distributing treatment costs based on validated outcomes, similar to approaches taken with Lux- turna. However, this necessitates new governance frameworks and accounting adaptations35.

    Contractual and Governance Frameworks

    Achieving stakeholder alignment on outcomes, timelines, and termination triggers is a perennial challenge. Literature emphasizes the difficulty of reaching consensus on clinical endpoints, data collection processes, and optimal payment duration, especially in the context of high-cost rare-disease therapies. Additionally, explicit contracts must address potential adverse selection, where payers or manufacturers might influence patient inclusion based on expected outcomes. Multi-stakeholder governance structures—such as independent steering committees—are essential to maintain transparency and oversight.

    Regulatory and Legal Constraints

    OBP models must adhere to regulations governing data privacy, healthcare reimbursement, and accounting. The European GDPR restricts the use of individual patient data unless properly anonymized. Bud get cycle constraints and accrual accounting rules may treat installment payments differently from lumpsum purchases, complicating implementation at the national level. Harmonizing these frameworks across jurisdictions remains an ongoing challenge.

    Long-Term Agreements vs. Annual Budget Cycles

    One of the most pressing challenges in implementing OBP models is the misalignment between long term payment structures and the short term nature of hospital bud geting. Most public healthcare ins- titutions operate on annual budget cycles, which are not well suited to manage multi-year or outcome-de- pendent payments that may unfold over extended periods. This issue becomes even more complex in cases where clinical outcomes will only be available far into the future—for example, some gene or cell therapies require up to 12 years of follow-up to confirm their full the rapeutic value. In such cases, hos- pitals and payers face significant uncertainty about how to account for potential future liabilities, how to record these contracts on their financi al statements, and how to plan for reimbursement beyond the typical one-year horizon. Without specific legal or accounting mechanisms to address this temporal mismatch, long-term OBP contracts may encounter ins- titutional resistance or fail to scale effectively within existing public finance frameworks.

    Opportunities and Enablers

     Despite these challenges, techno- logical advances present numerous opportunities:

    • Automated, integrated data platforms—such as Valtermed and mHealth apps—can reduce manual workload, enhance data quality, and facilitate near real-time outcome tracking.
    • Centralized digital negotiation tools, exemplified by Lyfegen, can streamline agreement design, facilitate benchmarking using a global library of contracts, and reduce negotiation timelines.
    • Emerging payment models, such as outcome-linked annuity systems, spread financial risk and align incentives over time.
    • Governed registries and external audit structures can help build trust and compliance, offering visible oversight while addressing privacy and governance require-
    • Cross-country collaboration and standard-setting bodies can promote shared data standards, aligned endpoints, and streamlined implementation pathways.

    In conclusion, the integration of technology into OBP models represents a significant opportunity to improve access, transparency, and sustainability in the financing of orphan drugs. As demonstrated through the use of platforms such as Valtermed in Spain and Lyfegen internationally, digital tools are increasingly capable of addressing the uncertainty and complexity that often surround rare disease treatments. These technologies enable the systematic collection of real-world outcomes, support the design and monitoring of risk-sharing agreements, and enhance collaboration among stakeholders.

    However, this evolution is not without its challenges. Issues related to data interoperability, administrative burden, legal frameworks, and financial structures continue to limit the scalability of OBP models. Yet, as healthcare systems gain experience and invest in digital infrastructure, many of these barriers are becoming more manageable. Furthermore, the growing use of mobile health applications offers a promising frontier for patient engagement and long- term monitoring, especially in rare diseases where data is traditionally scarce.

    Ultimately, realizing the full poten- tial of OBP in rare diseases will require continued cross-sector collaboration, regulatory flexibility, and investment in scalable digital ecosystems. Technology is not the solution in itself, but it is a critical enabler of a more adaptive, patient-centered model of drug reimbursement.

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    EU PARLIAMENT TO EXTEND NEW MEDICINE DATA PROTECTION TO 7.5 YEARS

    The European Union is undergoing its most significant overhaul of pharmaceutical legislation in over two decades, a transformation that carries major implications
    for orphan drugs and rare diseases. On June 4, 2025, the Council of the European Union adopted its official position on what is known as the “pharma package”, a sweeping reform designed to modernize the existing regulatory framework of medicines in Europe.

    At the heart of the package is a revision of core legislation, including Regulation 726/2004, Directive 2001/83/ EC, and orphan and pediatric regulations (EC 141/2000
    and 1901/2006). The objectives are multi‑layered:

    • To ensure equitable and timely access to safe, effective, and affordable medicines across all EU member states.
    • To strengthen supply chain resilience, addressing medicine shortages.
    • To modernize regulatory processes to accommodate innovation.
    • To redesign incentives for orphan and pediatric medicines.

    Key elements of the Council’s position affecting rare diseases include the following:

    • Maintaining an eight‑year baseline of regulatory data protection, while proposing a reduced one‑year additional market exclusivity (down from the current two) for products that meet high unmet medical needs or reach broader market adoption.
    • The orphan drug exclusivity period remains at nine years but can be extended to eleven years if the product addresses significant clinical gaps.
    • Introducing a Member State right to require companies to supply sufficient product to meet national patient needs, a move aimed at preventing local shortages or uneven distribution.

    Importantly, the European Parliament had earlier endorsed amendments, such as a baseline of 7.5 years of data protection extendable under certain conditions, and retention of an explicit reference to orphan medicines within the PRIME scientific support scheme—
    but these were more ambitious and have since been modified in Council negotiations. Patient groups like EURORDIS have welcomed some elements while urging restoration of orphan‑specific support provisions to maintain momentum in addressing unmet needs.

    With the Council’s position now finalized, the trilogue negotiation phase between the European Parliament, Council, and European Commission is underway. The
    outcome of these negotiations in the coming months will determine the final legislative text to shape access and development of therapies for rare and paediatric diseases across the EU.

    This reform is arguably the most important legislative development in EU rare disease policy, because it extends beyond orphan‑specific rules and reconfigures the entire pharmaceutical environment to prioritize innovation, accessibility, equity, and sustainability.
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    EU EXPERT GROUP ESTABLISHED FOR PEDIATRIC AND RARE DISEASE DEVICES

    In July 2025, the European Commission published a regulation that establishes a new expert panel on medical devices focused on pediatrics and rare diseases. The measure was supported by many organizations and patient groups in the EU, who expressed hope that the panels would encourage the development of more devices to treat the pediatric population.The panel will provide scientific, technical, and clinical opinions to support the development of medical devices intended for small size patient populations, such as patients with a rare disease.

    The European Medicines Agency (EMA) currently has 11 expert panels that offer scientific and technical expertise for evaluating medical devices under the Medical Device Regulations and the In Vitro Diagnostic Medical Device Regulations. This new expert panel will become the twelfth.

    According to the EMA, the expert panels have several responsibilities: to provide their perspectives on the performance evaluation of high-risk in vitro diagnostic medical devices, to advise the Medical Device Coordination Group (MDCG) and the European Commission on the safety and effectiveness of medical devices and in vitro diagnostic medical devices, and encourage Member States, manufacturers, and notified bodies to consider various scientific
    and technical matters.

    MedTech Europe said it “welcomes the expansion of the expert panels’ scope to include a dedicated panel for paediatrics and rare diseases…. Overall this is a very welcome initiative, especially in light of the serious challenges posed by MDR and IVDR implementation, which have already contributed to the discontinuation of life-saving devices across multiple
    areas of healthcare, particularly in low-volume or high-need contexts such as paediatrics and rare diseases.”

    EURORDIS, a non-profit alliance of over 1,000 organisations representing rare disease patients, also voiced its approval of the initiative. “There is broad backing for the creation of a specialised panel focused on orphan and paediatric medical devices. At present, very few devices are designed specifically for rare diseases or children, yet they are vital tools for patients, their families, and healthcare providers dealing with complex and uncommon conditions.”
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